jueves, 19 de junio de 2014

DELLAG DUFFERS: POR EL PLACER DE DIGNIFICAR AL ROCK POP




Y de pronto notar que en plena época del revival, las jóvenes bandas mexicanas habían olvidado la estela iniciada hace más de veinte años por agrupaciones como Santa Sabina o La Dosis. Imperdonable. Pero entonces llama la atención una silueta menuda: es Gaby, voz y teclado de Dellag Duffers. Su timbre, su manera de atacar el micrófono, su forma de gozar el escenario atraen la mirada y sucede lo inevitable: la máquina del tiempo que conduce directo a los años noventa del siglo XX. El suspiro nostálgico y la añoranza por el funk en íntima comunión con el rock y los despliegues de energía sobre las tablas. Escuchar y empezar a mover la pierna, los pies, la cabeza. Tomar conciencia de lo que se escucha: riffs punzocortantes, melódicos pero con suficiente arrojo; y una sección rítmica que sabe perfectamente lo que está haciendo. Y no hay duda: la banda está haciendo rocanrol. Real y palpable. Eventualmente se une al despliegue una línea de metales fangosos, acalorados, enronquecidos. Y el espectáculo está completo.

Dellag Duffers son una joven banda potosina, ejecutantes de un rock accesible, con una identidad anclada en sonidos clásicos del género, pero un sonido que indudablemente pertenece al siglo XXI. Escucharlos es volver a una época en donde el malogrado indie aún no contaminaba con su güeva infinita a las expresiones musicales juveniles en nuestro país. En honor a la verdad, Dellag Duffers no son una banda que proponga experiencias auditivas nuevas o experimentales, pero tampoco lo necesitan por la sencilla razón de que estas no son sus intenciones, y eso queda claro cuando se les escucha en directo. Su premisa es básica: una banda que cree fervientemente en el vigor del rock, en las canciones que se entonan recio y que hacen sudar y retumbar. Pero no se piense que se trata de un sonido en bruto o agresivo, pues la agrupación se da el lujo de comprender perfectamente al pop, tanto que logran incorporarlo sin problema a sus temas, lo que da como resultado una fórmula briosa y amigable a partes iguales. Su amplitud de referencias es tal que en sus presentaciones lo mismo se puede colar un tema de los Beatles ("Come together") o de Evanescence ("My immortal"), pasando por Led Zeppelin ("Black dog") y Pink Floyd ("Comfortably numb"). Y sí, la banda sabe cómo hacer convivir temas tan disímiles en un entorno de congruencia, probablemente gracias a sus arreglos y a la adecuada asimilación de las influencias musicales. Y ya que hablamos de esto, es interesante ver cómo se resuelve esa mezcla de estilos a la hora de crear temas originales, reto del que la agrupación sale bien librada —sus letras llegan a pecar de candidez, pero no es nada que el paso de los años no resuelva—, pues estructuralmente sus canciones funcionan de manera por demás efectiva. Escúchense para muestra composiciones como "Disfrazado de casualidad", "Bar Pabiz", o ese delirio funkpoprockero que es "Ya no más", con innegable influencia —salvando las distancias, of course— de la Rita Guerrero del 1994.

Cabe mencionar que la banda cuenta con un disco de reciente edición, que comparte título ("Aunque pudiera volar") con una de sus canciones pop más redondas; y si bien el plato es una digna muestra del potencial de Dellag Duffers (aunque este humilde apicultor no deja de reprochar la ausencia de la sección de metales en el CD), lo cierto es que el punto verdaderamente fuerte de la agrupación son los shows en vivo. En suma, cualquier persona que haya disfrutado con el rock de calidad que se hacía en México antes de la llegada del nuevo milenio, debería darle una oportunidad a esta joven banda. Si hay algo de justicia, el momento de los Dellag Duffers debe estar apenas por comenzar. Y será todo un gusto atestiguarlo. Mucha suerte.

(Web oficial: http://dellagduffers.com)
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lunes, 30 de diciembre de 2013

LOS MEJORES DISCOS DE 2013

 
 
 
Inicia el resumen musical del año. Si el amable lector desea una visión más completa, puede remitirse al blog amigo de FL Spectro para ampliar el panorama. De nada.

Y bueno, no hay pretexto para no buscarle. Aunque seco en términos de rock, 2013 ha sido un año afortunado para la música que suena más allá de los circuitos rocanroleros. Es cierto que en el panorama internacional han vuelto algunos de los llamados "consagrados", pero a decir verdad, muchos de esos discos sólo provocaron güeva en La Madriguera. Este humilde apicultor se emociona al ver que la gente joven está creando buena música, y que las periferias —en el más amplio sentido del término— siguen siendo una fuente inagotable de opciones sonoras. Por eso, independientemente de géneros musicales —salvo el metal, que en La Madriguera siempre se ha cocinado aparte—, he aquí un tostón de disquitos que hicieron las delicias auditivas del apicultor durante el año que termina. Que le aprovechen.
 
 
MÚSICA INTERNACIONAL

 
1. NICK CAVE &THE BAD SEEDS: "Push the sky away"
Álbum ominoso que conserva intacto el romance con las sombras y la nostalgia decadentista. Paradójicamente, su abordaje musical es de una luminosidad envidiable y rebosante de hermosura. El disco del año.

2. JAMES BLAKE: "Overgrown"
Electrónica en asfixiante calma y una especie de post-soul del siglo XXI, enmarcan la melancólica voz de uno de los más interesantes músicos de reciente aparición. Increíble que Blake tenga sólo veinticinco años.

3. SUSANNE ABBUEHL: "The gift"
Poesía victoriana y la elegancia del jazz en contención, discreto, lejano, como los ecos apenas audibles que obsequia la naturaleza en una noche de luna llena. Bucólico, pero también elegante. Así es "The gift".

4. SHERYL CROW: "Feels like home"
Mucho se ha hablado del supuesto "primer álbum completamente country" de Sheryl Crow. Lo cierto es que sus melodías habituales siguen ahí, pero con una madurez letrística y armónica que pegan directo en las emociones.

5. IL PERGOLESE: "Il pergolese"
Maria Pia De Vito, François Couturier, Anja Lechner y Michele Rabbia reconstruyen las arias de Giovanni Battista Pergolesi con un audaz lenguaje contemporáneo, jazzístico y profundamente conmovedor.

6. VARIOS ARTISTAS: "Dalla in jazz"
Los grandes exponentes del jazz italiano contemporáneo rinden tributo a las canciones del máximo cantautor pop de aquel país. Arreglos inesperados llenos de nostalgia e interpretaciones arrebatadoras. Una joya.

7. LORDE: "Pure heroine"
Ella Maria Lani Yelich-O'Connor, adolescente neozelandesa de enorme sensibilidad pop. Su disco debut es un juego de delicias vocales y construcciones minimalistas que encantan por lo delicado de sus atmósferas.

8. BEAT OF WINGS: "As water turns to gold"
Es vigoroso como el buen rock, es accesible y rico como el buen pop, sus canciones gozan de una energía que eriza la piel y, por si fuera poco, es un disco cachondo y sudoroso. Música sexy para gente sexy.

9. ANOUSHKA SHANKAR: "Traces of you"
El mejor trabajo de la Shankar hasta la fecha: un combinado en perfecta armonía que incluye fraseos de jazz, todo el virtuosismo de su formación clásica india y una estilizada apropiación de discursos pop. Fascinante.

10. MALA RODRÍGUEZ: "Bruja"
Mujer salvaje, sensual, rítmica. Los caminos de "Bruja" están llenos de la rabia hardcore que permeaba sus primeros trabajos, pero también de la diversa riqueza que ha acumulado con el paso de los años.

11. DURATIERRA: "Enobra"
Si existe una agrupación que le puede dar un nuevo sentido a la canción latinoamericana, esa es Duratierra: una virtuosa y emocionante actualización de sonidos que cobijan con su arrullo de pájaro silvestre.

