viernes, 12 de abril de 2019

0+14 RAZONES PARA ESCUCHAR EL ÁLBUM DEBUT DE BILLIE EILISH




0. WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?
Porque los discos de pop adolescente no suelen estar inspirados por los trastornos del sueño, y tampoco tienen portadas tan perturbadoras.

1. !!!!!!!
Porque va directo al clímax, evitando protocolos. Una simple advertencia de cortesía y ya no hay marcha atrás. Como cuando se te sube el muerto: no avisa, se deja caer así nomás, burlón y repentino.

2. BAD GUY
Porque traduce los berrinches, la arrogancia y la indiferencia adolescente en sonidos reptantes que caen pesados, pero se desdibujan apenas tocan el suelo. Como los adolescentes mismos: poderosos, pero inseguros.

3. XANNY
Porque tiene convicciones frágiles, enternecedoras, que tiemblan pero se sostienen como un susurro a mitad de la fiesta. Straight edge para millenials. Con miedo, pero con ovarios.

4. YOU SHOULD SEE ME IN A CROWN
Porque tiene un potente contradiscurso ante la falsa modestia; uno que crece con el orgullo y la voracidad de los terrores nocturnos. Soberbio e irresistible.

5. ALL THE GOOD GIRLS GO TO HELL
Porque abraza con distimia los clichés de la chica mala, para entregar líneas preformuladas pero sagaces como “my lucifer is lonely”. Y porque feminiza la figura de dios. Recursos como esos no lucían tan bien en un álbum de pop desde los tiempos del “Boys for Pele” de Tori Amos.

6. WISH YOU WERE GAY
Porque es un producto inevitable de su tiempo, y víctima del mismo. Pero sabe que su momento histórico es posible gracias al pasado, y le rinde tributo con atmósferas de terciopelo azul y paredes de humo de tabaco.

7. WHEN THE PARTY’S OVER
Porque conoce la elocuencia de una buena armonía vocal y un arreglo casi desnudo. No importa si se lo aprendió a Lorde antes que a la tradición del gran cancionero americano. Quedan muchos años para explotar el aprendizaje.

8. 8
Porque hace espacio para texturas inesperadas. No son novedosas e incluso pueden ser chocantes, pero esa es, justamente, la lógica de los sueños: de los buenos y de los malos.

9. MY STRANGE ADDICTION
Porque no se decide entre la seducción torpe, el juego de poder o la flojera de lidiar con ambos. Y ante la imposibilidad de resolver el conflicto, deja el asunto en manos del escucha, ahora devenido interlocutor. De todos modos, no importa lo que se decida: ella ya se fue a la siguiente canción.

10. BURY A FRIEND
Porque entiende a su manera el concepto de pop industrial. Porque el de dark cabaret tal vez ni siquiera lo conoce, pero lo propone con el entusiasmo inocente y casi puro de quien se enfrenta por vez primera a lo desconocido.

11. ILOMILO
Porque es una fantasmagoría de bits imperfectos, una creepypasta que se materializa a través de los audífonos, un reto viral de esos que se salen de control.

12. LISTEN BEFORE I GO
Porque tiene tiempo para fantasías suicidas, a la manera de los viejos romances noir. Porque en un descuido, hasta se alcanza a escuchar el eco del cine de los 1940s.

13. I LOVE YOU
Porque a mitad del desencanto, de la máscara, del capricho facilón, de los dramas posmodernos, del desmoronamiento, la deconstrucción y la reconstrucción hauntológica, siempre hay un espacio para el puto amor.

14. GOODBYE
Porque tiene conciencia de que su permanencia es limitada. Porque sabe que al abrir los ojos, la elaboración onírica se evapora. Y no lo lamenta: lo afronta. Ofrece lo que ofrece y se despide… ¿pero de verdad se va? Eso sólo lo sabremos en la siguiente pesadilla colectiva. Mientras tanto: bienvenida, Billie.


BILLIE EILISH:
When we all fall asleep, where do we go?
Interscope, 2019


domingo, 4 de noviembre de 2018

GARBAGE EN QUERÉTARO: 20 YEARS PARANOID




20 Years Paranoid Tour
Miércoles 31 de octubre de 2018
Auditorio Josefa Ortiz
Querétaro

A veces exagero. Pero no esta vez. De verdad: llevaba veinte años esperando este concierto. Cuando se publicó Version 2.0, allá en el 1998, este humilde apicultor contaba apenas catorce años de mísera existencia. A esa edad y viviendo en una ciudad de provincia, era prácticamente imposible que pudiera asistir a un concierto de Garbage. La banda ya me había cautivado sobremanera con su álbum homónimo, pero fue su segundo opus el que terminó de volarme la cabeza. Fue mi disco de adolescencia. Lo tuve en casete y posteriormente en CD. Me acabé la cinta en infinitas tardes de escucha a todo volumen, hasta que todos en la casa se hartaban. Entonces tomaba mis walkman y continuaba el ritual en la privacidad de los audífonos. Lo llevaba diariamente en mi camino a la escuela y de regreso. Tuve un romance apasionado con cada una de sus canciones y sí, también con muchas de sus caras B, que me empeñaba en buscar desenfrenadamente en una época en que el internet no ofrecía las bondades de una descarga a un clic de distancia y mucho menos de un servicio de streaming. Pasaron los años, pasaron más bandas y llegó el Beautifulgarbage. Pasó la fase apasionada, pero nunca el cariño. Luego vendrían, cada tantos años, nuevos discos de la Manson y compañía, y aunque todos ellos son, a la fecha, piezas consentidas entre la fonoteca de quien esto escribe, ninguno volvió a tener el impacto emocional que significó en su momento Version 2.0.

Luego, en 2015, la banda basura anuncia una gira de aniversario para celebrar el cumpleaños de su disco debut. No mamar. Ya habían pasado 20 años. Leo la nota y me cruza por la cabeza la ligera idea de que tres años después, en 2018, hagan lo mismo con mi disco consentido. La idea se esfuma y nada más sucede. Hasta que llega 2018. Y sí: se anuncia la gira. Y sí: pasará por México. Elijo fecha: el evento de Querétaro me queda perfecto.

31 de octubre. Halloween. Viajamos dos horas y llegamos temprano a la ciudad. Tenemos la intención de entrar a un maratón de películas de terror antes del concierto, pero se nos atraviesa uno de los bares más antiguos de la capital. No se puede simplemente ignorar un sitio que lleva 120 años en pie, así que decidimos detenernos a beber. La tarde se evapora como el mezcal. El show está anunciado para las nueve de la noche y llegamos puntuales. El teatro tiene capacidad para más de cinco mil personas, pero esa noche apenas se ocupa la mitad de las localidades. No importa: la gente está de fiesta (¡hey! ¡es Halloween!). Puedo notar que muchos estamos ahí por los mismos motivos. Más allá de lo que significa la carrera de la banda, la celebración de un álbum icónico parece ser el denominador común a los intereses de los presentes. A las nueve en punto una banda local inicia con su ingrata labor: abrir los ánimos. La gente sigue llegando, sigue comprando playeras, sigue surtiéndose de bebidas. La banda es ignorada por una aplastante mayoría que no es grosera pero tampoco parece especialmente interesada en escuchar. Hasta que a las nueve treinta, puntuales, se apagan las luces. El escenario es sobrio: cuatro barras verticales de luz neón flanquean los costados, y unas más en horizontal decoran el desnivel donde reposa la batería. La banda sale a escena sin aspavientos: serios, decididos. Contra todo pronóstico, no arrancan con un hit. "Afterglow" es la encargada de inaugurar el show, entre el aullido colectivo del público. Shirley Manson luce una playera blanca y unas medias de red. Lleva el rojo cabello recogido hacia arriba en un mechón espigado, y una franja de maquillaje negro atraviesa sus ojos de sien a sien. Y su voz es espectacular. Potente. Precisa. La interacción con el público aparece después de un par de canciones más, pero cuando ocurre, no podemos sino caer rendidos. La Manson es afable, cariñosa, casi tierna. Se muestra entusiasmada por la fecha (¡hey! ¡es Halloween!) y por el próximo Día de Muertos. Entre el público hay algunos disfraces. La cantante presenta formalmente el evento y lamenta no hablar más español fuera del "muchas gracias cuere-taro". Pero nadie quiere que hable español. Queremos más de su acento escocés. Los temas van cayendo uno a uno, en un orden caprichoso que desafía la pericia de los asistentes para ir identificando cada pieza. Los gritos, los saltos y los puños en el aire no dejan de aparecer cada que se elevan los riffs más populares, deliberadamente fieles a las versiones de estudio. "Temptation waits" arranca un coro ensordecedor que se continúa cuando aparece "Wicked ways". A mitad de la rola, aparece un snippet de "Personal Jesus" y la locura crece. Duke Erikson y Steve Marker se mueven discretos entre cambios de bajos, guitarras y teclados. No vino Butch Vig. La Manson ríe y corre por el escenario: es enérgica. Sabe que su presencia impone y que cada movimiento suyo puede generar exactamente la respuesta que desea de parte del público. Y desde el escenario nos dirige: se notan los años de experiencia. Se mueve desinhibida y jamás desatiende a ninguna de las secciones del auditorio. Brinca, se arrastra, seduce. Ora dirige palabras cariñosas, ora se levanta la playera y se agacha para mostrar el culo, ora juega con el teclado que manipula Marker. Es Shirley Manson, carajo.

