lunes, 4 de junio de 2018

THERION EN SAN LUIS POTOSÍ





Domingo 3 de junio de 2018
Teatro de la Ciudad, Parque Tangamanga I
San Luis Potosí, S.L.P.


Una tarde soleada es un preludio perfecto para recibir a la Gran Bestia. La temperatura es agradable y el Teatro de la Ciudad —rodeado de árboles y techado con la frescura de un cielo azul-cada-vez-más-negro-y-estrellado— ofrece un entorno inmejorable para que retumbe la música. Los asistentes se pasean frente al escenario, impacientes, bebiendo cerveza para hacer más corto el tiempo. Algunos visitan el stand de mercancía en busca de playeras conmemorativas, portagafetes, vasos. Otros esperan sentados, observando sus teléfonos, pendientes del reloj. El ambiente es festivo, amable. La convivencia, pacífica. El itinerario, puntual.

Ingresamos al recinto en riguroso orden a las 18:30 hrs. tal y como estaba anunciado. Y con esa misma precisión, en punto de las 20:30 hrs. y con las primeras estrellas centelleando tímidamente, aparece en escena la banda abridora. The Devil no suenan precisamente como demonios, o al menos no en el sentido maligno del término, pero sí que elevan un halo de misticismo dramático con su metal instrumental. Salvo algunos observadores despistados, la mayoría de la gente se acerca a contemplar el espectáculo: máscaras teatrales, samples de diálogos apocalípticos, proyecciones de imágenes con fuerte contenido político. El concepto de The Devil definitivamente no es una improvisación: todos los elementos se organizan en una danza guitarrística de melodías suficientemente imaginativas para mantener la atención sin saturar a la audiencia. Tan estudiada se nota la estrategia de la banda, que ni siquiera ceden a la tentación de atiborrar las canciones de solos. Toda la fuerza de estos demonios se encuentra en su gancho melódico, el uso calculado de secuencias y su habilidad para aterrizar el elemento místico en una experiencia terrenal, sensorial, casi lasciva. Hay que ver, si no, al guitarrista líder, cuyos movimientos sensuales parecen ser una rara extensión del sonido, un necesario rito de materialización de lo etéreo, más que un ridículo baile sin propósito. Los demás instrumentistas así lo entienden y se unen a la danza. El público asimila la intención y celebra la propuesta. Transcurridos 45 minutos, el acto termina sin una sola palabra, pero haciendo gala de un mensaje intenso y penetrante.

Son las 21:30 hrs. y en este punto de la noche el cielo alcanza un negro profundo. Los árboles que circundan el Teatro alargan sus figuras enigmáticas, distorsionadas por el efecto de las luces que se disparan desde el escenario. Entonces entran los primeros acordes: "Theme of Antichrist" hace el primer despliegue de los excesos que están por venir —incluido, por cierto, el exceso de teléfonos celulares tomando malas fotos y peores videos; aún me falta terminar de comprender tan curioso fenómeno, pero en fin—. El Therion de Christofer Johnsson es una bestia rigurosa en su voracidad y severa en su manifestación —¿y qué monstruo apocalíptico no lo es?—. Sus cuatro gargantas exigen una producción compleja: cristalina para su lucimiento y silvestre para su proclamación. Y así es: probablemente el elemento más cuidado de toda la noche son las voces; hasta los vericuetos instrumentales de Johnsson y compañía parecen mantenerse circunspectos, como si quisieran disimular su propia fuerza —cosa que, por supuesto, no logran— para elevar la experiencia del juego vocal. Por fortuna, Johnsson es un estratega probado, y sus tácticas de dirección le permiten mantener el control de su monstruo en todo momento, aún cuando las ejecute desde un aparente segundo plano. Por eso esta noche lo que más destaca es la configuración operística utilizada en "Beloved Antichrist", con una banda expresiva, explosiva y coreografiada a partes iguales, como en la majestuosa "Temple of New Jerusalem" —¡diablos, sí que lo construimos!—. Y es que a más de cuatrocientos años de la invención de la ópera —la historia le atribuye al "Orfeo" de Claudio Monteverdi (1607) el mote de fundadora del género, a pesar de que existen algunos antecedentes a finales del siglo XVI— hay que valorar el atrevimiento de que alguien componga en este formato en pleno 2018, pues a ratos parece que, efectivamente, nos encontramos frente a una ópera a la usanza. Tanto, que hasta se echa en falta el uso del italiano o el alemán para subrayar ciertos diálogos entre los intérpretes. Tanto, que hasta canciones tan directas como las del "Gothic Kabbalah" se ven contagiadas por el ánimo teatral.

Por supuesto, siempre hay ocasión para visitar antiguas caras de la bestia, y en esta ocasión el público parece recibir con especial afecto ciertos números clave, como las laberínticas "Nifelheim" y "Ginnungagap", del "Secret of the Runes"; o la clásica "Cults of the Shadow", con su galopante línea de bajo.

Ya pasa de las 23:00 hrs. y el show está por concluir. Unas breves palabras de la banda, que expresan su fascinación por el recinto —"la primera vez con una alberca frente al escenario"— y el gusto por celebrar una de las giras más extensas por este continente. El público conserva su entusiasmo casi intacto y se sigue aferrando a sus clásicos, por eso el encore trepa, vociferante, con "The Rise of Sodom and Gomorrah". Luego, Johnsson reta a la audiencia: "Do you have any huevos here?" La mayoría lo entiende como un chiste bobo para calentar (sí, más) los ánimos antes de la obligada "To Mega Therion", pero algún aventurero no comprende la intención y se entrega a la torpe espontaneidad: a media canción, el muy granuja se las ingenia para llegar hasta el escenario —celular en mano— y tomarse la selfie más envidiada —y reprobada— de la noche. Por supuesto, el entusiasta joven es inmediatamente convidado a bajar de las tablas y encaminarse directito a la ching... o que diga, a la salida, aunque con toda seguridad se fue más que satisfecho en su impertinencia.

Dos horas de concierto. La noche sigue oscura, pero el Señor del Sol es invocado desde la sombra en un segundo y apropiado encore: "Quetzalcóatl", con su promesa del retorno, es lo último que escuchamos del monstruo. Son las 23:30 hrs. y el espectáculo ha terminado: montamos la bestia del éxtasis y sí, portamos la marca de la victoria. Y el efecto ha sido tan cautivador que apenas ahora me surge una sentida queja: ¿por qué carajos no tocaron nada de "Les Fleurs du Mal"?

Un conciertazo.

domingo, 27 de mayo de 2018

FUERZA DE PUERCO PRESENTA: FUMATA Y TERROR CÓSMICO




FUMATA / TERROR CÓSMICO / EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE / MORSAN
Sábado 26 de mayo de 2018.
Búnker, Sala de conciertos.
San Luis Potosí, S.L.P.

En el subterráneo no hay telones que se abran. El foro simplemente está ahí: decadente, deforme, como los congregados. Como las cuatro escenas que el Diablo dispuso para esa noche.

Escena # 1: Morsan.
El Diablo se aparece en el garage. Toma una guitarra prestada y le sube todo al ampli. Le gustan los riffs en seco. Le gustan tanto que los repite obsesivo, cada uno con más rabia que el anterior. El Diablo no toca; golpea, más bien. Rasguña, rasca como en ataque de roña, testarudo hasta escocer. La comezón se vuelve ardor y la piel viva sangra enloquecida.

Escena # 2: El Escuadrón de la Muerte.
El Diablo se masturba y eyacula baba negra, viscosa, hirviente. Las venas de su miembro vibran antes del chorro, y su eco remueve las entrañas de la Tierra. Pulsos de baja frecuencia retumban y ensordecen. El Diablo gruñe y escupe su orgasmo sobre la humanidad: preña a la masa con veneno caliente que entume la voluntad y arranca convulsiones. La agonía suena alto; el final llega despacio.