12. TODD CLOUSER'S A LOVE ELECTRIC: "The naked beat"
Un álbum hiperactivo: rockpopero, jazzero, poderoso. Sus reminiscencias zappianas y su lenguaje lúdico mantienen a quien lo escucha atento, emocionado y a la expectativa de la siguiente locura. Fenomenal.

13. DARKSIDE: "Psychic"
Disco de profundidades espaciales y múltiples capas de significado. A ratos puede parecer demasiado pretencioso, pero es cosa de tomárselo con calma para descubrir que, en efecto, se trata de una obra alucinante.

14. YO LA TENGO: "Fade"
Veteranos en la construcción de armonías perfectas. "Fade" es un festín de buenas canciones sin mayor complicación. Es amable, límpido y divertido. Toda una cátedra para la malnutrida escenilla "indie".

15. ARCADE FIRE: "Reflektor"
Muchos querían que volvieran a hacer otro "Funeral" u otro "Neon bible", pero en lugar de eso hicieron lo que les vino en gana: pop barroco electrónico retropostmoderno para neuronas bailarinas. O algo así.


MÚSICA NACIONAL

 
1. KAFKA ENSAMBLE: "Kafka ensamble"
Álbum cuasigestáltico, sucesión de estampas expresionistas con gradaciones istmeñas. No es jazz, no es clásica contemporánea y tampoco es música oaxaqueña: es todo eso deshecho y vuelto a armar. Es una maravilla.

2. YOKOZUNA: "Quiero venganza"
Lo pondré en palabras simples: los hermanos Tranquilino parecen ser los únicos músicos mexicanos realmente preocupados por hacer rock de verdad en este país. Oscuro, violento y con muchas, muchas pelotas. Aprendan.

3. CALACAS JAZZ BAND: "Bien bonito"
Apropiarse del estilo dixieland y traducirlo a los lenguajes musicales actuales no es fácil, pero los Calacas lo hacen con una frescura y naturalidad que vibra con emoción en cada tema de este fascinante álbum.

4. H3A: "H3A"
¿Clavecín y flauta de pico en un disco de composiciones originales de jazz? Sí, y el experimento es más coherente de lo que aparenta. Dos lenguajes musicales separados por años de tradición en plena y deliciosa convivencia.

5. JULIA VARI: "Lumea"
La vuelta al mundo en diez canciones. Vari demuestra ser una arreglista excepcional con un discurso propio y una capacidad asombrosa para unir en lógica consonancia temas aparentemente dispares. "Lumea" es una delicia.

6. JULIETA VENEGAS: "Los momentos"
Texturas vespertinas, contemplativas, reposadas. Lo nuevo de la Venegas es una propuesta de electropop introspectivo. Una invitación a delinearse de a poco, a dibujarse a partir de cada uno de los momentos.

7. CARLOS MARKS: "Dislalia"
Un disco que tiene los arrestos suficientes para rescatar la tradición gitana, el folclore nacional y la música balcánica, e interpretarlas en clave de jazz, no tiene precio. Sí, es exótico, pero también muy original.

8. ABRAHAM BARRERA TRÍO: "Ocaso"
No es precisamente innovador, pero tampoco lo necesita. Se trata simplemente de música placentera, con exquisito gusto y un insistente estilo percusivo al piano que delata la influencia velada de Thelonious Monk.

9. LA BARRANCA: "Eclipse de memoria"
José Manuel Aguilera se ha puesto, si cabe, más introspectivo que de costumbre. Sus letras siguen dando alas a la reflexión y su música se mantiene fina, ahora enmarcada por timbres reposados y metales lejanos.

10. ALEJANDRO OTAOLA: "Infinito"
Un experimento de posibilidades, en efecto, infinitas: improvisaciones siderales que llevan al extremo la idea del fractal, de la mano del virtuoso guitarrista y la siempre sorprendente voz de Iraida Noriega.

11. FELIPE SOUZA: "Blues alzado urgente"
Un disco variado que optó por la discreción. Pudo hacer alarde de florituras guitarrísticas, mas prefirió la ruta de la mesura para tejer sus melodías. Por eso es que se alza de a poco, en un crescendo que vuela y vuela...

12. EMILIANO CORONEL: "Mi camino"
El joven contrabajista ha creado un disco que anuncia una interesante carrera futura: diálogos de jazz sobre líneas abiertamente pop que se entretienen en composiciones juguetonas, frescas, a veces naïve; pero muy agradables.

13. ASTRID HADAD: "Vivir muriendo"
La selección de temas es impecable, los arreglos tienen el sello distintivo de la señora Hadad, y el concepto general del disco es de una belleza que conmueve y mantiene vivo el espíritu irreverente del cabaret.

14. OMAR LÓPEZ: "Saxofón electroacústico de México"
Este tercer volumen de la serie de saxofón contemporáneo ofrece una vertiente de vanguardia, amplia experimentación y clave postmoderna. Se trata, además, de la primera grabación de su tipo en nuestro país.

15. RADAID: "The willing"
El exotismo que caracterizó las fusiones musicales de esta banda ha cedido a favor de un mayor volumen en las guitarras y el virus de lo "indie", pero aún logran una mezcla atractiva y canciones contagiosas.


METAL INTERNACIONAL

 
1. DARKTHRONE: "The underground resistance"
Han creado un patrón: una suerte de metal regresivo que lleva en su violento discurrir las ansias por reencontrar el origen. Se trata de un disco visceral, medular, ronco. Un auténtico y honesto espíritu de la vieja escuela.

2. GHOST: "Infestissumam"
Sin duda, el álbum más contagioso del año. Sus armonías estremecen, sus letras encienden el ánimo satanista y su concepto global revitaliza la tradición del metal que no necesita ser "extremo" para estar bien hecho.

3. ROTTING CHRIST: "Kata ton daimona eaytoy"
Si hubiera una etiqueta de metal ocultista, esta banda estaría entre sus principales representantes. Su música reciente está marcada por un halo místico y ritual, totalmente alejado de clichés. Salvaje y elegante a la vez.

4. MORPHIUM: "Crónicas de una muerte anunciada"
En tiempos de híbridos, se agradece que el rostro moderno del metal no pierda su carácter violento. Hay aquí mucho death metal, pero también oscilaciones groove y un sentido melódico realmente envidiable. Una genialidad.

5. BLACK SABBATH: "13"
¿Necesitaban reinventar el género? Por supuesto que no. Ellos son de los principales creadores del género, y "13" sólo tenía la intención de regresar a confirmarlo. Es el sonido clásico, el que nos gusta. Y con eso basta y sobra.

6. CARCASS: "Surgical steel"
Hasta para ser violento se requiere de cierta clase y nivel. Que nadie olvide que el ruido extremo es mucho más que simple gruñidero de tripas sin sentido. Escuchad, mocosos: esto es verdadera inteligencia brutal.

7. FINNTROLL: "Bloodsvept"
Después de casi agotar las posibilidades de una fusión que en su momento fue innovadora, la banda de trolls ha perfeccionado su estilo sin traicionar el sonido clásico. Ahora incluyen una vivaz sección de metales.

8. REVAMP: "Wild card"
Floor Jansen no se cansa de jugar con las posibilidades de su voz. Su potencia es asombrosa y la banda que ha creado para acompañarla le hace plena justicia: metal melódico de excesos y perfecta manufactura.

9. TRISTANIA: "Darkest White"
Son de los pocos que se han atrevido a desafiar los temas clichés del llamado "gothic metal", para abordarlos con un mayor grado de crudeza y menos sofisticación. Además, su mezcla de voces es alucinante.

10. ORCHID: "Mouths of madness"
Fieles discípulos sabbathianos, han logrado una colección de temas que recrean la atmósfera vintage con un dejo de contemporaneidad. Esto resulta en un disco fresco que no por serlo sacrifica oscuridad ni densidad.