El orden de los temas permite momentos de auténtico escalofrío sereno como en "The world is not enough" o "Medication". También es posible detectar la curiosidad del público ante la presencia de canciones menos conocidas de la época del Version 2.0 ("Get busy with the fizzy", o "13x forever", por citar sólo un par). La Manson disfruta presentando los temas raros, a sabiendas de que no todos los están esperando. Pero igual son recibidos con entusiasmo. Y cómo no, cuando nuestra anfitriona apuesta a que de todos modos nos van a gustar, porque los temas son freaks y porque nosotros somos freaks. Así nos llama: "freaks". Y aceptamos el mote. Hay momentos de desenfreno con "Hammering in my head" y también momentos particularmente emotivos, como cuando suena "Thirteen", el cover a Big Star, seguido de "Can't seem to make you mine", con unas guitarras reverberantes que se expanden en olas de ecos y feedback. Igualmente, hay auténticas explosiones de ímpetu con "I think I'm paranoid", "Dumb" o la seductora "Sleep together". Posteriormente, otro episodio es ampliamente celebrado cuando Shirley fija su postura ante las políticas gubernamentales de EUA, la discriminación y la intolerancia. Habla con firmeza. Celebra la diversidad racial, de género y sexual, y presenta la enorme "Soldier through this", que adquiere una carga especialmente subversiva. El show cierra con la potencia de "Lick the pavement", "Push it" y la celebradísima "When I grow up"; mas una apoteósica "You look so fine" (con snippet de "Dreams", de Fleetwood Mac), cuyo intenso outro de guitarra rítmica es ejecutado por la misma Shirley.

La banda se despide y el público pide encore. Cuando los músicos regresan a escena, todo el potencial estremecedor de "The trick is to keep breathing" se eleva a la N potencia al ser presentada por una empática Shirley Manson como una muestra de solidaridad a todos los presentes: "Si te sientes mal, recuerda que estoy cantando esto para ti", dice ella, y la solemnidad reina mientras la banda toca. Cuando parece que todo ha terminado, un nuevo comentario enciende los ánimos: "No quiero que la noche termine. No íbamos a tocar esto para ustedes, pero fuck it". Y la sorpresa es mayúscula: "Only happy when it rains" vuelve a llevar al límite las gargantas de los presentes. Y entonces sí, como punto final, un gesto más de afecto solidario, dirigido esta vez a la comunidad LGBTTTIQ (sí, la Manson pronunció TODAS las siglas) y arropado por un mensaje claro y directo: "siempre estaremos con ustedes, siempre los defenderemos, los amamos". La cereza del pastel (nunca mejor dicho) es "Cherry lips". Más puños en alto, más brincos y el estruendo de cientos de "go baby, go baby" son el colofón perfecto para una noche de pura celebración freak.

Dos horas de música en total. Mucho sudor. La garganta caliente e irritada. Y la satisfacción de haber cumplido con una deuda personal que tardó veinte años en ser saldada. Salimos de vuelta a la noche y nos disgregamos hacia rumbos diferentes: camino de regreso a mi hotel, aún con retumbos en el pecho. Unas cuantas gotas de lluvia empiezan a bajar y me sorprendo tarareando uno de mis coros favoritos de los 1990s: "Im only happy when it rains...". Sonrío y pienso: "¡Demonios! ¡Es mi mejor puto concierto en mucho, mucho tiempo!"

Setlist:

1. Afterglow
2. Deadwood
3. Temptation waits
4. Wicked ways
5. Special
6. The world is not enough
7. 13x forever
8. Get busy with the fizzy
9. Hammering in my head
10. Medication
11. Thirteen
12. Can't seem to make you mine
13. I think I'm paranoid
14. Sleep together
15. Dumb
16. Soldier through this
17. Lick the pavement
18. Push it
19. When I grow up
20. You look so fine

Encore:

21. The trick is to keep breathing
22. Only happy when it rains
23. Cherry lips (Go, baby, go!)


miércoles, 25 de julio de 2018

CATU KUÁ: "Que vengan los pájaros" (2018)




A Carolina Restuccia (voz, alma y cerebro principal de Catu Kuá) le funcionó la invocación: vinieron los pájaros y, la montaña, estatua de tierra, le dio la altura necesaria para grabar un álbum fenomenal. "Que vengan los pájaros" es una obra que parece bendecida por las fuerzas de la naturaleza en un afortunado juego de yin-yang. El disco está elaborado con aleteos de guitarras imaginativas, cuyas figuras se suceden con la indómita armonía de lo natural; sus cuerdas elevan gorjeos eléctricos y gozan de una libertad creativa que pocas veces se escucha en la música actual (herencia, probablemente, del rock en oposición, tan presente en la vida artística de Restuccia). Y claro, para darle un escenario oportuno a tan esplendoroso vuelo, están las montañas que circundan el espectáculo, que crean bases rítmicas altas, potentes, que acogen las melodías y tonifican su encanto primordial.

Y en medio, la conciencia de una voz que honra a los elementos convocados y los reconoce desde las primeras palabras del álbum: "ante la noche hay un respeto". Y es que no sólo la música: también las palabras, la voz, juegan un rol decisivo para entender "Que vengan los pájaros" como un disco que se inspira en la naturaleza, y que al mismo tiempo le prodiga una profunda admiración. Incluso se podría decir que el elemento natural es uno de los leitmotivs del álbum (escúchense, si no, las maravillosas "Mueca", "Voz madre", o "Ñuke nag mapu"), junto a tópicos como lo divino y lo humano ("El silbido", "Ojos que no ven"), siempre como parte de un Todo misterioso e inasequible al entendimiento racional. De ahí que las letras recurran frecuentemente a las preguntas retóricas o al uso de arquetipos para su desarrollo.

Pero ante todo (y tal vez esto sea lo más importante), "Que vengan los pájaros" es un álbum de rock alucinante. Pese a su complejidad musical y discursiva, es un disco que se puede escuchar bien alto, sin mayores pretensiones que disfrutar de su desplante emocional a lo largo de poco más de 34 minutos, por el puro gusto de vibrar con su energía de guitarras fuertes y melodías cantables. Si usted, amable lector, ya conocía el primer disco de Catu Kuá (el fantástico "Lomas", de 2013), entonces me atrevo a pronosticar que esta nueva entrega superará con creces sus expectativas. Y para los recién llegados, ojalá que esto sea un buen pretexto para descubrir a una de las voces femeninas más interesantes en el panorama del rock latinoamericano actual.