Escena # 3: Terror Cósmico.
El Diablo se erige, cínico, sobre el universo. Ríe con arrogancia y emite un alarido negro: su voz se expande en repeticiones de tiniebla que se vuelven remolinos gigantescos. Su aliento amorfo traga planetas enteros y hace de la destrucción un bucle infinito: reina el caos, majestuoso, y los horrores de lo desconocido forman armonías ininteligibles que se pierden en lo eterno, en la inmensidad.

Escena # 4: Fumata.
El Diablo se coge a la Muerte. Tras la cópula, fuman mota y cubren a la humanidad con el manto humeante de la miseria y la desesperanza. La nube mata todo lo que toca: lo quema, lo consume, lo reseca. Los cadáveres se apilan y, al descomponerse, sus humores flotan en perfecta armonía con la Muerte, que observa la escena, conmovida, desde su frialdad post-orgásmica. El Diablo y la Muerte apagan las luces. Entonces, la nada...


VISIONES [REALES O NO] DE LA HECATOMBE:

Álbum 1 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.

Álbum 2 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.


INVOCACIONES SONORAS:

Fumata:

Terror Cósmico:

El Escuadrón de la Muerte:

Morsan:


jueves, 24 de mayo de 2018

MEMORIAL DEVICE (David Keenan, 2018)




“Hay que entender que cuando hablamos de una escena local,estamos hablando
de una escena internacional en microcosmos”.

—Paprika Jones


En 1967, Arthur Koestler propuso el término “holón” para referirse a algo que es parte y todo a la vez: un sistema completo en sí mismo que simultáneamente es parte de un sistema mayor. Este concepto puede definir perfectamente lo que leemos en “Memorial Device”, una novela de ficción construida a partir de los supuestos testimonios de los protagonistas de la escena postpunk (1978-1986) en una pequeña comunidad escocesa. El autor, David Keenan, emplea diferentes voces y recursos narrativos para lograr dar forma a toda una mitología, que bien podría representar a cualquier otra escena musical underground en cualquier otra parte del mundo. En “Memorial Device” se relata la historia central de la mejor banda en la historia de Airdrie, pero también es la historia de otras bandas (pasadas, presentes y futuras), de otras camadas de seres anónimos (excéntricos, raros, outsiders) que pululan por las sombras y los laberintos subterráneos de tantas localidades perdidas alrededor del globo. Por eso es tan fácil entrar en el universo de estas casi trescientas páginas, por eso su lectura es ágil y jadeante (¡hey, esto es punk!), y por eso uno termina irremediablemente encariñado con los personajes: porque si el lector está familiarizado con la escena musical under de su propia comunidad, lo más probable es que esta runfla de freaks le parezcan viejos conocidos. Quizás, incluso, más de uno se verá reflejado en cualquiera de los espejos sucios (aunque paradójicamente brillantes en su pureza) que los vecinos de Airdrie (y alrededores) sostienen, cínicos, listos para confrontar a quien se atreva a mirarlos.

Pero que no se piense que “Memorial Device” es solamente una colección de perfiles extravagantes. En realidad, el ejercicio que hace Keenan es una cuidadosa radiografía del espíritu libre, apasionado y loco que, aún hoy, hace posible que el rocanrol se mantenga con vida. Aquí hay crítica filosa y dolorosa; reflexiones que zumban recio, como riffs distorsionados. La dinámica interactiva que hay entre los personajes se antoja verosímil y honesta como el latido vital de un bajo retumbante, y el lenguaje empleado golpea como una metralla de sintetizadores industriales. En Airdrie la vida se va rápido y hay que extraerle toda la sangre posible, pues será necesaria para pintar cuadros rojos, intensos, lascivos, en caso de que el entorno no ofrezca experiencias lo suficientemente excitantes.

Con una prosa que evoca al Irvine Welsh más contenido, y que se antoja heredera indirecta de los beat, David Keenan ha trazado un pequeño gran mapa que sirve a múltiples territorios. Y aunque es cierto que el paseo está cargado de penumbra, angustia y sinsentido a 33 RPM, el lector puede tener la certeza de que los anfitriones saben cómo apropiarse de su evidente marginalidad (son expertos en ello), reclamarla, exhibirla con orgullo y ofrecernos decenas de románticas razones para sentirnos orgullosos junto con ellos. ¿La banda sonora? ¡Diablos! ¡Esa está garantizada!


MEMORIAL DEVICE.
David Keenan.
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas.
Sexto Piso. México, 2018.



domingo, 29 de abril de 2018

ANNA VON HAUSSWOLFF: "Dead Magic" (2018)




Anna Von Hausswolff no es ninguna novata en la creación de escenarios asfixiantes, pero con "Dead Magic" ha firmado, sin duda, el mejor y más oscuro trabajo de su carrera. Se trata de cinco temas ambiciosos, enigmáticos y abrumadores; tanto como un banco de niebla que dibuja formas amenazantes que se sienten pero no se tocan. Son 47 minutos de narrativa dramática, en la que el espacio sonoro es llenado por un monumental órgano tubular, guitarras que forman paredes cavernosas y una serie de recursos instrumentales y vocales que operan con verdadera magia para invocar las canciones como se invoca a un espíritu ancestral.

El álbum inicia con los 12 minutos de "The truth, the glow, the fall", donde el riff principal surge como un fantasma, mientras Anna estira su registro vocal y retuerce su técnica para ofrecer pasajes que van del canto limpio a una reptante aspereza. La voz se alarga y termina difuminando al órgano hasta convertirlo en notas vaporosas durante la espeluznante sección final. Después, la terrorífica "The mysterious vanishing of Electra", con sus guitarras monolíticas y percusiones de rito antiguo; aquí la voz es silvestre, el aullido brujeril y el vibrato extasiado. Pero el punto nodal del álbum llega con la enorme "Ugly and vengeful", que con sus 16 minutos de duración y sus formas mutantes demuestra que se puede hacer música sombría sin recurrir a ninguno de los recursos habituales del metal o los clichés de las (así llamadas) corrientes musicales neo-góticas.

La última parte de "Dead Magic" es un poco más calmada pero no menos inquietante. "The marble eye" es un tema instrumental que burbujea como un drone acuoso y helado, de esos que parecen fascinar a Hausswolff, a juzgar por trabajos previos como el EP "Källan (Betatype)" o incluso el proyecto Hydras Dream, junto a Matti Bye. Por cierto, cabe destacar que en la edición en vinilo de "Dead Magic" (ya agotada, a menos de dos meses del lanzamiento), los temas 3 y 4 se encuentran en orden invertido, para hacerlos caber en ambas caras del disco. Finalmente, el álbum termina con la rara y fantasmagórica belleza de "Källans återuppståndelse".

"Dead Magic" no es una obra para todos los gustos. Es la clase de trabajo de una artista inconforme que va más allá de sus límites y que desafía sus propias normas creativas para entregar magia pura, de esa que se comunica directamente con el espíritu. Por eso arrebata, inquieta y asusta. Y también, por eso, se agradece emotivamente. Uno de los mejores discos en lo que va de 2018.



domingo, 15 de abril de 2018

WE ARE ONE: "Darkwave Vol. I" (2018)



We are one es el nombre de un sello discográfico emergente con sede en la Ciudad de México. En meses recientes lanzaron su primera compilación dedicada al darkwave nacional, compuesta por 18 temas inéditos (uno por participante) de diferentes proyectos que habitan en los rincones más ensombrecidos del país.