METAL NACIONAL
 

1. ZOMBIEFICATION: "At the caves of eternal"
Death metal visceral y putrefacto con fuertes anclajes en la escuela clásica. Ha superado con creces a su primer disco: la producción es impecable y los riffs sacudidores. Un excelente balance de técnica y agresividad.
 
2. THE MEATFÜCKERS: "Porn again"
Asalto violento de thrash y death metal en su vena más auténtica, tal y como debe ser: asesino, sangrante y profundamente sexual. Se siente el hedor del subterráneo. 2013 es sólo la fecha de edición, pero 2014 será el año de The Meatfückers. Un clásico instantáneo.
 
3. ARIA INFURIATA: "De bronce"
Álbum dinámico, representante del sonido clásico del heavy metal, pero mejorado con la adición de elementos que matizan y ofrecen diferentes colores. Mucha atención a su discurso enfáticamente contemporáneo.
 
4. INFERNA: "Sathanas regimen spiritualis"
Black metal de genuina devoción satanista, poseedor de un aura filosófica punzante que se grita con ira blasfema entre laberintos sonoros de infecta negrura. Una alta expresión de artes ocultas y cavernosas. Acojonante.
 
5. MUTUM: "Premonitions of war"
Probablemente sea el primer álbum mexicano que verdaderamente puede hablarse de tú con los grandes monstruos del metal sinfónico: producción impoluta, voces prodigiosas y la arrogancia de una orquesta sinfónica completa.
 
6. GENOCIDE: "The vaults of grief"
Un disco en el que abunda la brutalidad pero también la inteligencia para no caer en un ruido atascado y carente de sentido: velocidad, blastbeats y guitarras técnicas. Grindcore y death metal para orejas exigentes.
 
7. WISH IN THE SILENCE: "Tragic memories"
Metal gótico sólido y mesurado, afianzado a los componentes originales del género pero traducidos a un lenguaje actual. Su técnica es sencilla y elegante, y sus arreglos brillan luminosos en medio de la desesperanza.
 
8. INFERUS SEDIS: "The reign ends"
Black metal de escuela noruega, con riffs repetitivos y fríos, y la constante de una batería proteica que da cuerpo y densidad a los temas. Un disco de esos que sólo pueden existir en el subterráneo: primitivo, salvaje, diabólico.
 
9. SEPTICEM: "Pleasures of war"
Death metal con la suficiente brutalidad para destrozar tímpanos y cervicales. Es veloz, extremo y muy grave, sin una sola intención de refinamiento. Toda una infección pestilente servida con profundo placer.
 
10. ERSZEBETH: "Equilibrio"
Un avance importante con respecto a su primer álbum: aquí coexisten en palpable balance los elementos melódicos, dramáticos, agresivos y hasta electrónicos, circundando la exquisitez de las voces operísticas.
 
 
Servido, amable lector. He aquí la síntesis de lo que con más frecuencia sonó en las bocinas de este humilde apicultor durante el agonizante 2013. Cincuenta discos de buena manufactura que garantizan solaz y esparcimiento para orejas aburridas. Búsquelos, escúchelos, atásquese y, si le gustan, no dude en compartir su opinión. Si no le gustan, entonces el buzón de esta Madriguera está listo, como cada año, para recibir sus cariñosas mentadas de madre. Y a ver qué depara 2014. A esperar.
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domingo, 22 de diciembre de 2013

BILLIE JOE + NORAH: "Foreverly" (2013)




¿Que motiva a alguien a grabar un disco de versiones, o más aún, a regrabar íntegro un disco que fue lanzado hace más de cincuenta años —en este caso, el "Songs our daddy taught us", de The Everly Brothers—? Tal parece que para Billie Joe Armstrong —sí, el mismo de Green Day— la respuesta inmediata podría ser la nostalgia, o incluso el cariño. La cosa es que ni la nostalgia ni el cariño bastan para hacer un buen disco, y eso lo sabe todo el mundo. Cuando un músico hace acopio de los güevos suficientes para aventarse el paquetazo de recrear temas clásicos, lo único que le queda es ofrecer una interpretación libre de mácula para no terminar causando lástimas y la irritación de legiones de fans de las versiones originales. Bien, pues el perpetrador de "Foreverly" —hasta eso, un título bonito— ha procurado cuidar este detalle y por eso no sólo respetó las melodías y cuidó los arreglos lo más posible, sino que además invitó a la jazzera más pop de los últimos años, la gentil Norah Jones, para ayudarlo con el caprichito. ¿El resultado?

Bien, el resultado es curioso, porque el autor original de la idea, es decir, Billie Joe, es quien más sale perdiendo: Norah lo opaca a él y la grandeza de las canciones los opaca a ambos. Y no es que lo hagan mal, de ninguna manera: los dos son buenos instrumentistas y por lo menos uno de ellos sí canta —guess who—; sus respectivas reputaciones los preceden y dan cuenta de las habilidades musicales de cada uno por separado. El problema es que al escuchar "Foreverly", es difícil separar méritos: es un muy buen álbum, sin duda, pero ¿qué tanto se debe a que las canciones son maravillosas —que de eso no hay ninguna duda— y qué tanto a la interpretación de sus ejecutantes? Es claro que no cualquiera logra rehacer doce temas de country-folk con la mano en la cintura y las suficientes cualidades evocadoras, pero tampoco debemos ignorar el hecho de que ya otras parejas musicales lo han hecho antes y con mejores resultados (Mark Knopfler y Emmylou Harris, con "All the roadrunning", de 2006; y Robert Plant y Alison Krauss, con "Raising sand", de 2007). Las voces de Billie y Norah se perciben cómodas durante el disco, pero insisto: a veces da la impresión de ser sólo una ilusión favorecida por la estructura casi perfecta de las canciones, lo cual no necesariamente es mérito de la pareja.

Al final, el gran logro del álbum ha sido —y no es poca cosa— el rescate cultural no sólo de un disco, sino de un género que no ha tenido la suficiente difusión entre las generaciones recientes. Si "Foreverly" sirve como pretexto para que más gente se eche un clavado en la historia del country y la música popular norteamericana —sobre todo los adolescentes, que tienen más probabilidades de llegar a esta música vía el frontman de Green Day que a través de Willie Nelson o Sheryl Crow, por decir algo—, entonces el esfuerzo de Billie Joe habrá valido la pena. No estamos hablando del disco del año, pero sí de un trabajo entrañable, que se deja escuchar y se disfruta entre suspiros, sonrisas y una que otra amarga lagrimilla. Parece que la nostalgia y el cariño no son tan malas excusas para grabar un disco de versiones, después de todo.
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domingo, 15 de diciembre de 2013

INFERUS SEDIS: "The reign ends" (2013)




A veces, distinguir las cualidades particulares de un disco de black metal es tarea compleja. Se trata de un género que frecuentemente tiende a la repetición de esquemas y que ofrece poco espacio para la novedad. Inferus Sedis no es la excepción, pero "The reign ends" tiene virtudes propias que hacen interesante su escucha. El sonido general del álbum se deriva de la escuela noruega, con riffs repetitivos y fríos, pero también con la constante de una batería proteica que da cuerpo a los temas. La banda ha sabido rodear su música con un halo maligno, que crea la sensación de estar escuchando los ecos de algún ritual ocultista celebrado en el interior de una vieja catacumba. En ese sentido, las atmósferas logradas son densas y completamente alejadas de la luz; y es que el debut de Inferus Sedis es un disco de esos que sólo pueden existir en el subterráneo y para el subterráneo: es primitivo, salvaje, diabólico.