¡Que vengan, pues, los pájaros!

(Bandcamp oficial: https://catukua.bandcamp.com/)

lunes, 9 de julio de 2018

THIS IS THE NOISE THAT KEEPS ME AWAKE (Garbage + Jason Cohen, 2017)




Esta es basura de la buena. La historia de la banda que empezó como "tres productores y una muchacha", y su camino hasta confirmarse como uno de los actos más sólidos y respetables del rock contemporáneo. "This is the noise that keeps me awake" (linea tomada de la canción "Push it", perteneciente al álbum "Versión 2.0") es un sabroso relato cronológico que incluye revelaciones, aventuras, desventuras, éxitos, pleitos, diversión y harto, harto rocanrol. En otras palabras, es todo lo que se espera de una buena autobiografía. El relato ha sido escrito por el periodista Jason Cohen, y está aderezado con las intervenciones y comentarios de los propios integrantes de Garbage, quienes no escatiman en detalles a la hora de soltar la sopa desde la formación del proyecto, la grabación de cada uno de sus álbumes de estudio (De "Garbage", de 1995, a "Strange little birds", de 2016), las giras, los conflictos entre integrantes y con las disqueras, hasta la creación de su propio sello, el impacto de la banda en sus vidas personales, e incluso dos o tres indiscreciones que involucran nombrecillos bien conocidos en eso del rock business.

Por supuesto, hablar de Garbage es hablar de una agrupación a la que siempre le ha gustado cuidar los detalles, el aspecto visual y, sobre todo, mantener una actitud darkie pero cool, así que no podíamos esperar menos que una edición de puro agasajo visual: encuadernación en pasta dura, impresión a todo color en papel brillante, bordes coloreados en rosa, decenas de fotos inéditas y secciones divertidísimas intercaladas entre el relato, tales como anécdotas paralelas al periodo documentado o las alcohólicas y muy útiles "rock and roll cocktail recipes". También se incluyen documentos interesantes como cartas, notas a mano, setlists, flyers y boletos de conciertos. Y claro, para el fan obsesivo y el aficionado a los datos precisos, también se ofrecen listas de videografía, bandas alternas de los integrantes, total de singles lanzados, o el historial completo de conciertos, entre otras maravillas.

Pero probablemente lo que más destaca del libro es su estilo ameno: a pesar de que en la vida de la agrupación hay altibajos y momentos amargos, el texto jamás cae en cursilerías o en dramas innecesarios: hay segmentos que conmueven por su cruda honestidad, sí, pero en esencia esto es un relato de rocanrol y, como tal, es enérgico, visceral y vertiginoso. Es fácil de leerse y de disfrutarse, y aunque definitivamente es una publicación dirigida a fans, también puede ser valorada por cualquiera que disfrute con el viejo romance del rock a altos decibelios. Esto es basura de la buena: el ruido perfecto para mantenerse despierto.


THIS IS THE NOISE THAT KEEPS ME AWAKE.
Garbage + Jason Cohen.
Akashic Books. EEUU, 2017.
208 páginas.

viernes, 29 de junio de 2018

LETICIA SERVÍN: "La Fiera Borrasca" (2018)




Una de las mayores bondades del arte, es que permite crear puentes de comunicación que desafían las barreras del tiempo. A través de la expresión artística se posibilita el encuentro y se abre el diálogo entre almas inquietas, acostumbradas a hablar a través de sus creaciones. Es de esta manera que los versos de Sor Juana Inés de la Cruz encontraron una resonancia muy particular, a través de más de trescientos años de distancia, en el entendimiento ("sírvame alguna vez de descanso") de Leticia Servín, cuya atenta sensibilidad ha sido capaz de aprovechar el mensaje y proceder con la sabiduría necesaria para iniciar la conversación. Porque eso es lo que hace Servín en este disco: más que un mero ejercicio de transcreación o poesía musicalizada, "La Fiera Borrasca" es una conmovedora (y siempre respetuosa) charla entre la más grande poetisa en la historia de nuestro país y el espíritu cariñoso de la cantautora. Y por supuesto, dicha conversación es, como la nebulosa que adorna la portada del álbum, una mística coreografía de posibilidades infinitas. Podríamos entender a "La Fiera Borrasca" como un intercambio de ofrendas: Sor Juana, con sus versos celestiales de carácter divino, y Servín, con su dádiva de tierra fértil, audible. El fruto resultante es de una belleza extraña, como una flor en el espacio.

Probablemente el término "folclore sicodélico" sirva como aproximación para describir los sonidos que Servín desarrolla en los casi 45 minutos del disco. Con una dotación instrumental sumamente familiar a la canción latinoamericana, el estilo compositivo se mueve entre la tradición del corrido, el son o la música de banda oaxaqueña, pero con arreglos de inspiración progresiva que remiten a las corrientes experimentales de los 1970s; y aunque domina lo acústico, llama la atención la forma en que las canciones saben aproximarse al rock (que no es para nada ajeno a Leticia Servín), el blues o el cabaret. El álbum es tan fértil en sus detalles que bien vale la pena un par de escuchas con audífonos, para percibir mejor el repertorio de percusiones y cuerdas; además, aquellos que estén familiarizados con el trabajo de Servín, podrán notar cómo la cantante expande su técnica vocal hacia territorios diferentes: los ornamentos, coros y arreglos empleados aquí, visten a las canciones con texturas más sofisticadas.

Con "La Fiera Borrasca", Leticia Servín ha dado un paso gigantesco en su carrera: tras varios álbumes donde ya se había mostrado como una letrista hábil y cuidadosa con las palabras, esta vez nos ha regalado un real homenaje a la poesía misma. No estoy seguro de que debamos interpretar este trabajo como un gesto de gratitud a la influencia de Sor Juana, pero en todo caso, la cortesía ha sido manifestada por ambas mujeres en un encuentro democrático que respeta el lugar de cada una, pues ni el soberbio resplandor de la Décima Musa ha abarrocado innecesariamente las melodías de Servín, ni el acercamiento afable de esta última ha sido invasivo con los versos originales. Lo que se escucha es lo que es: una flor nueva y amorosa que brota en el espacio exterior.

Uno de los mejores discos homenaje realizados en mucho tiempo en nuestro país. Imperdible.


martes, 26 de junio de 2018

ZEAL & ARDOR: "Stranger Fruit" (2018)




No es lo mismo ser atemporal que depender del tiempo para ganarte un lugar. Lo primero es una virtud, lo segundo es una condena incierta que algunos se ganan por querer pasarse de listillos. Este es el caso del más reciente disco de Zeal & Ardor (o lo que es lo mismo, un señor inquieto llamado Manuel Gagneux), el agridulce "Stranger Fruit". Le he dado varias vueltas: me gusta. De hecho, me encanta. Suena genial. Quiero engrandecerlo como lo hacen sus fans, pero no puedo: Zeal & Ardor es una ocurrencia maravillosa, pero incapaz de plantear ideas suficientemente sólidas. ¿Meter en la misma licuadora black metal (incluidos sus derivados post) y ritmos negros estadounidenses es una buena puntada? ¡Joder! ¡Es brutalmente buena! La prueba la tenemos en el álbum anterior, "Devil is Fine", de 2016, que brilla endemoniadamente porque exprime la fórmula y le extrae todas las bondades de la ficción narrativa. Y por supuesto, en "Stranger Fruit" sigue presente la malvada fusión (si hay un género musical más diabólico que el black metal, ese es el blues rural) llena de ingredientes gospelianos, souleros y atiborrados del formato call & response. "Servants", por ejemplo, es una rola enorme. O "Don't you dare", cuya mántrica línea central da miedo. O "Row row" y su visceral sismo de stomps y... así podríamos seguir. La bronca es que Gagneux, con todo y sus buenas intenciones (las musicales, porque las conceptuales son bastante marrulleras), ha caído en su propia trampa. Si vas a jugar con el black metal, debes cuidarte de no ser arrastrado por su maldición, o al final terminarás creyendo que lo tuyo es más solemne de lo que es en realidad. Y ese es el gran error de esta frutilla.