We are one puede ser, también, la declaración de un movimiento musical que al parecer se niega a crecer. Un romántico caso de síndrome de Peter Postpunk que sigue alimentándose del cadáver de los 1980s. Da igual si hablamos del primer mundo, de regiones desconocidas o, como en este caso, de la escena mexicana, la constante de los aferrados goths es que no quieren alejarse de los sonidos clásicos de claves menores, tonos bajos y lúgubre desencanto juvenil.

We are one es la confianza ciega en una corriente estética y musical cuyos practicantes no necesitan diferenciadores individuales, porque su identidad es colectiva. Por eso en los más de 60 minutos de duración de este disco apenas hay variaciones importantes. Pero eso no es malo: es la permanencia homogénea de un estilo que murió joven y dejó un bonito cadáver para deleite de los vampiros de todo el orbe. ¿Que a veces parece que se trata de un álbum de larga duración de una sola banda, en lugar de un acoplado? Puede ser. ¿Y qué? We are one.

We are one - Darkwave Vol. I incluye temas en inglés y español, con voces femeninas y masculinas, además de breves visitas a las tumbas vecinas del postpunk, el coldwave y el synthpop. Cabe apuntar también —para los regionalistas de corazón, no olvidemos que esta Madriguera es universalmente potosina— que entre los convidados al baile macabro se encuentran los locales Desdémone, junto a otros entes de siniestra percha como LuciferChrist, Nite Shadows o los etéreos Reverbs.

We are one - Darkwave Vol. I está disponible en edición física (en CD-R impreso de manera profesional, en un bonito formato digipak con charola) y también digital. Se puede escuchar y descargar (pague, no sea codo) en: https://weareonerecords.bandcamp.com/releases. Goth it?

sábado, 7 de abril de 2018

NECROMASS EN SAN LUIS POTOSÍ




Viernes 6 de abril de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.

Hay feria en el pueblo. Y cuando hay feria en el pueblo me dan ganas de adentrarme hondo en algún calabozo de rugidos negros, donde no lleguen las manzanas acarameladas, la pólvora tristona ni el vulgar bullicio. Afortunadamente esa noche, en otro punto de la ciudad (adivinen cuál), también habría black metal.

Las diez de la noche: suben a las tablas los locales Tree of Death. ¡Carajo! Si hay algo de coherencia en la escena, estos muchachos pronto tendrán que volverse parte de la camada de hijos predilectos del under potosino. Su visión del black metal está fuertemente apegada a las raíces y se nota que han trabajado su concepto con seriedad: el set es dinámico, violento y hábil en la creación de momentos tensos alternados con estallidos de rabia. Una de las mayores virtudes de su música es que mantiene sonoridades old school sin sonar a viejo... como las atmósferas necro de unos Aura Noir o lo más regresivo de Darkthrone (I am the grave of the 80s!!!!). Además, Tree of Death consigue mantener una actitud punk a la Motorhead y lo más fabuloso: después de todo eso, siguen sonando técnicos. Una banda que hay qué tener en cuenta.

Los siguientes en tomar el escenario fueron Brutal... ¿Corporis? No lo sé. Su logo es lo suficientemente death como para hacerme dudar de haber escrito correctamente su nombre. Sin embargo, su ruido sí que fue una sorpresa: blackened death metal vociferado en inglés y español con una pronunciación clara e inteligible (todo lo inteligible que puede ser un discurso de grunts y shrieks, por supuesto), de claras tendencias satánicas. Probablemente lo que más me gustó de su propuesta fue la sección rítmica, con líneas de bajo que se veían bastante interesantes... lástima que casi no se escuchaban.

A continuación, Tricératops. Sí, así se llaman. Yo había visto el logo en el flyer del evento, pero creí que sería un patrocinador o una marca de playeras... todo, menos el nombre de una banda. Pero son una banda. Y a juzgar por su sonido, apostaría a que son fans de la clásica escuela nórdica de los 1990s, con todo y sus atmósferas y medios tiempos. Chido. En ese momento también se instaló la mesa de mercancía, así que me distraje de lo que pasaba en el escenario y me puse a husmear los discos (por cierto, al fin pude conseguir mi copia del split Necromass / Mortuary Drape, que justo del lado Drape suena fuerte como grito de momia en catacumba. Lo estoy escuchando mientras escribo esto).

El flyer decía que la banda siguiente era Dark Forest, de Acapulco; pero a veces pasan cosas que contradicen a los flyers y cambian los planes. Acá no sé qué pasó, pero Dark Forest no vino al show. Ni hablar.

Si tu banda de black metal incluye a una bailarina, entonces tu banda de black metal es para bailar. Y no, mis queridos puristas, no os ofendáis: la presencia de una gothette que usa máscara de chivo negro y juega con fuego al mejor estilo de los entertainers de crucero pero con más cachondería, no merma la condición de culto de los italianos Necromass; simplemente hace el espectáculo más divertido. Y si es divertido, dan ganas de bailar (sí, el headbanging, las guitarras de aire y las baterías invisibles cuentan como baile). El metal negro de los estelares no es un despliegue de técnica espectacular pero sí está impecablemente producido y tiene todos los items del checklist. Lo suyo es una negritud de esas que se antojan macarras, rufianescas, punketeras. Es ese black que se disfruta con unas cuántas cervezas encima y una actitud desenfadada que hace cuernos con las manos más por jugar al espectáculo que por compromiso ideológico. Rolas perfectamente diseñadas para desenvolverse entre los extremos de un espectro que va de lo caótico a lo rítmico, con un circular dominio de la fórmula e indiscutible precisión: los Necromass veloces, son bien veloces (toda una lección de la infernalísima trinidad blastbeats-tremolos-howlings); y los rítmicos, bien rítmicos (fraseos pegajosos y vocalizaciones que coquetean con el modelo estribillo-puente-coro). La banda demostró que su estatus de culto está justificado, y aunque es evidente que la experiencia de la Misa Necro funciona mejor en directo que en grabación, siempre da gusto comprobar que mientras cuente con representantes como ellos, el viejo black metal seguirá encontrándose lejos de emitir su último estertor.

O como dicen los Stones: "Its only rock'n'roll, but we like it".

martes, 3 de abril de 2018

ARKONA: "Khram" (2018)



La fórmula de Arkona siempre se ha nutrido de dos ingredientes centrales: el black metal melódico y el folklore eslavo. El porcentaje de importancia (en composición y mezcla) que decida darle Masha (lideresa indiscutible de la banda) a cada uno, es lo que determina el sonido final de sus producciones. Y si bien, muchos nos aproximamos a Arkona atraídos por el enorme protagonismo del elemento folk en sus primeros álbumes, era lógico que en algún momento la dirección iba a cambiar.

Ya en el anterior "Yav" ("Vozrozhdenie" no cuenta por ser una regrabación de su primer disco) pudimos notar un cambio hacia horizontes mucho más oscuros, donde el factor black se imponía sobre las melodías de flautas, gaitas y cuerdas; no obstante, muchos quedamos un poco disgustos por la excesiva experimentación ("progresión", le dicen algunos) en las estructuras de aquel. Por eso este recién horneado "Khram" supone una buena noticia para todos los que nos entusiasmamos con el lado más violento de la banda: aquí hay suficiente agresividad blacker repartida en armonías majestuosas, riffs congelantes y una atmósfera que parece sacada directamente de la vieja ola noruega, y lo mejor de todo: sin sacrificar el espíritu pagano que ha caracterizado a la agrupación. Para cualquier escucha habitual, es evidente que Masha es una magnífica compositora de armonías, y eso queda más que confirmado en el fino trabajo de guitarras que domina la mayor parte de "Khram": ora melancólicas, ora brutales, pero siempre liderando el corpus de las canciones. Este inteligentísimo recurso permite que el álbum gane en dinamismo, pues crea un terreno sumamente fértil para la aparición de los instrumentos folk y el juego de vocalizaciones limpias y rasgadas.