De los siete tracks que conforman "The reign ends" destaca el tema homónimo, por la paradójica pero bien ensamblada convivencia entre blastbeats poderosos y riffs de guitarra con ánimos distímicos; "Total holocaust", con su espíritu a la Carpathian Forest; y "Army of Sathanas", cuyo trepidante ritmo de marcha simula un ejército de caballos endemoniados galopando desde el mismísimo averno. También vale la pena detenerse en el tema final, "Melancholy of the horned", pues se trata —no solamente en el título, también en su estructura— de una cruda deprecación a la melancolía, por momentos cercana a los abismos del black metal depresivo pero sin amaneramientos ni dramas de mozalbetes emo, sino todo lo contrario: es un aullido violento que se hiende con ardor en la más honda negrura.

En resumen, todo aquel que disfrute con el sonido clásico del black, sin duda disfrutará de "The reign ends": veinticinco minutos de peste negra esparcida con cruda determinación y ferocidad impía, en formato CD-R limitado a 100 copias. Completamente underground, tal y como le gusta a Satanás. Muy buen disco.

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jueves, 5 de diciembre de 2013

ARIA INFURIATA: "De bronce" (2013)




Generalmente (prejuicios de apicultor) yo no espero demasiadas sorpresas en un disco de heavy. Menos aún en tiempos donde el descarado plagio de estilos se ha vuelto casi una norma entre muchas bandas de metal. Por eso disfruto tanto cuando un álbum es lo suficientemente bueno para sacudir esos prejuicios, porque entonces el disco en cuestión posibilita el reencuentro con géneros que a veces damos por desgastados. "De bronce" es esa clase de disco.

¿Por dónde empezar? Se puede decir que es un álbum vigoroso, que sus ejecutantes demuestran un alto nivel de habilidad y técnica o que el rango de su vocalista es amplio y con fantásticos agudos; pero la verdadera sorpresa con Aria Infuriata es que se trata de una agrupación gratamente dinámica, una banda que conoce a la perfección el heavy metal y que por eso logra reproducir un sonido clásico (con la fuerza y la energía que ello requiere), aunque mejorado con la adición de elementos que matizan y otorgan a la grabación un contexto de contemporaneidad. Así es, amable lector: "De bronce" no es el típico disco que usa el argumento de la "vieja escuela" como justificación para el sonsonete anquilosado. Al contrario: resulta difícil entender el surgimiento de este álbum en cualquier otro momento histórico, pues su línea discursiva pertenece decididamente al México del siglo XXI. Basta escuchar con detenimiento cada tema para notar de inmediato que este es un disco que sólo pudo haber nacido en el aquí y el ahora: entre la angustia de la globalización, la realidad del cambio climático y la crisis de los sistemas políticos mundiales. Aria Infuriata ha entregado una obra enfáticamente contemporánea con amplias posibilidades de trascendencia por lo vigente de su discurso letrístico y musical, y por eso resulta tan grato escucharlos.

"De bronce" ofrece, en sus más de sesenta minutos de duración, una gama de variaciones que, al ser yuxtapuestas, permiten que el oyente perciba un disco de diferentes colores: de los medios tiempos y orgullosos coros en el tema homónimo, a los estruendos de la sección rítmica y las lenguas llameantes del teclado y guitarras en "Tormenta de fuego" o "Nosotros somos más". Incluso los temas que aparentan ser más genéricos ("El tercer planeta", por ejemplo) tienen un diseño escrupuloso que evita que el álbum baje de nivel. Por otro lado, la banda hace gala de su gusto por los excesos en dos temas de más de diez minutos que harán las delicias de cualquier amante de la progresión: "Ítaca", con su detallada parte instrumental; y la final "Fray Bestia", que cierra con denuedo tanto por introducir una variante atractiva al discurso predominante en los nueve temas anteriores, como por el recubrimiento de la canción: airados cambios de tempo, y un intro e interludio de expresión barroca que redondean la construcción de su propuesta temática.

No es secreto que los discos largos conllevan el riesgo de volverse monótonos, pero Aria Infuriata ha sabido administrar sus cartas para soltarlas estratégicamente en el transcurrir de éste, su debut discográfico. Sí, se trata de un álbum que probablemente no reproduzca usted muy frecuentemente de principio a fin, pero vale la pena sentarse de vez en cuando a hacerlo, para observar con calma cada una de sus palpitantes capas. En tiempos donde no todo lo que brilla es oro, da gusto que las cualidades del bronce resplandezcan de manera tan genuina como en esta banda. No tenga duda, amable lector, el brillo de Aria Infuriata es real.

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domingo, 10 de noviembre de 2013

HOCICO EN SAN LUIS POTOSÍ




"Donde manda el perro, se ata al amo".
-Proverbio español

Sábado 9 de noviembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, San Luis Potosí.
Biomortek, Larva, Hocico.

Un par de aullidos sonaron en lontananza: aún no eran suficientes, pero ya dejaban entrever que la rabia se esparciría pronto, como el trazo de una epidemia anunciada que en su forma final sería devastadora, pero que apenas empezaba a esparcirse como se esparce un virus: sigiloso, calmo, como esperando burlarse cuando las víctimas intenten detenerlo sin saber que es demasiado tarde. De esa forma entró Biomortek: cuando lo notamos, ya habíamos sido contaminados. La plaga ascendió en forma de pulsaciones industriales y guitarreos electrificados. Si alguien escribiese una historia en donde convergieran los virus computacionales y la guerra bacteriológica, probablemente Biomortek sería una buena banda sonora para acompañar el relato. Apenas iniciaba la noche y ya había una primer tormenta de riffs y cólera mecanizada que, a pesar de la agresión, se daba el tiempo para aseverar, irónica, que in heaven, everything is fine.

Pero las mentiras suelen caer por su propio peso, sobre todo cuando el nombre del tour advierte que en estos días se camina sobre el fuego. Por eso fue difícil creer que nos encontrábamos en el cielo: porque en el cielo no habría peste ni larvas inmundas. Y esa noche, en el Steel Metal Bunker, hubo larvas. Incubaron en su seno perversas canciones de cuna con olor a miedo, frutos malditos que se escurrieron como lepra para obsequiarnos lo que quedó de la orgía: semen radiactivo eyaculado sobre las orejas de un público que mamó el histrionismo de Larva, una banda que a pasos firmes se consolida como una de las mejores propuestas del subterráneo mexicano. Escucharlos es recuperar la fe en las vertientes modernas del metal, pues la efervescencia venenosa que abunda en sus temas contiene suficiente creatividad e inteligencia para demostrar que no están jugando, que su ira es de verdad y que infecta con denuedo y arte homicida del siglo XXI. Sin tomar en cuenta las reputaciones que preceden a cada banda, es perfectamente posible asegurar que Larva, más que un acto telonero, probó ser un monstruo que también sabe lanzar dentelladas y que se ladra de tú hasta con el propio Cancerbero.

Y hablando de perros del infierno, los aullidos que otrora resonaban a lo lejos, de repente se volvieron cercanos: cuando volteamos, sus fauces ya babeaban nuestras orejas y entre jadeos colmilludos susurraban que esa noche bailaríamos con el diablo. No hubo más remedio que creerles; después de todo, tanto la mitología como la tradición nos han dejado bien claro que una de las formas que más le gustan al demonio es la del perro. Y así se manifestó: mordelón, colmilludo, espumoso. Erk y Racso demostraron que, después de veinte años en activo, Hocico aún tiene hambre y odio bajo el alma. La violencia sonora y escénica del dúo marcó territorio, y montó a su público que gustoso se puso en cuatro ante la indicación de "sólo coge, pinche perra". Dos machos alfa, cientos de tarascadas electrónicas y una jauría en celo que se agitaba trémula y roñosa. Ese par de dientes caninos llegaron hasta los huesos y mascaron con deleite la carne cruda de los allí presentes. Da miedo imaginar el próximo ataque de Hocico.