Intentar nuevas fusiones musicales no es una cosa cualquiera: se corre el riesgo de caer en el ridículo. Pero cuando se consigue una combinación interesante, hay que saber manejarla con prudencia para evitar que sus implicaciones te aplasten. Por eso este álbum no alcanza a cuajar: porque su autor no pudo con el bagaje ideológico y sociopolítico del discurso que eligió (tal vez si fuese un disco instrumental, o con voces pero sin letras, o con un concepto creativo menos soberbio como en el citado "Devil is Fine"). Las letras e intenciones aquí pretender tomar bandera y levantar una voz con resonancia política, pero no lo consiguen... es más: ni siquiera son creíbles. Con toda probabilidad, el lector conocerá aquel estremecedor tema de los años 40 del siglo pasado, que hiciera famoso Billie Holiday y que lleva por nombre, justamente, "Strange fruit". En dicha pieza se narran de manera escalofriante los linchamientos de personas de raza negra en el sur de los Estados Unidos: cuerpos que colgaban de los árboles "como fruta extraña". Histórica y estéticamente, la canción (y la estremecedora interpretación de la Holiday, por supuesto) es un parteaguas. Es cosa seria, vamos, algo que hay que saber dimensionar. Y de pronto, más de setenta años después, llega un señor con ganas de reinventar dos corrientes musicales que han estado tremendamente ligadas a la política internacional (porque del black metal ni hablamos ¿verdad?) y decide emparentar simbólicamente su capricho con aquel fenómeno. Así nomás, de güevos. Pos no, no mamar. Por eso el álbum es ofensivo y risible a partes iguales: porque no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que esto no es ni será bandera de nada. No es una denuncia real, y es más: temo preguntarme si el motor de indignación a la hora de componer puede ser igualmente cuestionable. Allá Gagneux, con su ética y su estética.

En honor a la verdad, el disco no es la basura que pretenden sus detractores, pero definitivamente tampoco es la panacea que quieren sus seguidores. Es simplemente un álbum de rock emocionante y creativo, con un sonido impecable pero un entendimiento lamentable. Es enérgico, sí, pero un poco tonto. Y no, ni siquiera en ese sentido es "extraño": es, más bien, tramposo. Lástima, Gagneux, la ocurrencia era muy buena, pero quizá te sirva estudiar un poco más a los Algiers para comprender cómo el rock puede abordar fenomenologías sociales (incluido el racismo) desde una aproximación contemporánea, rabiosa e inteligente, pero lo más importante: VERDADERA. Porque no: Zeal & Ardor no es Erskine Caldwell... ¡y joder! ¡NO ES una fruta "más extraña"!

"Stranger Fruit" pudo ser un gran contendiente a disco del año, pero tendrá que conformarse con ser el del título más arrogante. Y por lo demás, que el tiempo le dé su lugar.


lunes, 4 de junio de 2018

THERION EN SAN LUIS POTOSÍ





Domingo 3 de junio de 2018
Teatro de la Ciudad, Parque Tangamanga I
San Luis Potosí, S.L.P.


Una tarde soleada es un preludio perfecto para recibir a la Gran Bestia. La temperatura es agradable y el Teatro de la Ciudad —rodeado de árboles y techado con la frescura de un cielo azul-cada-vez-más-negro-y-estrellado— ofrece un entorno inmejorable para que retumbe la música. Los asistentes se pasean frente al escenario, impacientes, bebiendo cerveza para hacer más corto el tiempo. Algunos visitan el stand de mercancía en busca de playeras conmemorativas, portagafetes, vasos. Otros esperan sentados, observando sus teléfonos, pendientes del reloj. El ambiente es festivo, amable. La convivencia, pacífica. El itinerario, puntual.

Ingresamos al recinto en riguroso orden a las 18:30 hrs. tal y como estaba anunciado. Y con esa misma precisión, en punto de las 20:30 hrs. y con las primeras estrellas centelleando tímidamente, aparece en escena la banda abridora. The Devil no suenan precisamente como demonios, o al menos no en el sentido maligno del término, pero sí que elevan un halo de misticismo dramático con su metal instrumental. Salvo algunos observadores despistados, la mayoría de la gente se acerca a contemplar el espectáculo: máscaras teatrales, samples de diálogos apocalípticos, proyecciones de imágenes con fuerte contenido político. El concepto de The Devil definitivamente no es una improvisación: todos los elementos se organizan en una danza guitarrística de melodías suficientemente imaginativas para mantener la atención sin saturar a la audiencia. Tan estudiada se nota la estrategia de la banda, que ni siquiera ceden a la tentación de atiborrar las canciones de solos. Toda la fuerza de estos demonios se encuentra en su gancho melódico, el uso calculado de secuencias y su habilidad para aterrizar el elemento místico en una experiencia terrenal, sensorial, casi lasciva. Hay que ver, si no, al guitarrista líder, cuyos movimientos sensuales parecen ser una rara extensión del sonido, un necesario rito de materialización de lo etéreo, más que un ridículo baile sin propósito. Los demás instrumentistas así lo entienden y se unen a la danza. El público asimila la intención y celebra la propuesta. Transcurridos 45 minutos, el acto termina sin una sola palabra, pero haciendo gala de un mensaje intenso y penetrante.

Son las 21:30 hrs. y en este punto de la noche el cielo alcanza un negro profundo. Los árboles que circundan el Teatro alargan sus figuras enigmáticas, distorsionadas por el efecto de las luces que se disparan desde el escenario. Entonces entran los primeros acordes: "Theme of Antichrist" hace el primer despliegue de los excesos que están por venir —incluido, por cierto, el exceso de teléfonos celulares tomando malas fotos y peores videos; aún me falta terminar de comprender tan curioso fenómeno, pero en fin—. El Therion de Christofer Johnsson es una bestia rigurosa en su voracidad y severa en su manifestación —¿y qué monstruo apocalíptico no lo es?—. Sus cuatro gargantas exigen una producción compleja: cristalina para su lucimiento y silvestre para su proclamación. Y así es: probablemente el elemento más cuidado de toda la noche son las voces; hasta los vericuetos instrumentales de Johnsson y compañía parecen mantenerse circunspectos, como si quisieran disimular su propia fuerza —cosa que, por supuesto, no logran— para elevar la experiencia del juego vocal. Por fortuna, Johnsson es un estratega probado, y sus tácticas de dirección le permiten mantener el control de su monstruo en todo momento, aún cuando las ejecute desde un aparente segundo plano. Por eso esta noche lo que más destaca es la configuración operística utilizada en "Beloved Antichrist", con una banda expresiva, explosiva y coreografiada a partes iguales, como en la majestuosa "Temple of New Jerusalem" —¡diablos, sí que lo construimos!—. Y es que a más de cuatrocientos años de la invención de la ópera —la historia le atribuye al "Orfeo" de Claudio Monteverdi (1607) el mote de fundadora del género, a pesar de que existen algunos antecedentes a finales del siglo XVI— hay que valorar el atrevimiento de que alguien componga en este formato en pleno 2018, pues a ratos parece que, efectivamente, nos encontramos frente a una ópera a la usanza. Tanto, que hasta se echa en falta el uso del italiano o el alemán para subrayar ciertos diálogos entre los intérpretes. Tanto, que hasta canciones tan directas como las del "Gothic Kabbalah" se ven contagiadas por el ánimo teatral.