Otro punto destacable en el CD es el equilibrio entre los pasajes atmosféricos (sí, esos que convierten a una canción sencilla en una odisea de 12 minutos) y las partes más crudas, pues a pesar de que se trata de un álbum extenso, está tan bien diseñado que la multiplicidad de niveles en las canciones no distrae, sino que incluso captura la concentración del escucha. Todo lo contrario a lo que ocurría con "Yav".

¿Es hora, entonces, de ceder al irresistible cliché de afirmar (cuando se trata de un disco nuevo) que nos encontramos ante el trabajo más ambicioso y mejor logrado de la banda? ¡Carajo! ¡Estoy escuchando ese apabullante piano de "V ladonvah bogov" y sólo puedo pensar: "Mierda, claro que sí"!



domingo, 1 de abril de 2018

6a MUESTRA DE METAL UNDERGROUND SLP 2018



30 y 31 de marzo de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.


MUESTRA:
1. f. Porción de un producto o mercancía que sirve para conocer la calidad del género.
2. f. Parte o porción extraída de un conjunto por métodos que permiten considerarla como representativa de él.
3. f. Exposición o exhibición de obras artísticas o técnicas.

-REAL ACADEMIA ESPAÑOLA


Si hubiera qué llegar a un diagnóstico sobre el actual estado del metal subterráneo en la ciudad de San Luis Potosí, a partir de lo escuchado durante el evento que nos ocupa, la conclusión sería contundente: aquí se hace harto ruido. Y suena fuerte. Y suena bien. Después de observar la actuación de 26 bandas (el cartel original anunciaba 28, pero dos no se presentaron) entre las cuales hubo tanto veteranos de la escena como sangre joven para el deleite de Satán (quien seguramente estaba de plácemes, porque además el susodicho evento tuvo la puntada de celebrarse justo en las noches de viernes y sábado santos, asegún la tradición católica), este apicultor no puede sino regocijarse al ver la buena salud y bulliciosas inquietudes que hoy por hoy abundan en tan polémica escena. Por eso, sin más preámbulo, he aquí una serie de breves (muy breves) comentarios (apreciaciones personales todas ellas, no se ofenda usted) sobre cada banda participante. Van en el mismo orden de aparición:

1. Zobredosis: Desconozco cuánto tiempo lleven juntos. Quizás aún les gana la timidez en el escenario. Quizá les tocó la infame suerte de inaugurar el evento. Si la banda perfecciona su técnica y pule su concepto, puede haber algo interesante por aquí.

2. Dogma: Al parecer gustan de los cambios armónicos, y al parecer saben emplearlos con cierta astucia. Hicieron gala de una intro bastante elegante, un tema veloz y una balada que tal vez aún se pueda desarrollar más.

3. Degeneración 89: Su ejecución y técnica son sencillas (eso no es malo: estamos hablando de punk) y su coordinación, simplemente perfecta. Sin duda, una de las bandas de la Muestra que mejor logró mantener la comunicación entre músicos sobre el escenario.

4. Nihilista Cotard: Una presentación accidentada: el baterista se presentó tarde. Dos guitarras zumbantes y una voz ahogada no son suficientes para hacer black metal, y sin embargo eso fue todo lo que nos tocó ver de ellos esa noche. Probablemente en otra ocasión...

5. Thrill Seeker: Thrash furioso y rampante. Una banda madura y concisa en su quehacer. Su ejecución y técnica se perciben suficientemente ensayadas, y sus composiciones se dan el lujo de destacar sobre otras bandas del género.

6. Intestinal War: Cumplen con todos los requisitos de su género. Punto. Nada más. Con todo lo que ello puede implicar. Por cierto, lo suyo lo suyo es el death grind...

7. Dominus Sathanas: Tal vez su mayor logro es haber evolucionado de manera coherente en la ejecución de su black metal de vena clásica. Sigue sonando grim, pero ¡carajo! ¡así es como suena el black!

8. Natural Death: En efecto, su sonido es death. Y en efecto, su intención es perfectamente natural. Ellos hacen lo que hacen porque (se les nota) lo disfrutan profundamente, desde lo más hondo de sus podridas entrañas. Y qué bueno.

9. Overload: Una banda joven y desbordante de energía. Hard rock sin complicaciones pero de buena calidad: estos chicos saben verse bien y escucharse mejor en el escenario. Conocen su territorio y demuestran una técnica estudiada. Seguro darán de qué hablar en un futuro cercano.

10. Tree of Death: Un thrash bastante oscuro, maligno. No tengo idea de qué decían sus letras pero se nota un concepto trabajado detrás de su ejecución. Estructuralmente, aún se nota un trabajo compositivo algo indeciso, pero potencialmente muy bueno.

11. Opera at the Massacre: Sus puntos fuertes (más allá del indiscutible carisma de su violenta frontwoman) son la técnica y la ejecución: les gustan los retos y eso se nota en los detalles de sus canciones, siempre pensadas para bajo de cinco cuerdas y guitarra de siete. Muy buenos.

12. Shattered: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

13. Genocidio Global: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

14. Humbuker: Es la clase de banda que aún siente profundamente el rocanrol. Enérgicos, divertidos, ruidosos y con la actitud de convertir su actuación en más que un espectáculo solamente musical.

15. Supernavy: De las pocas bandas de la Muestra que no practican metal. Lo suyo tiende más al happy punk efectivo, sencillo y básico. Se les ve perfectamente cómodos con lo que practican y eso les da un aire de naturalidad libre de cualquier pose.

16. Dante: Un death bastante groove. O al revés. En todo caso, podrían sonar más robustos si dieran mayor presencia al bajo (de cinco cuerdas, por cierto). Probablemente eso dotaría de mayor personalidad a sus contagiosos riffs.

17. Panic of Thrash: Su equilibrio entre la sección rítmica y su par de guitarras es asombroso. Ignoro cómo componen sus temas, pero el resultado final suena equilibrado y democrático con cada instrumentista.

18. Palomazo: Una especie de heavy metal con chispazos de glam. Letras simples, riffs pegajosos y una voz robusta, decidida y con suficiente presencia para darle identidad propia a la banda. Ojalá exploten a ese frontman todo lo que puedan.

19. Forging Metal: Su death sabe ir de lo melódico a lo brutal con absoluta elegancia. Excelente uso de riffs con solos intermitentes. Estructuras compositivas maduras y bien pensadas. Es de esas bandas que se toman el detah metal con total respeto. Chingón por eso.

20. Louder Force: Buen nivel en composición y en voz. Una banda desinhibida que sabe cómo conectar con el público de manera natural y emocionante. Si acaso algo se echara en falta, sería un poco más de dinamismo en sus temas, pero realmente no lo necesitan. Esto es heavy clásico.

21. Muerte Humana: Mosh garantizado. Inmediato. Death crudo, primitivo y completamente old school. Una banda como ellos no necesita originalidad: su género no lo permitiría. Y qué bueno, porque así nos gusta más.

22. Arxenal: Thrash de excelente manufactura y ejecución. Una presencia escénica segura y sin aspavientos. Temas directos, sin rodeos y con suficiente identidad.

23. Extinto: Más thrash. Y aunque su técnica es irreprochable, probablemente les falte trabajar en un diferenciador si es que no quieren perderse en lo difuso de un género donde es difícil innovar.