Abraham Lincoln dijo en alguna ocasión: "más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él". Y ahora mismo, mientras escribo esto, no se me ocurre sino dar gracias porque durante esa noche de infecciones, larvas y cánidos nadie parecía conocer dicha frase. Aún arden las mordidas sobre la carne viva, pero valieron la pena. Vaya que valieron la pena.
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viernes, 1 de noviembre de 2013

CADAVERIA EN SAN LUIS POTOSÍ




"Así, frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como creación; otra, de regreso, que se expresa como fascinación ante la nada o como nostalgia del limbo".
-Octavio Paz


Jueves 31 de octubre de 2013, 22:00 hrs.
San Luis Potosí, S.L.P.

Y celebramos la Muerte. La fecha era idónea y el hálito sibilino; así como ella, cuyo estertor penetraba con violencia y abría heridas en la superficie de la noche: ofrecimiento e invocación. No siempre se tiene la suerte de participar en el ritual del Horror Metal en pleno 31 de octubre. Y es que el festejo no exime a nadie del horror: acaso por una suerte de mecanismo de defensa que posibilita la mutación de los más profundos miedos en su opuesto semejante. Por eso celebramos la Muerte, al amparo de los evangelios según Cadaveria: hembra taumaturgia, mujer nahual, y sí: señora de las sombras.

Verla a los ojos mientras canta es extraño: como un híbrido imposible entre Medusa y Nereida, como una suma de energías que petrifica el alma y se encaja en los oídos, que impone y fascina por lo oscuro de su naturaleza. La banda esparcía su culto en suelo potosino y el público supo recibir la maldición con agrado. En el principio fue "Apocalypse", con sus referentes a la mitología Maya y guitarreo blacksabbathiano; una canción enorme cuyo final fue enlazado con otro de los temas fuertes del "Horror Metal": "The days of the after and behind", que levantó las primeras oraciones en coro de parte de los asistentes. Las dos mejores canciones que la banda pudo elegir para abrir el recital. Enseguida hubo que pausar el horror abstracto a favor de uno más palpable, del tipo venenoso, del que se inocula en la sangre: "Memento audere semper" y "Anagram" fueron las únicas visitas de la noche a aquel fabuloso "In your blood", pues a continuación irrumpió en el ambiente el riff principal de "Death vision" para provocar la histeria casi inmediata. Una reacción masiva a la que Cadaveria debe estar más que acostumbrada.

La siguiente parte del ceremonial fue dominada por el aura retorcida del "Far away from conformity". Cuando nadie lo esperaba, llegó la dentellada y el extrañamiento: "Blood and confusion"; en seguida, una espeluznante "Flowers in fire" sembró de llamas el camino para recibir la sacudida (corporal y extracorporal) de "Out body experience". Luego, un interludio de guitarra y un incremento en la rabia que se propagaba iracunda con los golpeteos de "Eleven three o three". La posesión era evidente en la mayor parte del público, cuyos cuerpos se agitaban como si fuesen movidos por una fuerza superior a ellos mismos; por eso, con el ímpetu de quien se sabe conocedor de la Muerte y las energías oscuras, Cadaveria pronunció su palabra final en forma de sentencia: "Assassin" retumbó con atrocidad hiriente para hacer sangrar la última llaga. Y hasta la penumbra lo sintió.

Pero hubo encore. Claro que hubo encore. Después de todo nos encontrábamos frente a una genuina bruja, y ella se encontraba —y se le notaba— feliz de tener a disposición de sus hechizos la noche más importante del año. Samhain. Halloween. Era hora de volver al origen, de reverenciar los ciclos; el medio: "Circle of eternal becoming". Entonces el crescendo ocultista devino en la conclusión más lógica: cómo no cerrar con "Spell". Más allá de ser un lugar común, anoche la canción reveló todo su poderío, y funcionó como una perfecta declaración de principios. La muerte, el horror, no son soportables para todos: la naturaleza humana es temer a lo que amenaza la integridad personal; pero cuando el rito es conducido por alguien que domina a la perfección sus territorios, entonces abandonarse a las tinieblas es un auténtico placer. Y Cadaveria siempre es un placer. Excelente concierto.
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domingo, 27 de octubre de 2013

ELLA Y EL MUERTO: "Ella y el muerto" (2013)




Si usted no sabe quién es ella, mejor ni le mueva. Déjelo así. Recuerde que el que busca, encuentra. Y si además desconoce usted los antecedentes musicales del muerto, qué mejor. A veces es preferible hacer caso omiso a las reputaciones, y pensar que lo que se escucha es perpetrado simplemente por una astronauta desconocida y su unicornio mágico del desierto. La bronca es que no existen muchos discos grabados por astronautas y unicornios, así que no podemos compararlos contra otros de su calaña, pero si hubiera qué juzgar a todos los astronautas y unicornios a partir de las costumbres musicales de Ella y el Muerto, entonces podemos deducir que ambas especies son unas copionas.

Y no es que el disco sea tan, tan, tan malo, la verdad; pero los amiguitos del desierto han cometido dos graves pecados a la hora de componer: son pretenciosos e ingenuos. Pretenciosos porque intentan sonar oscuros, industrialones, ensombrecidos. Ingenuos porque su idea de oscuridad es algo parecido a apagar la luz de su cuarto y abrazar a sus peluches mientras se quejan del amor y desean en silencio que el Coyote se coma al Correcaminos. El álbum debut de Ella y el Muerto quiere tener influencias del synthpop y el darkwave, pero lo cierto es que se parece más a un diario de quinceañera emo. Sus melodías son monas, pero lamentablemente nunca acaban de despegar: lo que debería ser una metralla rabiosa de beats puntiagudos que se clavan en las orejas, se queda en inofensivas notitas que tiemblan como la mano de un niño que busca algo de valor para hundirse tantitito la navaja en el antebrazo, nomás pa' ver lo que se siente. Ella trata de sonar como Shirley Manson pero se parece más a María Barracuda. Al muerto le hubiese gustado ser Trent Reznor, pero le faltan pulgadas y se le nota más la influencia de Belanova.

Con todo lo anterior, podría suponerse que el disco es desastroso, pero insisto: eso no es del todo correcto. Tiene canciones pegajosas, de esas que se antoja canturrear luego de escucharlas un par de veces, pero nada más. Si anda usted de simplón, puede que el CD le ambiente una tardecilla nublada de fantasías suicidas adolescentes, e incluso da para unos cuantos días en el iPod; la cosa es que tras varias orejeadas el álbum pierde en lugar de ganar: su estructura se revela monótona y repetitiva hasta que uno dice: "bueno, pues a lo que sigue". Tal vez si su intención hubiese sido abiertamente pop, habrían construido algo más atractivo, porque tienen facilidad para crear canciones con potencial, pero en este caso la decoración elegida no suena muy creíble que digamos.

Ella y el Muerto pueden ser un proyecto con futuro, todo depende de que aclaren sus ideas y terminen de darle una forma lógica a su concepto: o se dedican de lleno al pop sin disfraz de día de brujas —pues tienen las herramientas necesarias para hacerlo muy bien—, o demuestran que de verdad tienen los arrestos para descender al infierno y regresar para hacer sangrar las orejas de sus escuchas —opción que definitivamente requerirá muchísimo más trabajo y experiencia—. De otro modo, están tristemente condenados a seguir siendo una Tutsi Pop edición especial de Halloween. Habrá que esperar...
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domingo, 8 de septiembre de 2013

THE ANCIENT GODS RETURNS (Steel Metal Bunker, S.L.P.)

 



Sábado 07 de Septiembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, S.L.P.
El Ahorcado, Dies Irae, Zombiefication, Agony Lords.

