Sábado 18 de Febrero de 2012
Steel Metal Bar, San Luis Potosí.
In Devotum, Wish in the Silence, The Legion of Hetheria, Fortaleza.
Hasta la noche de anoche, yo creía que nada peor existía en este valle de lágrimas que ser el único sobrio entre un grupo de consabidos borrachos (situación que por equis o por ye tuve qué atravesar alguna vez y que espero no tener qué repetir jamás). Pero sí lo hay: es peor ser el único con la garganta cerrada en un concierto donde participan dos bandas cuyas canciones conoces casi de cabo a rabo. Y es que no es muy buena idea acudir a un evento de tal naturaleza cargando una vivaracha resaca de gripe, pero ni modo que la dejara en casa, así que acudí de todos modos. Finalmente, con todo y gripe, cuatro bandas de metal gótico son un buen pretexto para sentarse a beber un par de cervezas mientras se observa la euforia de los que sí están en condiciones físicas de brincotear y pegar alaridos. Bien por ellos.
La cosa empezó puntualita a las diez de la noche, con unos In Devotum más desenvueltos que la última vez que me tocó escucharlos. Aún cuando el sonido de esta banda todavía se pierde un poco entre la mezcla de influencias que seguramente tienen, sería injusto decir que son un mal grupo. Al contrario: lo que hacen lo hacen muy bien, sencillamente creo que su propuesta se encuentra en pleno proceso de maduración, de encontrar ese "algo" que distinga su sonido a la primera. Siempre es agradable escuchar a In Devotum, y anoche no fue la excepción. Es más: estoy firmemente convencido de que se merecían muchos más aplausos de los que el todavía disgregado público fue capaz de regalar.
En un principio, me pregunté si tales ideas respecto a In Devotum serían realmente una visión acertada de las cosas, pero no tardé mucho en confirmarlo, específicamente cuando los también potosinos Wish in the Silence subieron a escena. Yo no estaba precisamente expectante por volver a verlos, quizá justamente por saber que suelen desempeñarse con rigurosa pulcritud, pero he de confesar que en cuanto iniciaron consiguieron atraer mi total atención: abrieron con un cover al Kronos Quartet, una pieza de la banda sonora de "Requiem for a Dream", original de Clint Mansell, con lo que dejaron entrever que tanto sus influencias como sus aspiraciones van más allá de los referentes habituales en el metal gótico. Continuaron con canciones originales, pero el extraño influjo del tema inicial parecía haberse apoderado de todas ellas: la atmósfera se volvió un poquito más ceremoniosa, y su música sonaba más "personal". A eso me refería precisamente en el párrafo anterior: el trabajo de Wish in the Silence está dando pasos firmes y seguros camino a una identidad que parece estar terminando de dibujarse. Lástima que su presentación haya sido tan breve.
Lo que enseguida tuvo lugar fue una suerte de intermedio bastante bizarro que incluyó algo similar a una pasarela de ropa "gótica". Cinco chicas desfilaban de aquí para allá sobre el escenario, y aunque se trató de un espectáculo agradable a la vista y que pareció divertido al principio, probablemente se alargó más de lo prudente. No sé de quién fue idea, pero definitivamente resultó, digamos... "curioso".
Si el amable lector ha tenido la fortuna de hojear alguna vez las páginas de "Los versos satánicos", la polémica novela del escritor de origen indio Salman Rushdie, probablemente recuerde a un personaje llamado Saladin Chamcha: el histrión, el autollamado cosmopolita, el hombre de las mil voces. Pues con esas mismas características salió a escena Rick Loera y compañía: The Legion of Hetheria nuevamente asaltaba San Luis con su ya conocida fusión de estilos, voces y talentos. Esta banda sabe interactuar con su público, de eso no cabe duda, y parece que disfrutan enormemente cada vez que se suben a un escenario: juegan con soltura al mito del rockstar pero sin abandonar jamás su actitud sencilla y casi divertida. Hetheria ya hace un buen tiempo que dijo "vanguardia": tanto sus canciones como sus shows son cada vez más una progresión de estilos que ya no se definen con la facilidad de los tiempos de "The Gate", su primer disco de hace casi diez años. Lo mismo les vimos doom que variantes modernas de metal, y cada una de dichas caras fue gesticulada con el mismo deleite por el Chamcha de esta joven agrupación (líder indiscutible de Hetheria) y su avispada soprano. Las piezas de "Neutra" dominaron su presentación, pero igual hubo sitio para temas como "Forever forgotten" o "Spiritual deceive", y hasta para un audaz encore que llegó de la mano de "To mega therion". Quizás The Legion of Hetheria son de las pocas agrupaciones mexicanas que pueden interpretar ese himno con absoluta dignidad y harto respeto. Y claro, los asistentes supieron festejarlo.
Entonces llegó el momento por el que decidí salir esa noche con todo y enfermedad: la primera vez que Fortaleza se presentaría en San Luis Potosí, y además con su flamante nueva vocalista. Este humilde apicultor resolvió entonces ponerse de pie para esperar a que el puente levadizo se tendiera para ofrecernos el acceso a sus míticas entrañas. Y con la fuerza de muros enormes que resisten el embate de las olas del mar, la fortaleza se erigió briosa, sólida, férrea: el sonido de casi diez años de experiencia. Acaso la bella frontwoman se mostraba nerviosa de cuando en cuando, lo que la llevó a equivocarse en un par de canciones, pero al amparo de los fuertes muros que la respaldaban, consiguió sobreponerse y alzar su guerrero puño con determinación. Iniciaron con "El ojo de la tormenta", de cuya amenaza Ariana supo resguardarnos con cuidado, para luego transportarnos a historias de tragedia y esperanza con "Fausto" y "La mano del hombre" (con sus atinadas referencias a la ya clásica carta del jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos). El México de leyenda se hizo presente con "La Mulata" y "La leyenda del Tajín", y tampoco perdieron ocasión de presentarnos un tema nuevo, adelanto de un nuevo trabajo que se antoja más que interesante. El "Réquiem" y el sollozo de un "Ángel eterno" dieron fin a su corto acto, que a la postre fue el único defecto del concierto. Hubo tiempo para un encore en el que la gente reclamaba "La condesa" (si yo hubiera podido gritar, también la habría pedido), pero que por alguna inexplicable razón consistió en "A cada suspiro tuyo", lo que me hace pensar que después de todo ese fue otro defecto del show, pues muchos esperábamos escuchar aquel épico tema como cierre. Ni modo, supongo que no se le puede dar gusto a todo el mundo, y de todas formas el placer de haber constatado la potencia de estos veracruzanos en directo fue una experiencia verdaderamente refrescante. Se avecina una nueva era para Fortaleza, eso es fácil de pronosticar cuando se escuchan los viejos temas en la juvenil voz de Ariana, y como alguna vez lo dije en este mismo espacio, sólo nos queda esperar para oír con detenimiento. Por lo pronto, el concierto de esa noche me ha dejado tranquilo con respecto a la agrupación, pues efectivamente siguen en el sendero que los ha llevado a desafiar con bravura cualquier inclemencia, y cuando esa capacidad encuentra eco en la música, es para agradecerse y aplaudirse de pie. Bravo, Fortaleza.
Irónicamente, yo me sentía más débil que nunca, así que no tuve más remedio que regresar a mi gripienta realidad, ansioso por volver a casa, acurrucarme y dormir a pierna suelta. Pero esa ya es otra historia, una que no me interesa contar y que no creo que a nadie le interese leer. Así que supongo que por el momento eso es todo. Hasta la próxima.