24. Antares: Una banda con buenas armonías y estructuras compositivas que, si bien carecen de ganchos inmediatos,  gozan de un punch con suficiente vigor. Lástima que sonaron tan saturados en algún momento.

25. Dalliance: Se les nota jóvenes y difusos, algo desconcentrados. Solamente traían dos canciones. Aplaudo su esfuerzo y espero volver a escucharlos cuando hayan desarrollado más su propuesta.

26. Death Silence: Death y thrash de la vieja escuela. Dominan el género y sus arquetipos: insolencia, crudeza, agresividad escénica. Un buen cierre que el público supo agradecer.

Y eso es todo, amable lector. Cabe apuntar (por si usted no estuvo en el evento o es tan despistado que no se enteró de lo que ofrecía como ganancia a los participantes) que las dos bandas más destacadas de la jornada compartirán escenario el próximo mes de mayo con agrupaciones como Rex Defunctis, Leprosy, Here Comes the Kraken y los rabiosos greñudos locos de Brujería, en lo que será la treceava edición del Morbid Fest (el festival de metal nacional más cabrón de México). Y también, por si se fue usted temprano del evento o simplemente no se enteró del veredicto, le cuento que los gustosos afortunados serán Thrill Seeker y Arxenal.

Bien merecido.


jueves, 19 de junio de 2014

DELLAG DUFFERS: POR EL PLACER DE DIGNIFICAR AL ROCK POP




Y de pronto notar que en plena época del revival, las jóvenes bandas mexicanas habían olvidado la estela iniciada hace más de veinte años por agrupaciones como Santa Sabina o La Dosis. Imperdonable. Pero entonces llama la atención una silueta menuda: es Gaby, voz y teclado de Dellag Duffers. Su timbre, su manera de atacar el micrófono, su forma de gozar el escenario atraen la mirada y sucede lo inevitable: la máquina del tiempo que conduce directo a los años noventa del siglo XX. El suspiro nostálgico y la añoranza por el funk en íntima comunión con el rock y los despliegues de energía sobre las tablas. Escuchar y empezar a mover la pierna, los pies, la cabeza. Tomar conciencia de lo que se escucha: riffs punzocortantes, melódicos pero con suficiente arrojo; y una sección rítmica que sabe perfectamente lo que está haciendo. Y no hay duda: la banda está haciendo rocanrol. Real y palpable. Eventualmente se une al despliegue una línea de metales fangosos, acalorados, enronquecidos. Y el espectáculo está completo.

Dellag Duffers son una joven banda potosina, ejecutantes de un rock accesible, con una identidad anclada en sonidos clásicos del género, pero un sonido que indudablemente pertenece al siglo XXI. Escucharlos es volver a una época en donde el malogrado indie aún no contaminaba con su güeva infinita a las expresiones musicales juveniles en nuestro país. En honor a la verdad, Dellag Duffers no son una banda que proponga experiencias auditivas nuevas o experimentales, pero tampoco lo necesitan por la sencilla razón de que estas no son sus intenciones, y eso queda claro cuando se les escucha en directo. Su premisa es básica: una banda que cree fervientemente en el vigor del rock, en las canciones que se entonan recio y que hacen sudar y retumbar. Pero no se piense que se trata de un sonido en bruto o agresivo, pues la agrupación se da el lujo de comprender perfectamente al pop, tanto que logran incorporarlo sin problema a sus temas, lo que da como resultado una fórmula briosa y amigable a partes iguales. Su amplitud de referencias es tal que en sus presentaciones lo mismo se puede colar un tema de los Beatles ("Come together") o de Evanescence ("My immortal"), pasando por Led Zeppelin ("Black dog") y Pink Floyd ("Comfortably numb"). Y sí, la banda sabe cómo hacer convivir temas tan disímiles en un entorno de congruencia, probablemente gracias a sus arreglos y a la adecuada asimilación de las influencias musicales. Y ya que hablamos de esto, es interesante ver cómo se resuelve esa mezcla de estilos a la hora de crear temas originales, reto del que la agrupación sale bien librada —sus letras llegan a pecar de candidez, pero no es nada que el paso de los años no resuelva—, pues estructuralmente sus canciones funcionan de manera por demás efectiva. Escúchense para muestra composiciones como "Disfrazado de casualidad", "Bar Pabiz", o ese delirio funkpoprockero que es "Ya no más", con innegable influencia —salvando las distancias, of course— de la Rita Guerrero del 1994.

Cabe mencionar que la banda cuenta con un disco de reciente edición, que comparte título ("Aunque pudiera volar") con una de sus canciones pop más redondas; y si bien el plato es una digna muestra del potencial de Dellag Duffers (aunque este humilde apicultor no deja de reprochar la ausencia de la sección de metales en el CD), lo cierto es que el punto verdaderamente fuerte de la agrupación son los shows en vivo. En suma, cualquier persona que haya disfrutado con el rock de calidad que se hacía en México antes de la llegada del nuevo milenio, debería darle una oportunidad a esta joven banda. Si hay algo de justicia, el momento de los Dellag Duffers debe estar apenas por comenzar. Y será todo un gusto atestiguarlo. Mucha suerte.

(Web oficial: http://dellagduffers.com)
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lunes, 30 de diciembre de 2013

LOS MEJORES DISCOS DE 2013

 
 
 
Inicia el resumen musical del año. Si el amable lector desea una visión más completa, puede remitirse al blog amigo de FL Spectro para ampliar el panorama. De nada.

Y bueno, no hay pretexto para no buscarle. Aunque seco en términos de rock, 2013 ha sido un año afortunado para la música que suena más allá de los circuitos rocanroleros. Es cierto que en el panorama internacional han vuelto algunos de los llamados "consagrados", pero a decir verdad, muchos de esos discos sólo provocaron güeva en La Madriguera. Este humilde apicultor se emociona al ver que la gente joven está creando buena música, y que las periferias —en el más amplio sentido del término— siguen siendo una fuente inagotable de opciones sonoras. Por eso, independientemente de géneros musicales —salvo el metal, que en La Madriguera siempre se ha cocinado aparte—, he aquí un tostón de disquitos que hicieron las delicias auditivas del apicultor durante el año que termina. Que le aprovechen.
 
 
MÚSICA INTERNACIONAL

 
1. NICK CAVE &THE BAD SEEDS: "Push the sky away"
Álbum ominoso que conserva intacto el romance con las sombras y la nostalgia decadentista. Paradójicamente, su abordaje musical es de una luminosidad envidiable y rebosante de hermosura. El disco del año.

2. JAMES BLAKE: "Overgrown"
Electrónica en asfixiante calma y una especie de post-soul del siglo XXI, enmarcan la melancólica voz de uno de los más interesantes músicos de reciente aparición. Increíble que Blake tenga sólo veinticinco años.

3. SUSANNE ABBUEHL: "The gift"
Poesía victoriana y la elegancia del jazz en contención, discreto, lejano, como los ecos apenas audibles que obsequia la naturaleza en una noche de luna llena. Bucólico, pero también elegante. Así es "The gift".

4. SHERYL CROW: "Feels like home"
Mucho se ha hablado del supuesto "primer álbum completamente country" de Sheryl Crow. Lo cierto es que sus melodías habituales siguen ahí, pero con una madurez letrística y armónica que pegan directo en las emociones.

5. IL PERGOLESE: "Il pergolese"
Maria Pia De Vito, François Couturier, Anja Lechner y Michele Rabbia reconstruyen las arias de Giovanni Battista Pergolesi con un audaz lenguaje contemporáneo, jazzístico y profundamente conmovedor.

6. VARIOS ARTISTAS: "Dalla in jazz"
Los grandes exponentes del jazz italiano contemporáneo rinden tributo a las canciones del máximo cantautor pop de aquel país. Arreglos inesperados llenos de nostalgia e interpretaciones arrebatadoras. Una joya.