Por supuesto, siempre hay ocasión para visitar antiguas caras de la bestia, y en esta ocasión el público parece recibir con especial afecto ciertos números clave, como las laberínticas "Nifelheim" y "Ginnungagap", del "Secret of the Runes"; o la clásica "Cults of the Shadow", con su galopante línea de bajo.

Ya pasa de las 23:00 hrs. y el show está por concluir. Unas breves palabras de la banda, que expresan su fascinación por el recinto —"la primera vez con una alberca frente al escenario"— y el gusto por celebrar una de las giras más extensas por este continente. El público conserva su entusiasmo casi intacto y se sigue aferrando a sus clásicos, por eso el encore trepa, vociferante, con "The Rise of Sodom and Gomorrah". Luego, Johnsson reta a la audiencia: "Do you have any huevos here?" La mayoría lo entiende como un chiste bobo para calentar (sí, más) los ánimos antes de la obligada "To Mega Therion", pero algún aventurero no comprende la intención y se entrega a la torpe espontaneidad: a media canción, el muy granuja se las ingenia para llegar hasta el escenario —celular en mano— y tomarse la selfie más envidiada —y reprobada— de la noche. Por supuesto, el entusiasta joven es inmediatamente convidado a bajar de las tablas y encaminarse directito a la ching... o que diga, a la salida, aunque con toda seguridad se fue más que satisfecho en su impertinencia.

Dos horas de concierto. La noche sigue oscura, pero el Señor del Sol es invocado desde la sombra en un segundo y apropiado encore: "Quetzalcóatl", con su promesa del retorno, es lo último que escuchamos del monstruo. Son las 23:30 hrs. y el espectáculo ha terminado: montamos la bestia del éxtasis y sí, portamos la marca de la victoria. Y el efecto ha sido tan cautivador que apenas ahora me surge una sentida queja: ¿por qué carajos no tocaron nada de "Les Fleurs du Mal"?

Un conciertazo.

domingo, 27 de mayo de 2018

FUERZA DE PUERCO PRESENTA: FUMATA Y TERROR CÓSMICO




FUMATA / TERROR CÓSMICO / EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE / MORSAN
Sábado 26 de mayo de 2018.
Búnker, Sala de conciertos.
San Luis Potosí, S.L.P.

En el subterráneo no hay telones que se abran. El foro simplemente está ahí: decadente, deforme, como los congregados. Como las cuatro escenas que el Diablo dispuso para esa noche.

Escena # 1: Morsan.
El Diablo se aparece en el garage. Toma una guitarra prestada y le sube todo al ampli. Le gustan los riffs en seco. Le gustan tanto que los repite obsesivo, cada uno con más rabia que el anterior. El Diablo no toca; golpea, más bien. Rasguña, rasca como en ataque de roña, testarudo hasta escocer. La comezón se vuelve ardor y la piel viva sangra enloquecida.

Escena # 2: El Escuadrón de la Muerte.
El Diablo se masturba y eyacula baba negra, viscosa, hirviente. Las venas de su miembro vibran antes del chorro, y su eco remueve las entrañas de la Tierra. Pulsos de baja frecuencia retumban y ensordecen. El Diablo gruñe y escupe su orgasmo sobre la humanidad: preña a la masa con veneno caliente que entume la voluntad y arranca convulsiones. La agonía suena alto; el final llega despacio.

Escena # 3: Terror Cósmico.
El Diablo se erige, cínico, sobre el universo. Ríe con arrogancia y emite un alarido negro: su voz se expande en repeticiones de tiniebla que se vuelven remolinos gigantescos. Su aliento amorfo traga planetas enteros y hace de la destrucción un bucle infinito: reina el caos, majestuoso, y los horrores de lo desconocido forman armonías ininteligibles que se pierden en lo eterno, en la inmensidad.

Escena # 4: Fumata.
El Diablo se coge a la Muerte. Tras la cópula, fuman mota y cubren a la humanidad con el manto humeante de la miseria y la desesperanza. La nube mata todo lo que toca: lo quema, lo consume, lo reseca. Los cadáveres se apilan y, al descomponerse, sus humores flotan en perfecta armonía con la Muerte, que observa la escena, conmovida, desde su frialdad post-orgásmica. El Diablo y la Muerte apagan las luces. Entonces, la nada...


VISIONES [REALES O NO] DE LA HECATOMBE:

Álbum 1 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.

Álbum 2 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.


INVOCACIONES SONORAS:

Fumata:

Terror Cósmico:

El Escuadrón de la Muerte:

Morsan:


jueves, 24 de mayo de 2018

MEMORIAL DEVICE (David Keenan, 2018)




“Hay que entender que cuando hablamos de una escena local,estamos hablando
de una escena internacional en microcosmos”.

—Paprika Jones


En 1967, Arthur Koestler propuso el término “holón” para referirse a algo que es parte y todo a la vez: un sistema completo en sí mismo que simultáneamente es parte de un sistema mayor. Este concepto puede definir perfectamente lo que leemos en “Memorial Device”, una novela de ficción construida a partir de los supuestos testimonios de los protagonistas de la escena postpunk (1978-1986) en una pequeña comunidad escocesa. El autor, David Keenan, emplea diferentes voces y recursos narrativos para lograr dar forma a toda una mitología, que bien podría representar a cualquier otra escena musical underground en cualquier otra parte del mundo. En “Memorial Device” se relata la historia central de la mejor banda en la historia de Airdrie, pero también es la historia de otras bandas (pasadas, presentes y futuras), de otras camadas de seres anónimos (excéntricos, raros, outsiders) que pululan por las sombras y los laberintos subterráneos de tantas localidades perdidas alrededor del globo. Por eso es tan fácil entrar en el universo de estas casi trescientas páginas, por eso su lectura es ágil y jadeante (¡hey, esto es punk!), y por eso uno termina irremediablemente encariñado con los personajes: porque si el lector está familiarizado con la escena musical under de su propia comunidad, lo más probable es que esta runfla de freaks le parezcan viejos conocidos. Quizás, incluso, más de uno se verá reflejado en cualquiera de los espejos sucios (aunque paradójicamente brillantes en su pureza) que los vecinos de Airdrie (y alrededores) sostienen, cínicos, listos para confrontar a quien se atreva a mirarlos.

Pero que no se piense que “Memorial Device” es solamente una colección de perfiles extravagantes. En realidad, el ejercicio que hace Keenan es una cuidadosa radiografía del espíritu libre, apasionado y loco que, aún hoy, hace posible que el rocanrol se mantenga con vida. Aquí hay crítica filosa y dolorosa; reflexiones que zumban recio, como riffs distorsionados. La dinámica interactiva que hay entre los personajes se antoja verosímil y honesta como el latido vital de un bajo retumbante, y el lenguaje empleado golpea como una metralla de sintetizadores industriales. En Airdrie la vida se va rápido y hay que extraerle toda la sangre posible, pues será necesaria para pintar cuadros rojos, intensos, lascivos, en caso de que el entorno no ofrezca experiencias lo suficientemente excitantes.

Con una prosa que evoca al Irvine Welsh más contenido, y que se antoja heredera indirecta de los beat, David Keenan ha trazado un pequeño gran mapa que sirve a múltiples territorios. Y aunque es cierto que el paseo está cargado de penumbra, angustia y sinsentido a 33 RPM, el lector puede tener la certeza de que los anfitriones saben cómo apropiarse de su evidente marginalidad (son expertos en ello), reclamarla, exhibirla con orgullo y ofrecernos decenas de románticas razones para sentirnos orgullosos junto con ellos. ¿La banda sonora? ¡Diablos! ¡Esa está garantizada!