 
Pinche sábado de mierda. Primero murió ella: señora. Sin palabras. Después murió él: buen perro. Dieciséis años. Sin palabras. Llueve. No hay truenos: lluvia bondadosa. Es un buen día para morir. La noche: un tributo a la muerte. El soundtrack: metal. Buen metal. Lugar: Steel Metal Bunker (¿hay otro?). Nueve y media de la noche. Llego tarde. Media canción de la banda abridora: no es suficiente para juzgar. Ni modo. Primer trago: azteca de oro. La lluvia no perdona. Siguiente banda: El ahorcado. Doom. Stoner. Nombre perfecto para una banda que asfixia. Que rompe cuellos. Denzura. El entorno es lúgubre y el muerto ruge. Gruñe. Un gruñido de ahorcado: dolor. Muerte. El patíbulo listo y el público morboso: el espectáculo de la muerte: público voyerista. Dolor sonoro. Un bajo doloroso. Como la lluvia: cala en los huesos. Pregunta: ¿cuántas bandas entienden el rock hoy en día? Respuesta: pocas. Muy pocas. Una de ellas: El ahorcado. Huele a muerto. A muerto fresco. Un muerto (ahorcado). Dos muertos (ella: señora). Tres muertos (él: buen perro). Segundo trago: azteca de oro. Tres canciones: largas: como el camino al otrolado. Morir en la horca: en el stoner: en el doom. Excelente banda.
 
Pausa: varios minutos. Tercer trago: azteca de oro. Tercera banda: Dies Irae. Fallas técnicas. Dos músicos en escena: cátedra de buen gusto. El metal en evolución. Jódete, simpleza. Todo es post: post-rock. Post-metal. Post-música. Post-Dies Irae. ¿El espectáculo? Para todos. ¿El entendimiento? Para pocos. Chinguen su madre, etiquetas. Progresión: en abundancia. Innovación: en justa medida. Fraseo jazz: dosificado. Originalidad: la necesaria. Simpleza: no es para ellos. El que entendió, entendió. Dies Irae: compra obligada. ¿La muerte? Continúa presente. Su forma: mística. Espiritual. Trasciende aromas: penetra en el alma. La muerte en un velo: velos secretos de pasión. Cuarto trago: azteca de oro.
 
Pausa: varios minutos. Cuarta banda: Zombiefication. Estoy aquí por ellos. Huele a muerto. Muerto descompuesto. De meses. De años. De eternidad. De las cuevas de la eternidad. Muertos vivientes: que muerden. Que gritan. Que desgarran. Que aúllan por nosotros. Recuerdo a mis muertos. Death metal. Clásico. Vieja escuela. Viejísima. Suena duro. Suena fuerte. Apesta. Rompe madres. Un grito violento y se rasga la noche. Invocación. Su efecto: revivir cadáveres. Si Cristo pudo, todos podemos. Incluso ella (señora). Incluso él (buen perro). Potentes riffs. Puños en alto: horda de zombies. Violentos. Posesos. Ávidos de vísceras. Y la banda es visceral. Reparte el banquete: trozos de carne en canciones. Lo devoramos. Lo engullimos. Carne muerta. Sangre podrida. La carne y la sangre suenan: suenan a metal. A death metal. ¿Le gustaría a Romero? Puede ser. Quinto trago: azteca de oro. Mis muertos hablan. Yo escucho. Escucho y bebo. Huele a podrido. Zombiefication: compra obligada.
 
Pausa: varios minutos. Sexto trago: azteca de oro. Más muerte: agónica. Larga. Tormentosa. Agony Lords. Banda estelar. El momento: la post-muerte. No la de ella (señora). No la de él (buen perro). Es la propia: la lenta agonía. El largo tormento: el duelo. Más alcohol (¿sí van siete?). El sonido: técnico. Complejo. Intrincado. Como el duelo. En efecto: son amos. Amos embrujados. Como su tumba. Quizá como sus tumbas. No me atrevo a pensarlo. Termina el show. Resultado: un culto. Culto a la muerte. Culto sonoro y culto en carne viva. Carne fresca. Podrida. Revivida. Trascendida. Polvo eres, pienso. Qué original. El pinche sábado ya no es tan pinche. Ni tan mierda. Aún tengo a mis muertos. Pero la muerte ya es mi amiga. Somos íntimos. Sólo que ella no lo sabe. Quizá no es verdad. Quizá es el alcohol. Quizá la música. Qué más da. Al final, me quedo con ella. De todas formas me seguirá visitando. Y será mejor que me encuentre escuchando death metal. Eso que ni qué. Por cierto, excelente concierto.
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lunes, 26 de agosto de 2013

ENSAMBLE KAFKA: "Ensamble Kafka" (2013)




La música contemporánea hace ya rato que ha encontrado en México un territorio fértil para desarrollarse y generar propuestas de alto valor artístico. La suma del trabajo de compositores, instrumentistas, cantantes y demás protagonistas del fenómeno amplía paulatinamente el panorama, y sobre el camino van naciendo proyectos con personalidades cada vez más definidas. Ensamble Kafka es uno de esos proyectos. Su disco homónimo, compuesto y arreglado en su totalidad —salvo un par de adaptaciones— por Steven Brown y Julio García es un gaudeamus de metales (trompeta, tuba y trombón) y lengüetas (saxofón y clarinete) en próspera convergencia con guitarras, requintos y elementos electrónicos, cuyo punto de encuentro se entiende a partir de su concepto de "ensamble" y se hace patente en una atmósfera de puro realismo mágico.

Efectivamente, el término "ensamble" es el que mejor permite que este conjunto aparezca, taumatúrgico, en la bruma que nubla la división entre la música contemporánea, la tradición oaxaqueña y una suerte de post-jazz estilizado; pues los músicos logran, sin pertenecer a cualquiera de estos tres espacios, desenvolverse con la soltura que todos ellos exigen. De ahí que su música tenga la cualidad de generar figuras tan diversas, ricas en matices y de gran exquisitez melódica —acaso por el tipo de instrumentos preponderantes—. Cabe aclarar que, en los once cortes que conforman este debut, impera la formalidad de la estructura "clásica": no hay en el álbum una sola nota que no haya sido previamente trazada y estudiada, pues su lenguaje es ajeno a la dinámica de la improvisación que encontraríamos, por ejemplo, en una jam session o en un ensamble de jazz como habitualmente los conocemos. Incluso podría decirse que en Ensamble Kafka el componente jazzístico es más una ilusión auditiva —sostenida por la dotación instrumental— que una realidad explicada por las mismas composiciones. Otra característica sobresaliente —e indiscutible punto fuerte— de este trabajo son los continuos visajes que realizan las guitarras, o los ocasionales entramados electrónicos que enriquecen con maestría las rutas de cada pieza, pues su oportuna aparición subraya el carácter laberíntico de un disco cuyo diseño armónico exige múltiples escuchas antes de lograr descifrarlo en su totalidad, si es que esto se logra.

Totalmente alejado de las definiciones sencillas, Ensamble Kafka es un proyecto único, dueño de una autonomía —con respecto a los géneros— que le ha permitido configurar con éxito un estilo cuasigestáltico, donde el patrón holístico es el motivo principal para la música, y la percepción del oyente es vulnerada por un cúmulo de desafíos audibles que, se resuelvan como se resuelvan, invariablemente conducen a una aventura fascinante. Ensamble Kafka es, pues, una sucesión de estampas expresionistas con gradaciones istmeñas. Muy probablemente la mejor grabación que ha salido de México en lo que va del año.

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miércoles, 7 de agosto de 2013

GENOCIDE: "The vaults of grief" (2013)




Hay estilos musicales cuya estructura no admite innovaciones, puesto que cualquier variante en su sonido germinal trastocaría completamente el género y lo convertiría en una versión pervertida de sí mismo. Tal circunstancia limita tarde o temprano las posibilidades de quien ejecuta el género, y aumenta la probabilidad de caer en un sonido pobre o repetitivo. El grindcore es un buen ejemplo de lo antes mencionado, aunque por fortuna aún parece haber bandas que no encuentran en ello una excusa para estancarse en su zona de confort sino, por el contrario, para ofrecer una visión renovada —que no necesariamente evolucionada— de tal estilo.