7. LORDE: "Pure heroine"
Ella Maria Lani Yelich-O'Connor, adolescente neozelandesa de enorme sensibilidad pop. Su disco debut es un juego de delicias vocales y construcciones minimalistas que encantan por lo delicado de sus atmósferas.

8. BEAT OF WINGS: "As water turns to gold"
Es vigoroso como el buen rock, es accesible y rico como el buen pop, sus canciones gozan de una energía que eriza la piel y, por si fuera poco, es un disco cachondo y sudoroso. Música sexy para gente sexy.

9. ANOUSHKA SHANKAR: "Traces of you"
El mejor trabajo de la Shankar hasta la fecha: un combinado en perfecta armonía que incluye fraseos de jazz, todo el virtuosismo de su formación clásica india y una estilizada apropiación de discursos pop. Fascinante.

10. MALA RODRÍGUEZ: "Bruja"
Mujer salvaje, sensual, rítmica. Los caminos de "Bruja" están llenos de la rabia hardcore que permeaba sus primeros trabajos, pero también de la diversa riqueza que ha acumulado con el paso de los años.

11. DURATIERRA: "Enobra"
Si existe una agrupación que le puede dar un nuevo sentido a la canción latinoamericana, esa es Duratierra: una virtuosa y emocionante actualización de sonidos que cobijan con su arrullo de pájaro silvestre.

12. TODD CLOUSER'S A LOVE ELECTRIC: "The naked beat"
Un álbum hiperactivo: rockpopero, jazzero, poderoso. Sus reminiscencias zappianas y su lenguaje lúdico mantienen a quien lo escucha atento, emocionado y a la expectativa de la siguiente locura. Fenomenal.

13. DARKSIDE: "Psychic"
Disco de profundidades espaciales y múltiples capas de significado. A ratos puede parecer demasiado pretencioso, pero es cosa de tomárselo con calma para descubrir que, en efecto, se trata de una obra alucinante.

14. YO LA TENGO: "Fade"
Veteranos en la construcción de armonías perfectas. "Fade" es un festín de buenas canciones sin mayor complicación. Es amable, límpido y divertido. Toda una cátedra para la malnutrida escenilla "indie".

15. ARCADE FIRE: "Reflektor"
Muchos querían que volvieran a hacer otro "Funeral" u otro "Neon bible", pero en lugar de eso hicieron lo que les vino en gana: pop barroco electrónico retropostmoderno para neuronas bailarinas. O algo así.


MÚSICA NACIONAL

 
1. KAFKA ENSAMBLE: "Kafka ensamble"
Álbum cuasigestáltico, sucesión de estampas expresionistas con gradaciones istmeñas. No es jazz, no es clásica contemporánea y tampoco es música oaxaqueña: es todo eso deshecho y vuelto a armar. Es una maravilla.

2. YOKOZUNA: "Quiero venganza"
Lo pondré en palabras simples: los hermanos Tranquilino parecen ser los únicos músicos mexicanos realmente preocupados por hacer rock de verdad en este país. Oscuro, violento y con muchas, muchas pelotas. Aprendan.

3. CALACAS JAZZ BAND: "Bien bonito"
Apropiarse del estilo dixieland y traducirlo a los lenguajes musicales actuales no es fácil, pero los Calacas lo hacen con una frescura y naturalidad que vibra con emoción en cada tema de este fascinante álbum.

4. H3A: "H3A"
¿Clavecín y flauta de pico en un disco de composiciones originales de jazz? Sí, y el experimento es más coherente de lo que aparenta. Dos lenguajes musicales separados por años de tradición en plena y deliciosa convivencia.

5. JULIA VARI: "Lumea"
La vuelta al mundo en diez canciones. Vari demuestra ser una arreglista excepcional con un discurso propio y una capacidad asombrosa para unir en lógica consonancia temas aparentemente dispares. "Lumea" es una delicia.

6. JULIETA VENEGAS: "Los momentos"
Texturas vespertinas, contemplativas, reposadas. Lo nuevo de la Venegas es una propuesta de electropop introspectivo. Una invitación a delinearse de a poco, a dibujarse a partir de cada uno de los momentos.

7. CARLOS MARKS: "Dislalia"
Un disco que tiene los arrestos suficientes para rescatar la tradición gitana, el folclore nacional y la música balcánica, e interpretarlas en clave de jazz, no tiene precio. Sí, es exótico, pero también muy original.

8. ABRAHAM BARRERA TRÍO: "Ocaso"
No es precisamente innovador, pero tampoco lo necesita. Se trata simplemente de música placentera, con exquisito gusto y un insistente estilo percusivo al piano que delata la influencia velada de Thelonious Monk.

9. LA BARRANCA: "Eclipse de memoria"
José Manuel Aguilera se ha puesto, si cabe, más introspectivo que de costumbre. Sus letras siguen dando alas a la reflexión y su música se mantiene fina, ahora enmarcada por timbres reposados y metales lejanos.

10. ALEJANDRO OTAOLA: "Infinito"
Un experimento de posibilidades, en efecto, infinitas: improvisaciones siderales que llevan al extremo la idea del fractal, de la mano del virtuoso guitarrista y la siempre sorprendente voz de Iraida Noriega.

11. FELIPE SOUZA: "Blues alzado urgente"
Un disco variado que optó por la discreción. Pudo hacer alarde de florituras guitarrísticas, mas prefirió la ruta de la mesura para tejer sus melodías. Por eso es que se alza de a poco, en un crescendo que vuela y vuela...

12. EMILIANO CORONEL: "Mi camino"
El joven contrabajista ha creado un disco que anuncia una interesante carrera futura: diálogos de jazz sobre líneas abiertamente pop que se entretienen en composiciones juguetonas, frescas, a veces naïve; pero muy agradables.

13. ASTRID HADAD: "Vivir muriendo"
La selección de temas es impecable, los arreglos tienen el sello distintivo de la señora Hadad, y el concepto general del disco es de una belleza que conmueve y mantiene vivo el espíritu irreverente del cabaret.

14. OMAR LÓPEZ: "Saxofón electroacústico de México"
Este tercer volumen de la serie de saxofón contemporáneo ofrece una vertiente de vanguardia, amplia experimentación y clave postmoderna. Se trata, además, de la primera grabación de su tipo en nuestro país.

15. RADAID: "The willing"
El exotismo que caracterizó las fusiones musicales de esta banda ha cedido a favor de un mayor volumen en las guitarras y el virus de lo "indie", pero aún logran una mezcla atractiva y canciones contagiosas.


METAL INTERNACIONAL

 
1. DARKTHRONE: "The underground resistance"
Han creado un patrón: una suerte de metal regresivo que lleva en su violento discurrir las ansias por reencontrar el origen. Se trata de un disco visceral, medular, ronco. Un auténtico y honesto espíritu de la vieja escuela.

2. GHOST: "Infestissumam"
Sin duda, el álbum más contagioso del año. Sus armonías estremecen, sus letras encienden el ánimo satanista y su concepto global revitaliza la tradición del metal que no necesita ser "extremo" para estar bien hecho.

3. ROTTING CHRIST: "Kata ton daimona eaytoy"
Si hubiera una etiqueta de metal ocultista, esta banda estaría entre sus principales representantes. Su música reciente está marcada por un halo místico y ritual, totalmente alejado de clichés. Salvaje y elegante a la vez.

4. MORPHIUM: "Crónicas de una muerte anunciada"
En tiempos de híbridos, se agradece que el rostro moderno del metal no pierda su carácter violento. Hay aquí mucho death metal, pero también oscilaciones groove y un sentido melódico realmente envidiable. Una genialidad.