MEMORIAL DEVICE.
David Keenan.
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas.
Sexto Piso. México, 2018.



domingo, 29 de abril de 2018

ANNA VON HAUSSWOLFF: "Dead Magic" (2018)




Anna Von Hausswolff no es ninguna novata en la creación de escenarios asfixiantes, pero con "Dead Magic" ha firmado, sin duda, el mejor y más oscuro trabajo de su carrera. Se trata de cinco temas ambiciosos, enigmáticos y abrumadores; tanto como un banco de niebla que dibuja formas amenazantes que se sienten pero no se tocan. Son 47 minutos de narrativa dramática, en la que el espacio sonoro es llenado por un monumental órgano tubular, guitarras que forman paredes cavernosas y una serie de recursos instrumentales y vocales que operan con verdadera magia para invocar las canciones como se invoca a un espíritu ancestral.

El álbum inicia con los 12 minutos de "The truth, the glow, the fall", donde el riff principal surge como un fantasma, mientras Anna estira su registro vocal y retuerce su técnica para ofrecer pasajes que van del canto limpio a una reptante aspereza. La voz se alarga y termina difuminando al órgano hasta convertirlo en notas vaporosas durante la espeluznante sección final. Después, la terrorífica "The mysterious vanishing of Electra", con sus guitarras monolíticas y percusiones de rito antiguo; aquí la voz es silvestre, el aullido brujeril y el vibrato extasiado. Pero el punto nodal del álbum llega con la enorme "Ugly and vengeful", que con sus 16 minutos de duración y sus formas mutantes demuestra que se puede hacer música sombría sin recurrir a ninguno de los recursos habituales del metal o los clichés de las (así llamadas) corrientes musicales neo-góticas.

La última parte de "Dead Magic" es un poco más calmada pero no menos inquietante. "The marble eye" es un tema instrumental que burbujea como un drone acuoso y helado, de esos que parecen fascinar a Hausswolff, a juzgar por trabajos previos como el EP "Källan (Betatype)" o incluso el proyecto Hydras Dream, junto a Matti Bye. Por cierto, cabe destacar que en la edición en vinilo de "Dead Magic" (ya agotada, a menos de dos meses del lanzamiento), los temas 3 y 4 se encuentran en orden invertido, para hacerlos caber en ambas caras del disco. Finalmente, el álbum termina con la rara y fantasmagórica belleza de "Källans återuppståndelse".

"Dead Magic" no es una obra para todos los gustos. Es la clase de trabajo de una artista inconforme que va más allá de sus límites y que desafía sus propias normas creativas para entregar magia pura, de esa que se comunica directamente con el espíritu. Por eso arrebata, inquieta y asusta. Y también, por eso, se agradece emotivamente. Uno de los mejores discos en lo que va de 2018.



domingo, 15 de abril de 2018

WE ARE ONE: "Darkwave Vol. I" (2018)



We are one es el nombre de un sello discográfico emergente con sede en la Ciudad de México. En meses recientes lanzaron su primera compilación dedicada al darkwave nacional, compuesta por 18 temas inéditos (uno por participante) de diferentes proyectos que habitan en los rincones más ensombrecidos del país.

We are one puede ser, también, la declaración de un movimiento musical que al parecer se niega a crecer. Un romántico caso de síndrome de Peter Postpunk que sigue alimentándose del cadáver de los 1980s. Da igual si hablamos del primer mundo, de regiones desconocidas o, como en este caso, de la escena mexicana, la constante de los aferrados goths es que no quieren alejarse de los sonidos clásicos de claves menores, tonos bajos y lúgubre desencanto juvenil.

We are one es la confianza ciega en una corriente estética y musical cuyos practicantes no necesitan diferenciadores individuales, porque su identidad es colectiva. Por eso en los más de 60 minutos de duración de este disco apenas hay variaciones importantes. Pero eso no es malo: es la permanencia homogénea de un estilo que murió joven y dejó un bonito cadáver para deleite de los vampiros de todo el orbe. ¿Que a veces parece que se trata de un álbum de larga duración de una sola banda, en lugar de un acoplado? Puede ser. ¿Y qué? We are one.

We are one - Darkwave Vol. I incluye temas en inglés y español, con voces femeninas y masculinas, además de breves visitas a las tumbas vecinas del postpunk, el coldwave y el synthpop. Cabe apuntar también —para los regionalistas de corazón, no olvidemos que esta Madriguera es universalmente potosina— que entre los convidados al baile macabro se encuentran los locales Desdémone, junto a otros entes de siniestra percha como LuciferChrist, Nite Shadows o los etéreos Reverbs.

We are one - Darkwave Vol. I está disponible en edición física (en CD-R impreso de manera profesional, en un bonito formato digipak con charola) y también digital. Se puede escuchar y descargar (pague, no sea codo) en: https://weareonerecords.bandcamp.com/releases. Goth it?

sábado, 7 de abril de 2018

NECROMASS EN SAN LUIS POTOSÍ




Viernes 6 de abril de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.

Hay feria en el pueblo. Y cuando hay feria en el pueblo me dan ganas de adentrarme hondo en algún calabozo de rugidos negros, donde no lleguen las manzanas acarameladas, la pólvora tristona ni el vulgar bullicio. Afortunadamente esa noche, en otro punto de la ciudad (adivinen cuál), también habría black metal.

Las diez de la noche: suben a las tablas los locales Tree of Death. ¡Carajo! Si hay algo de coherencia en la escena, estos muchachos pronto tendrán que volverse parte de la camada de hijos predilectos del under potosino. Su visión del black metal está fuertemente apegada a las raíces y se nota que han trabajado su concepto con seriedad: el set es dinámico, violento y hábil en la creación de momentos tensos alternados con estallidos de rabia. Una de las mayores virtudes de su música es que mantiene sonoridades old school sin sonar a viejo... como las atmósferas necro de unos Aura Noir o lo más regresivo de Darkthrone (I am the grave of the 80s!!!!). Además, Tree of Death consigue mantener una actitud punk a la Motorhead y lo más fabuloso: después de todo eso, siguen sonando técnicos. Una banda que hay qué tener en cuenta.

Los siguientes en tomar el escenario fueron Brutal... ¿Corporis? No lo sé. Su logo es lo suficientemente death como para hacerme dudar de haber escrito correctamente su nombre. Sin embargo, su ruido sí que fue una sorpresa: blackened death metal vociferado en inglés y español con una pronunciación clara e inteligible (todo lo inteligible que puede ser un discurso de grunts y shrieks, por supuesto), de claras tendencias satánicas. Probablemente lo que más me gustó de su propuesta fue la sección rítmica, con líneas de bajo que se veían bastante interesantes... lástima que casi no se escuchaban.

A continuación, Tricératops. Sí, así se llaman. Yo había visto el logo en el flyer del evento, pero creí que sería un patrocinador o una marca de playeras... todo, menos el nombre de una banda. Pero son una banda. Y a juzgar por su sonido, apostaría a que son fans de la clásica escuela nórdica de los 1990s, con todo y sus atmósferas y medios tiempos. Chido. En ese momento también se instaló la mesa de mercancía, así que me distraje de lo que pasaba en el escenario y me puse a husmear los discos (por cierto, al fin pude conseguir mi copia del split Necromass / Mortuary Drape, que justo del lado Drape suena fuerte como grito de momia en catacumba. Lo estoy escuchando mientras escribo esto).

El flyer decía que la banda siguiente era Dark Forest, de Acapulco; pero a veces pasan cosas que contradicen a los flyers y cambian los planes. Acá no sé qué pasó, pero Dark Forest no vino al show. Ni hablar.