Los mexiquenses Genocide son una banda de grindcore y death metal que conoce sus terrenos lo suficientemente bien como para manejarlos con astucia, y prueba de ello es éste, su cuarto larga duración, "The vaults of grief": un disco en el que abunda la brutalidad pero también la inteligencia para no caer en un ruido atascado y carente de sentido Se trata de un álbum veloz, lleno de blastbeats que merecen respeto, y un trabajo de guitarras más técnico de lo habitual en el grind. Su sonido base cuenta con una sagaz interpolación de elementos del death metal —tanto en los riffs como en los registros vocales, que se balancean entre lo gutural y lo crepitante— que alcanzan niveles realmente interesantes a lo largo del plato —un claro ejemplo es el último tema, "Our is the Xib'alb'a", con todo y su extraño epílogo de guitarras limpias—. Pero eso no es lo único que distingue a "The vaults of grief", ya que su verdadero valor se aprecia en los detalles: constantes variaciones rítmicas que fuerzan al oyente a reconstruir la canción mientras la escucha, breves escarceos con los medios tiempos que aumentan la intención ominosa —"The time compass"—, e incluso guiños a otras corrientes del metal extremo, como ese fabuloso guitarreo thrashero en "Bloodshit".

En resumen, "The vaults of grief" es una obra que satisfará el oído del grinder más exigente. Es un trabajo que goza de contundencia, impacto y bestialidad pero que no está hecho a lo pendejo. Incluso su presentación física y su sonido —se agradece que no lo hayan grabado con los intestinos, como tantos otros que creen que eso les otorga autenticidad— son profesionales. Pero no temáis, metaleros: ésto sigue perteneciendo a las más oscuras bóvedas del underground... ¡y del bueno, carajo!

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martes, 30 de julio de 2013

RUSSKAJA: "Energia!" (2013)




Así como ningún seguidor ortodoxo del género consideraría a Gogol Boredello una banda punk, dudo mucho que cualquier iniciado en la música extrema acepte a Russkaja como una banda de metal; no importa que cuenten con el beso de la muerte de Napalm Records, ni que su música tenga la constante de guitarras trabajadas a lo thrash, pues aunque están ahí, lo cierto es que la mayor parte del tiempo se dedican a disparar una suerte de rock acelerado mientras la sección de metales y el violín se descoyuntan en su marcha presurosa.

"Energia!" es un disco loco, hecho por gente loca. Apenas empieza y despega veloz con la potencia del cohete que le presta su nombre (el Energia, uno de los cohetes más poderosos, lanzado por la extinta URSS a finales de la década de los ochenta). Y es que la experiencia de escuchar el álbum es más o menos así: subir a la nave una colección de las más enjundiosas canciones rusas, un grupo de danza tradicional —también ruso, por supuesto—, mucha nitroglicerina, ritmos de la Europa Oriental, músicos hiperactivos con delirios de astronauta y un vocalista de garganta que raspa pero no lastima, preferentemente fanático de los coros gritones. Se designa como capitán de la misión a Goran Bregovic en pleno viaje de éxtasis y listo. Tres, dos, uno... ¡despeguen!

¿En qué se entretienen los tripulantes durante el ascenso? Básicamente en crear las polkas más rockeras de toda la carrera espacial, y también las más promiscuas, pues a menudo escuchamos que les gusta cachondear con el reggae ("Barada") o el ska ("Autodrom"); pero igual le entran con todo y meneo de caderas a las danzas turcas ("Istanbul") y a los arreglos estrambóticos de una big band borracha. A veces les gusta subir el volumen a las guitarras y agregarles más distorsión ("Dikije deti"), pero luego recuerdan que su misión se explica en una sola palabra —repetida un par de veces para mayor énfasis—: "Tanzi, tanzi!". Por supuesto, la mayor parte del tiempo la comunicación entre el cohete y la Tierra se desarrolla en ruso, aunque a veces también en alemán y con sólo unos breves espacios para el inglés, turco y un par de jocosas líneas en español ("Ajajaj") que aseguran que "todos los chicos están enamorados". Casi tan bizarro como cuando los Super Furry Animals cantaban "¡Soy superbien, soy superbien!".

Con toda esta intensidad contenida en tan reducido espacio, "Energia!" es un boleto seguro a un trayecto explosivo. Es un álbum extraño, sí; descontextualizado, puede ser. Los amantes de la guorld miusic tal vez le huyan por temor a desquiciarse, y mucha gente del rock/metal quizá no esté del todo lista para acoger tanta algarabía entre unos cuantos riffs de guitarra; pero eso sí: bien podría ser el disco más original y divertido del verano. Basta con que uno se anime a treparse a la nave.

(Web oficial: http://www.russkaja.com/)
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martes, 16 de julio de 2013

MUTUM: "Premonitions of war" (2013)




Vaya sorpresa. He aquí un disco de metal made in Mexico que, sin reservas de ningún tipo, puede colgarse y presumir orondo la etiqueta de "sinfónico". Grítalo bien fuerte, Mutum: "Premonitions of war" es quizá el primer álbum mexicano que realmente puede hablarse de tú con los grandes. Y no es que no existan otras bandas en nuestro país de iguales aptitudes —las hay, y muchas—, pero en términos de producción y rimbombancia, este segundo opus de los regiomontanos destaca considerablemente. Atrás quedaron los tiempos del "Redemption", en donde hubo que satisfacer los anhelos orquestales con forzada modestia y una voz que no era mala, pero que tampoco llevaba al grupo hacia la pretendida dirección. Eso fue en 2006. Hoy, siete años más tarde, "Premonitions of war" se asoma a los estantes, y lo hace con tal brío que hasta parece otra banda.

Es verdad: el sonido de la agrupación se puede ubicar perfectamente a medio camino entre los After Forever post-"Decipher" y la más descarada escuela Nightwish; y aunque en nuestro país es común encontrar bandas con estas influencias debajo de cualquier piedra, lo difícil es que sus trabajos, a la hora de ser grabados, gocen de una calidad de audio tan límpida como las de las bandas mencionadas. Pues bien, Mutum no sólo ha conseguido una producción impecable; además se ha permitido la puntada de contar con una orquesta sinfónica de más de cincuenta miembros —entre instrumentistas y cantantes— que lucen y se dan vuelo durante todo el disco, conversando abiertamente con la banda en lugar de sólo limitarse a subrayar pasajes. Y lo que da más gusto es que los compositores decidieron sacarle todo el jugo posible a esta —ya de por sí— enorme ventaja, a través de arreglos sumamente cuidadosos que permiten la apreciación de todas las secciones: coros en distintas combinaciones, cuerdas, alientos y metales en alborozado cortejo con guitarras powermetaleras, segmentos acústicos, teclados progresivos y hasta pianos de esos que amainan tempestades.

Otro cambio a destacar en los nuevos Mutum es, sin duda, la voz principal. Myrthala Bray se inscribe en la tendencia de los registros dulzones, accesibles; pero apenas los requerimientos de la canción cambian, es perfectamente capaz de mutar a la coloratura soprano de manera fluida, natural y hasta bella. Es fácil notar que la chica tiene una formación profesional, pues no sólo se le percibe cómoda, sino que encaja a la perfección en los entornos sinfónicos. Pero aún si decidiéramos despojar a los temas de sus vestiduras orquestales, es casi seguro que éstos conservarían su atractivo por el simple hecho de que se trata de buenas canciones, con melodías emocionantes que funcionan por lo pegadizo de su estructura (escúchese el estribillo de "Beyond the sun" e intente no tararearlo durante todo el día; verá que es tarea difícil): llenas de fuerza épica y de flirteos —en el mejor sentido del término— con la energía del buen pop.