5. BLACK SABBATH: "13"
¿Necesitaban reinventar el género? Por supuesto que no. Ellos son de los principales creadores del género, y "13" sólo tenía la intención de regresar a confirmarlo. Es el sonido clásico, el que nos gusta. Y con eso basta y sobra.

6. CARCASS: "Surgical steel"
Hasta para ser violento se requiere de cierta clase y nivel. Que nadie olvide que el ruido extremo es mucho más que simple gruñidero de tripas sin sentido. Escuchad, mocosos: esto es verdadera inteligencia brutal.

7. FINNTROLL: "Bloodsvept"
Después de casi agotar las posibilidades de una fusión que en su momento fue innovadora, la banda de trolls ha perfeccionado su estilo sin traicionar el sonido clásico. Ahora incluyen una vivaz sección de metales.

8. REVAMP: "Wild card"
Floor Jansen no se cansa de jugar con las posibilidades de su voz. Su potencia es asombrosa y la banda que ha creado para acompañarla le hace plena justicia: metal melódico de excesos y perfecta manufactura.

9. TRISTANIA: "Darkest White"
Son de los pocos que se han atrevido a desafiar los temas clichés del llamado "gothic metal", para abordarlos con un mayor grado de crudeza y menos sofisticación. Además, su mezcla de voces es alucinante.

10. ORCHID: "Mouths of madness"
Fieles discípulos sabbathianos, han logrado una colección de temas que recrean la atmósfera vintage con un dejo de contemporaneidad. Esto resulta en un disco fresco que no por serlo sacrifica oscuridad ni densidad.


METAL NACIONAL
 

1. ZOMBIEFICATION: "At the caves of eternal"
Death metal visceral y putrefacto con fuertes anclajes en la escuela clásica. Ha superado con creces a su primer disco: la producción es impecable y los riffs sacudidores. Un excelente balance de técnica y agresividad.
 
2. THE MEATFÜCKERS: "Porn again"
Asalto violento de thrash y death metal en su vena más auténtica, tal y como debe ser: asesino, sangrante y profundamente sexual. Se siente el hedor del subterráneo. 2013 es sólo la fecha de edición, pero 2014 será el año de The Meatfückers. Un clásico instantáneo.
 
3. ARIA INFURIATA: "De bronce"
Álbum dinámico, representante del sonido clásico del heavy metal, pero mejorado con la adición de elementos que matizan y ofrecen diferentes colores. Mucha atención a su discurso enfáticamente contemporáneo.
 
4. INFERNA: "Sathanas regimen spiritualis"
Black metal de genuina devoción satanista, poseedor de un aura filosófica punzante que se grita con ira blasfema entre laberintos sonoros de infecta negrura. Una alta expresión de artes ocultas y cavernosas. Acojonante.
 
5. MUTUM: "Premonitions of war"
Probablemente sea el primer álbum mexicano que verdaderamente puede hablarse de tú con los grandes monstruos del metal sinfónico: producción impoluta, voces prodigiosas y la arrogancia de una orquesta sinfónica completa.
 
6. GENOCIDE: "The vaults of grief"
Un disco en el que abunda la brutalidad pero también la inteligencia para no caer en un ruido atascado y carente de sentido: velocidad, blastbeats y guitarras técnicas. Grindcore y death metal para orejas exigentes.
 
7. WISH IN THE SILENCE: "Tragic memories"
Metal gótico sólido y mesurado, afianzado a los componentes originales del género pero traducidos a un lenguaje actual. Su técnica es sencilla y elegante, y sus arreglos brillan luminosos en medio de la desesperanza.
 
8. INFERUS SEDIS: "The reign ends"
Black metal de escuela noruega, con riffs repetitivos y fríos, y la constante de una batería proteica que da cuerpo y densidad a los temas. Un disco de esos que sólo pueden existir en el subterráneo: primitivo, salvaje, diabólico.
 
9. SEPTICEM: "Pleasures of war"
Death metal con la suficiente brutalidad para destrozar tímpanos y cervicales. Es veloz, extremo y muy grave, sin una sola intención de refinamiento. Toda una infección pestilente servida con profundo placer.
 
10. ERSZEBETH: "Equilibrio"
Un avance importante con respecto a su primer álbum: aquí coexisten en palpable balance los elementos melódicos, dramáticos, agresivos y hasta electrónicos, circundando la exquisitez de las voces operísticas.
 
 
Servido, amable lector. He aquí la síntesis de lo que con más frecuencia sonó en las bocinas de este humilde apicultor durante el agonizante 2013. Cincuenta discos de buena manufactura que garantizan solaz y esparcimiento para orejas aburridas. Búsquelos, escúchelos, atásquese y, si le gustan, no dude en compartir su opinión. Si no le gustan, entonces el buzón de esta Madriguera está listo, como cada año, para recibir sus cariñosas mentadas de madre. Y a ver qué depara 2014. A esperar.
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domingo, 22 de diciembre de 2013

BILLIE JOE + NORAH: "Foreverly" (2013)




¿Que motiva a alguien a grabar un disco de versiones, o más aún, a regrabar íntegro un disco que fue lanzado hace más de cincuenta años —en este caso, el "Songs our daddy taught us", de The Everly Brothers—? Tal parece que para Billie Joe Armstrong —sí, el mismo de Green Day— la respuesta inmediata podría ser la nostalgia, o incluso el cariño. La cosa es que ni la nostalgia ni el cariño bastan para hacer un buen disco, y eso lo sabe todo el mundo. Cuando un músico hace acopio de los güevos suficientes para aventarse el paquetazo de recrear temas clásicos, lo único que le queda es ofrecer una interpretación libre de mácula para no terminar causando lástimas y la irritación de legiones de fans de las versiones originales. Bien, pues el perpetrador de "Foreverly" —hasta eso, un título bonito— ha procurado cuidar este detalle y por eso no sólo respetó las melodías y cuidó los arreglos lo más posible, sino que además invitó a la jazzera más pop de los últimos años, la gentil Norah Jones, para ayudarlo con el caprichito. ¿El resultado?

Bien, el resultado es curioso, porque el autor original de la idea, es decir, Billie Joe, es quien más sale perdiendo: Norah lo opaca a él y la grandeza de las canciones los opaca a ambos. Y no es que lo hagan mal, de ninguna manera: los dos son buenos instrumentistas y por lo menos uno de ellos sí canta —guess who—; sus respectivas reputaciones los preceden y dan cuenta de las habilidades musicales de cada uno por separado. El problema es que al escuchar "Foreverly", es difícil separar méritos: es un muy buen álbum, sin duda, pero ¿qué tanto se debe a que las canciones son maravillosas —que de eso no hay ninguna duda— y qué tanto a la interpretación de sus ejecutantes? Es claro que no cualquiera logra rehacer doce temas de country-folk con la mano en la cintura y las suficientes cualidades evocadoras, pero tampoco debemos ignorar el hecho de que ya otras parejas musicales lo han hecho antes y con mejores resultados (Mark Knopfler y Emmylou Harris, con "All the roadrunning", de 2006; y Robert Plant y Alison Krauss, con "Raising sand", de 2007). Las voces de Billie y Norah se perciben cómodas durante el disco, pero insisto: a veces da la impresión de ser sólo una ilusión favorecida por la estructura casi perfecta de las canciones, lo cual no necesariamente es mérito de la pareja.