Si tu banda de black metal incluye a una bailarina, entonces tu banda de black metal es para bailar. Y no, mis queridos puristas, no os ofendáis: la presencia de una gothette que usa máscara de chivo negro y juega con fuego al mejor estilo de los entertainers de crucero pero con más cachondería, no merma la condición de culto de los italianos Necromass; simplemente hace el espectáculo más divertido. Y si es divertido, dan ganas de bailar (sí, el headbanging, las guitarras de aire y las baterías invisibles cuentan como baile). El metal negro de los estelares no es un despliegue de técnica espectacular pero sí está impecablemente producido y tiene todos los items del checklist. Lo suyo es una negritud de esas que se antojan macarras, rufianescas, punketeras. Es ese black que se disfruta con unas cuántas cervezas encima y una actitud desenfadada que hace cuernos con las manos más por jugar al espectáculo que por compromiso ideológico. Rolas perfectamente diseñadas para desenvolverse entre los extremos de un espectro que va de lo caótico a lo rítmico, con un circular dominio de la fórmula e indiscutible precisión: los Necromass veloces, son bien veloces (toda una lección de la infernalísima trinidad blastbeats-tremolos-howlings); y los rítmicos, bien rítmicos (fraseos pegajosos y vocalizaciones que coquetean con el modelo estribillo-puente-coro). La banda demostró que su estatus de culto está justificado, y aunque es evidente que la experiencia de la Misa Necro funciona mejor en directo que en grabación, siempre da gusto comprobar que mientras cuente con representantes como ellos, el viejo black metal seguirá encontrándose lejos de emitir su último estertor.

O como dicen los Stones: "Its only rock'n'roll, but we like it".

martes, 3 de abril de 2018

ARKONA: "Khram" (2018)



La fórmula de Arkona siempre se ha nutrido de dos ingredientes centrales: el black metal melódico y el folklore eslavo. El porcentaje de importancia (en composición y mezcla) que decida darle Masha (lideresa indiscutible de la banda) a cada uno, es lo que determina el sonido final de sus producciones. Y si bien, muchos nos aproximamos a Arkona atraídos por el enorme protagonismo del elemento folk en sus primeros álbumes, era lógico que en algún momento la dirección iba a cambiar.

Ya en el anterior "Yav" ("Vozrozhdenie" no cuenta por ser una regrabación de su primer disco) pudimos notar un cambio hacia horizontes mucho más oscuros, donde el factor black se imponía sobre las melodías de flautas, gaitas y cuerdas; no obstante, muchos quedamos un poco disgustos por la excesiva experimentación ("progresión", le dicen algunos) en las estructuras de aquel. Por eso este recién horneado "Khram" supone una buena noticia para todos los que nos entusiasmamos con el lado más violento de la banda: aquí hay suficiente agresividad blacker repartida en armonías majestuosas, riffs congelantes y una atmósfera que parece sacada directamente de la vieja ola noruega, y lo mejor de todo: sin sacrificar el espíritu pagano que ha caracterizado a la agrupación. Para cualquier escucha habitual, es evidente que Masha es una magnífica compositora de armonías, y eso queda más que confirmado en el fino trabajo de guitarras que domina la mayor parte de "Khram": ora melancólicas, ora brutales, pero siempre liderando el corpus de las canciones. Este inteligentísimo recurso permite que el álbum gane en dinamismo, pues crea un terreno sumamente fértil para la aparición de los instrumentos folk y el juego de vocalizaciones limpias y rasgadas.

Otro punto destacable en el CD es el equilibrio entre los pasajes atmosféricos (sí, esos que convierten a una canción sencilla en una odisea de 12 minutos) y las partes más crudas, pues a pesar de que se trata de un álbum extenso, está tan bien diseñado que la multiplicidad de niveles en las canciones no distrae, sino que incluso captura la concentración del escucha. Todo lo contrario a lo que ocurría con "Yav".

¿Es hora, entonces, de ceder al irresistible cliché de afirmar (cuando se trata de un disco nuevo) que nos encontramos ante el trabajo más ambicioso y mejor logrado de la banda? ¡Carajo! ¡Estoy escuchando ese apabullante piano de "V ladonvah bogov" y sólo puedo pensar: "Mierda, claro que sí"!



domingo, 1 de abril de 2018

6a MUESTRA DE METAL UNDERGROUND SLP 2018



30 y 31 de marzo de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.


MUESTRA:
1. f. Porción de un producto o mercancía que sirve para conocer la calidad del género.
2. f. Parte o porción extraída de un conjunto por métodos que permiten considerarla como representativa de él.
3. f. Exposición o exhibición de obras artísticas o técnicas.

-REAL ACADEMIA ESPAÑOLA


Si hubiera qué llegar a un diagnóstico sobre el actual estado del metal subterráneo en la ciudad de San Luis Potosí, a partir de lo escuchado durante el evento que nos ocupa, la conclusión sería contundente: aquí se hace harto ruido. Y suena fuerte. Y suena bien. Después de observar la actuación de 26 bandas (el cartel original anunciaba 28, pero dos no se presentaron) entre las cuales hubo tanto veteranos de la escena como sangre joven para el deleite de Satán (quien seguramente estaba de plácemes, porque además el susodicho evento tuvo la puntada de celebrarse justo en las noches de viernes y sábado santos, asegún la tradición católica), este apicultor no puede sino regocijarse al ver la buena salud y bulliciosas inquietudes que hoy por hoy abundan en tan polémica escena. Por eso, sin más preámbulo, he aquí una serie de breves (muy breves) comentarios (apreciaciones personales todas ellas, no se ofenda usted) sobre cada banda participante. Van en el mismo orden de aparición:

1. Zobredosis: Desconozco cuánto tiempo lleven juntos. Quizás aún les gana la timidez en el escenario. Quizá les tocó la infame suerte de inaugurar el evento. Si la banda perfecciona su técnica y pule su concepto, puede haber algo interesante por aquí.

2. Dogma: Al parecer gustan de los cambios armónicos, y al parecer saben emplearlos con cierta astucia. Hicieron gala de una intro bastante elegante, un tema veloz y una balada que tal vez aún se pueda desarrollar más.

3. Degeneración 89: Su ejecución y técnica son sencillas (eso no es malo: estamos hablando de punk) y su coordinación, simplemente perfecta. Sin duda, una de las bandas de la Muestra que mejor logró mantener la comunicación entre músicos sobre el escenario.

4. Nihilista Cotard: Una presentación accidentada: el baterista se presentó tarde. Dos guitarras zumbantes y una voz ahogada no son suficientes para hacer black metal, y sin embargo eso fue todo lo que nos tocó ver de ellos esa noche. Probablemente en otra ocasión...

5. Thrill Seeker: Thrash furioso y rampante. Una banda madura y concisa en su quehacer. Su ejecución y técnica se perciben suficientemente ensayadas, y sus composiciones se dan el lujo de destacar sobre otras bandas del género.

6. Intestinal War: Cumplen con todos los requisitos de su género. Punto. Nada más. Con todo lo que ello puede implicar. Por cierto, lo suyo lo suyo es el death grind...

7. Dominus Sathanas: Tal vez su mayor logro es haber evolucionado de manera coherente en la ejecución de su black metal de vena clásica. Sigue sonando grim, pero ¡carajo! ¡así es como suena el black!

8. Natural Death: En efecto, su sonido es death. Y en efecto, su intención es perfectamente natural. Ellos hacen lo que hacen porque (se les nota) lo disfrutan profundamente, desde lo más hondo de sus podridas entrañas. Y qué bueno.

9. Overload: Una banda joven y desbordante de energía. Hard rock sin complicaciones pero de buena calidad: estos chicos saben verse bien y escucharse mejor en el escenario. Conocen su territorio y demuestran una técnica estudiada. Seguro darán de qué hablar en un futuro cercano.

10. Tree of Death: Un thrash bastante oscuro, maligno. No tengo idea de qué decían sus letras pero se nota un concepto trabajado detrás de su ejecución. Estructuralmente, aún se nota un trabajo compositivo algo indeciso, pero potencialmente muy bueno.

11. Opera at the Massacre: Sus puntos fuertes (más allá del indiscutible carisma de su violenta frontwoman) son la técnica y la ejecución: les gustan los retos y eso se nota en los detalles de sus canciones, siempre pensadas para bajo de cinco cuerdas y guitarra de siete. Muy buenos.