Ciertamente, no es secreto que para muchas personas este estilo de metal ya dio lo que tenía que dar, al grado de que se ha vuelto un subgénero predecible y anodino, que actualmente parece encontrarse en una etapa en la que sólo da vueltas alrededor de los mismos tópicos. Pero todo indica que Mutum conoce bien el secreto para mantenerse lozanos, y acaso éste consista en dejar de buscar la originalidad —esa se perdió hace mucho, y fue privilegio de unos cuantos—, y apostar a favor de la técnica, la ejecución impoluta y el derroche de recursos que vuelven la experiencia vibrante y capaz de emocionar como lo harían los efectos especiales en una película cuya historia probablemente ya hemos visto antes. Seamos honestos: tal vez el mundo no necesitaba otro disco de metal sinfónico, pero cuando se hacen con este orgiástico despliegue de excesos, por supuesto que sigue dando gusto escucharlos. Y eso sin mencionar que en el contexto nacional se trata de una verdadera novedad.

Por cierto, ya que andaban de despilfarradores, ¿por qué el álbum dura sólo treinta y nueve minutos? Ya no hay moral...
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miércoles, 12 de junio de 2013

JAMIE CULLUM: "Momentum" (2013)




Hace poco, a mitad de una conversación entre amigos, surgió el nombre de Jamie Cullum. Uno de los involucrados, al escucharlo mencionar, afirmó con cierta candidez: "ah sí, es uno de los mejores músicos de jazz que conozco". Este humilde apicultor estalló en carcajadas, pero la adusta expresión en el rostro de mi interlocutor me confirmó lo que segundos antes me había yo negado a creer: el susodicho estaba hablando en serio. Parece mentira, pero a estas alturas del partido aún hay quien se empecina en colgarle al músico inglés la etiqueta de jazzista, cuando Cullum hace mucho que dejó de pertenecer —aunque fuera por encimita— de forma pura a dicho género. Lo de menos es si sus lejanas incursiones en aquellos terrenos gustaban o no —con frecuencia las opiniones al respecto se hallan divididas—; la cosa aquí es que el empeño en verlo como lo que ya no es, merma la posibilidad de evaluar en su justa medida lo que sí es: un digno músico pop con una propuesta respetable.

"Momentum" es el sexto disco de estudio de Cullum: un álbum contagioso, de melodías atinadas, con algunos puntos altos y otros que se quedan en el camino. No necesariamente se trata de un trabajo imaginativo, pero sí enérgico y saludable; tiene canciones de esas que se pueden cantar en la ducha o tararear durante todo el día, y aunque hay momentos en los que es fácil distraerse de lo que ofrece, podemos decir que se trata de un buen disco a secas. Los temas más afortunados en "Momentum" son aquellos que cuentan con estructuras "austeras", como la abridora "The same things" con su persistente línea de percusiones, "Everything you didn't do" con un buen protagonismo compartido entre el piano y el órgano, o "Sad, sad world", conmovedora aún a pesar de —o quizá precisamente por ello— su tristeza de película adolescente. También vale la pena la pegadiza "When I get famous", teñida de metales; así como un par de versiones decentemente arregladas: "Love for sale" —con un incómodo rapeo a media canción, pero salvada por el buen abordaje de Cullum— y "Pure imagination". Por otra parte, los momentos menos acertados son aquellos en donde se cae en la balada intrascendente, pues algunas de ellas parecen ser temas de relleno, dignos de cualquier banda inglesa estilo quiero-ser-el-próximo-Coldplay. "Save your soul" o "Get a hold of yourself" son claros ejemplos del lado más genérico de "Momentum".

En cuanto a las letras, no es que tengan mucho qué decir: lugarcillos comunes por aquí y por allá, y uno que otro momento destacado. Afortunadamente esto no estorba a la hora de disfrutar el disco, porque eso sí: los arreglos vocales son pegajosísimos; es claro que en este álbum se ha prestado mucha atención a las armonías en los coros, y eso ayuda a que el aspecto final de las canciones sea más atractivo. Cierto, la voz de Cullum no ha variado mucho: sabe que no es y nunca será Tom Waits, y por eso sigue haciendo gárgaras con rompope para que le salga una minicarraspera de cuando en cuando; pero se trata de una voz fresca y decorosa que puede satisfacer las exigencias de cualquier buena canción pop.

En conclusión: "Momentum" no es ni pretende ser un disco de jazz. Es un álbum veraniego que se puede poner como música de fondo en cualquier fiesta, llevar en el iPod camino al trabajo, cantar a todo pulmón en el estéreo del auto, o escuchar con atención en una tarde de ocio. Es agradable al oído y seguramente será la banda sonora del verano para los fans del inglés, pero al resto de la humanidad no le pasará nada si no lo escucha —aunque tampoco creo que eso incomode mucho a su autor, la verdad—. En todo caso, es mucho mejor que el pretencioso Michael Bublé.

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miércoles, 5 de junio de 2013

ORQUESTA BASURA: "Desecho en México" (2012)




Para tomarse realmente en serio la palabra "kitsch" hay que tener harto sentido de la ironía y suficiente buen humor, pues de no ser así, el artista con tales intenciones queda atrapado en una singular paradoja: o considera su propio trabajo como basura —lo que significaría un golpe directo al ego— o no lo hace —en cuyo caso, implicaría reconocer que se ha fracasado en la creación de una obra kitsch—. Bien, pues con la Orquesta Basura eso no es un problema, puesto que todo lo que se escucha en el inmundo "Desecho en México" es, literalmente, basura. Sus propios perpetradores —que no pepenadores— así lo han dispuesto, y les ha dado resultados favorables.

Orquesta Basura es un cuarteto del Estado de México que ha llamado la atención por lo original de su premisa: crear instrumentos musicales a partir de materiales reciclados que van desde raquetas y tubos de PVC, hasta cajas, botes de pintura o cacerolas. Por supuesto, lo novedoso del proyecto es que la agrupación compone e interpreta toda su música con tales instrumentos y, contra todo pronóstico, suena bastante bien.

"Desecho en México", primer larga duración oficial de la banda, es un disco que transcurre de principio a fin en Desechécuaro, ciudad imaginaria, cuna de historias cotidianas que se viven y se bailan al son de ritmos preferentemente viejos y —¡oh, contradicciones de la vida!— limpiamente ejecutados. Es fácil caer en la suposición de que, por tratarse de música interpretada con instrumentos "informales", lo que escucharemos serán melodías simplonas o poco exigentes, pero lo cierto es que a los basuros parecen gustarles los retos y confían en su formación académica, por lo que se avientan el paquete de probar lo mismo con el jazz —a la manera dixieland, swing o manouché— que con el foxtrot, las tarantelas y hasta el folclor ruso y mexicano, sin perder la ocasión de desfachatarse con una cumbia sabrosona en versiones regular y sonidera. Y sí, salen bien librados. Un razonamiento inmediato tal vez haga pensar a más de uno que los instrumentos basura limitarían el desarrollo de las canciones —básicamente instrumentales, por cierto—, pero eso nunca ocurre en "Desecho en México". El álbum cuenta con suficiente variedad y dinamismo en sus sonidos, y aunque es verdad que a lo largo del plato aparecen eventualmente algunos instrumentos "reales", su función es únicamente de apoyo. Lo demás, atendiendo a la lógica elemental de Desechécuaro, proviene estrictamente de la basura. Cabe destacar también que entre canción y canción aparecen algunos interludios narrados y acompañados por onomatopeyas o ruiditos incidentales, y aunque algunos de ellos son abiertamente escatológicos, funcionan para entender mejor y de forma más divertida los usos y costumbres de los desechécacas —que ése es el gentilicio correcto de Desechécuaro—. Por cierto, el arte del disco también es sensacional.

En pocas palabras: este divertido "experimento" es más serio de lo que parece. Orquesta Basura no es un simulacro, sino una banda que puede aportar un capítulo significativo a la música reciente del panorama nacional. Han venido a demostrar que la elaboración de instrumentos originales no es exclusividad de Les Luthiers o de Cabezas de Cera, y que se puede llegar aún más lejos cuando de ideas descarriadas se trata. "Desecho en México" es un disco que obligará al escucha a replantearse seriamente su concepto de "música basura". Ni más ni menos.

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