12. Shattered: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

13. Genocidio Global: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

14. Humbuker: Es la clase de banda que aún siente profundamente el rocanrol. Enérgicos, divertidos, ruidosos y con la actitud de convertir su actuación en más que un espectáculo solamente musical.

15. Supernavy: De las pocas bandas de la Muestra que no practican metal. Lo suyo tiende más al happy punk efectivo, sencillo y básico. Se les ve perfectamente cómodos con lo que practican y eso les da un aire de naturalidad libre de cualquier pose.

16. Dante: Un death bastante groove. O al revés. En todo caso, podrían sonar más robustos si dieran mayor presencia al bajo (de cinco cuerdas, por cierto). Probablemente eso dotaría de mayor personalidad a sus contagiosos riffs.

17. Panic of Thrash: Su equilibrio entre la sección rítmica y su par de guitarras es asombroso. Ignoro cómo componen sus temas, pero el resultado final suena equilibrado y democrático con cada instrumentista.

18. Palomazo: Una especie de heavy metal con chispazos de glam. Letras simples, riffs pegajosos y una voz robusta, decidida y con suficiente presencia para darle identidad propia a la banda. Ojalá exploten a ese frontman todo lo que puedan.

19. Forging Metal: Su death sabe ir de lo melódico a lo brutal con absoluta elegancia. Excelente uso de riffs con solos intermitentes. Estructuras compositivas maduras y bien pensadas. Es de esas bandas que se toman el detah metal con total respeto. Chingón por eso.

20. Louder Force: Buen nivel en composición y en voz. Una banda desinhibida que sabe cómo conectar con el público de manera natural y emocionante. Si acaso algo se echara en falta, sería un poco más de dinamismo en sus temas, pero realmente no lo necesitan. Esto es heavy clásico.

21. Muerte Humana: Mosh garantizado. Inmediato. Death crudo, primitivo y completamente old school. Una banda como ellos no necesita originalidad: su género no lo permitiría. Y qué bueno, porque así nos gusta más.

22. Arxenal: Thrash de excelente manufactura y ejecución. Una presencia escénica segura y sin aspavientos. Temas directos, sin rodeos y con suficiente identidad.

23. Extinto: Más thrash. Y aunque su técnica es irreprochable, probablemente les falte trabajar en un diferenciador si es que no quieren perderse en lo difuso de un género donde es difícil innovar.

24. Antares: Una banda con buenas armonías y estructuras compositivas que, si bien carecen de ganchos inmediatos,  gozan de un punch con suficiente vigor. Lástima que sonaron tan saturados en algún momento.

25. Dalliance: Se les nota jóvenes y difusos, algo desconcentrados. Solamente traían dos canciones. Aplaudo su esfuerzo y espero volver a escucharlos cuando hayan desarrollado más su propuesta.

26. Death Silence: Death y thrash de la vieja escuela. Dominan el género y sus arquetipos: insolencia, crudeza, agresividad escénica. Un buen cierre que el público supo agradecer.

Y eso es todo, amable lector. Cabe apuntar (por si usted no estuvo en el evento o es tan despistado que no se enteró de lo que ofrecía como ganancia a los participantes) que las dos bandas más destacadas de la jornada compartirán escenario el próximo mes de mayo con agrupaciones como Rex Defunctis, Leprosy, Here Comes the Kraken y los rabiosos greñudos locos de Brujería, en lo que será la treceava edición del Morbid Fest (el festival de metal nacional más cabrón de México). Y también, por si se fue usted temprano del evento o simplemente no se enteró del veredicto, le cuento que los gustosos afortunados serán Thrill Seeker y Arxenal.

Bien merecido.


jueves, 19 de junio de 2014

DELLAG DUFFERS: POR EL PLACER DE DIGNIFICAR AL ROCK POP




Y de pronto notar que en plena época del revival, las jóvenes bandas mexicanas habían olvidado la estela iniciada hace más de veinte años por agrupaciones como Santa Sabina o La Dosis. Imperdonable. Pero entonces llama la atención una silueta menuda: es Gaby, voz y teclado de Dellag Duffers. Su timbre, su manera de atacar el micrófono, su forma de gozar el escenario atraen la mirada y sucede lo inevitable: la máquina del tiempo que conduce directo a los años noventa del siglo XX. El suspiro nostálgico y la añoranza por el funk en íntima comunión con el rock y los despliegues de energía sobre las tablas. Escuchar y empezar a mover la pierna, los pies, la cabeza. Tomar conciencia de lo que se escucha: riffs punzocortantes, melódicos pero con suficiente arrojo; y una sección rítmica que sabe perfectamente lo que está haciendo. Y no hay duda: la banda está haciendo rocanrol. Real y palpable. Eventualmente se une al despliegue una línea de metales fangosos, acalorados, enronquecidos. Y el espectáculo está completo.

Dellag Duffers son una joven banda potosina, ejecutantes de un rock accesible, con una identidad anclada en sonidos clásicos del género, pero un sonido que indudablemente pertenece al siglo XXI. Escucharlos es volver a una época en donde el malogrado indie aún no contaminaba con su güeva infinita a las expresiones musicales juveniles en nuestro país. En honor a la verdad, Dellag Duffers no son una banda que proponga experiencias auditivas nuevas o experimentales, pero tampoco lo necesitan por la sencilla razón de que estas no son sus intenciones, y eso queda claro cuando se les escucha en directo. Su premisa es básica: una banda que cree fervientemente en el vigor del rock, en las canciones que se entonan recio y que hacen sudar y retumbar. Pero no se piense que se trata de un sonido en bruto o agresivo, pues la agrupación se da el lujo de comprender perfectamente al pop, tanto que logran incorporarlo sin problema a sus temas, lo que da como resultado una fórmula briosa y amigable a partes iguales. Su amplitud de referencias es tal que en sus presentaciones lo mismo se puede colar un tema de los Beatles ("Come together") o de Evanescence ("My immortal"), pasando por Led Zeppelin ("Black dog") y Pink Floyd ("Comfortably numb"). Y sí, la banda sabe cómo hacer convivir temas tan disímiles en un entorno de congruencia, probablemente gracias a sus arreglos y a la adecuada asimilación de las influencias musicales. Y ya que hablamos de esto, es interesante ver cómo se resuelve esa mezcla de estilos a la hora de crear temas originales, reto del que la agrupación sale bien librada —sus letras llegan a pecar de candidez, pero no es nada que el paso de los años no resuelva—, pues estructuralmente sus canciones funcionan de manera por demás efectiva. Escúchense para muestra composiciones como "Disfrazado de casualidad", "Bar Pabiz", o ese delirio funkpoprockero que es "Ya no más", con innegable influencia —salvando las distancias, of course— de la Rita Guerrero del 1994.

Cabe mencionar que la banda cuenta con un disco de reciente edición, que comparte título ("Aunque pudiera volar") con una de sus canciones pop más redondas; y si bien el plato es una digna muestra del potencial de Dellag Duffers (aunque este humilde apicultor no deja de reprochar la ausencia de la sección de metales en el CD), lo cierto es que el punto verdaderamente fuerte de la agrupación son los shows en vivo. En suma, cualquier persona que haya disfrutado con el rock de calidad que se hacía en México antes de la llegada del nuevo milenio, debería darle una oportunidad a esta joven banda. Si hay algo de justicia, el momento de los Dellag Duffers debe estar apenas por comenzar. Y será todo un gusto atestiguarlo. Mucha suerte.

(Web oficial: http://dellagduffers.com)
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0+14 RAZONES PARA ESCUCHAR EL ÁLBUM DEBUT DE BILLIE EILISH

0. WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO? Porque los discos de pop adolescente no suelen estar inspirados por los trastornos de...