Al final, el gran logro del álbum ha sido —y no es poca cosa— el rescate cultural no sólo de un disco, sino de un género que no ha tenido la suficiente difusión entre las generaciones recientes. Si "Foreverly" sirve como pretexto para que más gente se eche un clavado en la historia del country y la música popular norteamericana —sobre todo los adolescentes, que tienen más probabilidades de llegar a esta música vía el frontman de Green Day que a través de Willie Nelson o Sheryl Crow, por decir algo—, entonces el esfuerzo de Billie Joe habrá valido la pena. No estamos hablando del disco del año, pero sí de un trabajo entrañable, que se deja escuchar y se disfruta entre suspiros, sonrisas y una que otra amarga lagrimilla. Parece que la nostalgia y el cariño no son tan malas excusas para grabar un disco de versiones, después de todo.
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domingo, 15 de diciembre de 2013

INFERUS SEDIS: "The reign ends" (2013)




A veces, distinguir las cualidades particulares de un disco de black metal es tarea compleja. Se trata de un género que frecuentemente tiende a la repetición de esquemas y que ofrece poco espacio para la novedad. Inferus Sedis no es la excepción, pero "The reign ends" tiene virtudes propias que hacen interesante su escucha. El sonido general del álbum se deriva de la escuela noruega, con riffs repetitivos y fríos, pero también con la constante de una batería proteica que da cuerpo a los temas. La banda ha sabido rodear su música con un halo maligno, que crea la sensación de estar escuchando los ecos de algún ritual ocultista celebrado en el interior de una vieja catacumba. En ese sentido, las atmósferas logradas son densas y completamente alejadas de la luz; y es que el debut de Inferus Sedis es un disco de esos que sólo pueden existir en el subterráneo y para el subterráneo: es primitivo, salvaje, diabólico.

De los siete tracks que conforman "The reign ends" destaca el tema homónimo, por la paradójica pero bien ensamblada convivencia entre blastbeats poderosos y riffs de guitarra con ánimos distímicos; "Total holocaust", con su espíritu a la Carpathian Forest; y "Army of Sathanas", cuyo trepidante ritmo de marcha simula un ejército de caballos endemoniados galopando desde el mismísimo averno. También vale la pena detenerse en el tema final, "Melancholy of the horned", pues se trata —no solamente en el título, también en su estructura— de una cruda deprecación a la melancolía, por momentos cercana a los abismos del black metal depresivo pero sin amaneramientos ni dramas de mozalbetes emo, sino todo lo contrario: es un aullido violento que se hiende con ardor en la más honda negrura.

En resumen, todo aquel que disfrute con el sonido clásico del black, sin duda disfrutará de "The reign ends": veinticinco minutos de peste negra esparcida con cruda determinación y ferocidad impía, en formato CD-R limitado a 100 copias. Completamente underground, tal y como le gusta a Satanás. Muy buen disco.

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jueves, 5 de diciembre de 2013

ARIA INFURIATA: "De bronce" (2013)




Generalmente (prejuicios de apicultor) yo no espero demasiadas sorpresas en un disco de heavy. Menos aún en tiempos donde el descarado plagio de estilos se ha vuelto casi una norma entre muchas bandas de metal. Por eso disfruto tanto cuando un álbum es lo suficientemente bueno para sacudir esos prejuicios, porque entonces el disco en cuestión posibilita el reencuentro con géneros que a veces damos por desgastados. "De bronce" es esa clase de disco.

¿Por dónde empezar? Se puede decir que es un álbum vigoroso, que sus ejecutantes demuestran un alto nivel de habilidad y técnica o que el rango de su vocalista es amplio y con fantásticos agudos; pero la verdadera sorpresa con Aria Infuriata es que se trata de una agrupación gratamente dinámica, una banda que conoce a la perfección el heavy metal y que por eso logra reproducir un sonido clásico (con la fuerza y la energía que ello requiere), aunque mejorado con la adición de elementos que matizan y otorgan a la grabación un contexto de contemporaneidad. Así es, amable lector: "De bronce" no es el típico disco que usa el argumento de la "vieja escuela" como justificación para el sonsonete anquilosado. Al contrario: resulta difícil entender el surgimiento de este álbum en cualquier otro momento histórico, pues su línea discursiva pertenece decididamente al México del siglo XXI. Basta escuchar con detenimiento cada tema para notar de inmediato que este es un disco que sólo pudo haber nacido en el aquí y el ahora: entre la angustia de la globalización, la realidad del cambio climático y la crisis de los sistemas políticos mundiales. Aria Infuriata ha entregado una obra enfáticamente contemporánea con amplias posibilidades de trascendencia por lo vigente de su discurso letrístico y musical, y por eso resulta tan grato escucharlos.

"De bronce" ofrece, en sus más de sesenta minutos de duración, una gama de variaciones que, al ser yuxtapuestas, permiten que el oyente perciba un disco de diferentes colores: de los medios tiempos y orgullosos coros en el tema homónimo, a los estruendos de la sección rítmica y las lenguas llameantes del teclado y guitarras en "Tormenta de fuego" o "Nosotros somos más". Incluso los temas que aparentan ser más genéricos ("El tercer planeta", por ejemplo) tienen un diseño escrupuloso que evita que el álbum baje de nivel. Por otro lado, la banda hace gala de su gusto por los excesos en dos temas de más de diez minutos que harán las delicias de cualquier amante de la progresión: "Ítaca", con su detallada parte instrumental; y la final "Fray Bestia", que cierra con denuedo tanto por introducir una variante atractiva al discurso predominante en los nueve temas anteriores, como por el recubrimiento de la canción: airados cambios de tempo, y un intro e interludio de expresión barroca que redondean la construcción de su propuesta temática.

No es secreto que los discos largos conllevan el riesgo de volverse monótonos, pero Aria Infuriata ha sabido administrar sus cartas para soltarlas estratégicamente en el transcurrir de éste, su debut discográfico. Sí, se trata de un álbum que probablemente no reproduzca usted muy frecuentemente de principio a fin, pero vale la pena sentarse de vez en cuando a hacerlo, para observar con calma cada una de sus palpitantes capas. En tiempos donde no todo lo que brilla es oro, da gusto que las cualidades del bronce resplandezcan de manera tan genuina como en esta banda. No tenga duda, amable lector, el brillo de Aria Infuriata es real.

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domingo, 10 de noviembre de 2013

HOCICO EN SAN LUIS POTOSÍ




"Donde manda el perro, se ata al amo".
-Proverbio español

Sábado 9 de noviembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, San Luis Potosí.
Biomortek, Larva, Hocico.

Un par de aullidos sonaron en lontananza: aún no eran suficientes, pero ya dejaban entrever que la rabia se esparciría pronto, como el trazo de una epidemia anunciada que en su forma final sería devastadora, pero que apenas empezaba a esparcirse como se esparce un virus: sigiloso, calmo, como esperando burlarse cuando las víctimas intenten detenerlo sin saber que es demasiado tarde. De esa forma entró Biomortek: cuando lo notamos, ya habíamos sido contaminados. La plaga ascendió en forma de pulsaciones industriales y guitarreos electrificados. Si alguien escribiese una historia en donde convergieran los virus computacionales y la guerra bacteriológica, probablemente Biomortek sería una buena banda sonora para acompañar el relato. Apenas iniciaba la noche y ya había una primer tormenta de riffs y cólera mecanizada que, a pesar de la agresión, se daba el tiempo para aseverar, irónica, que in heaven, everything is fine.

Pero las mentiras suelen caer por su propio peso, sobre todo cuando el nombre del tour advierte que en estos días se camina sobre el fuego. Por eso fue difícil creer que nos encontrábamos en el cielo: porque en el cielo no habría peste ni larvas inmundas. Y esa noche, en el Steel Metal Bunker, hubo larvas. Incubaron en su seno perversas canciones de cuna con olor a miedo, frutos malditos que se escurrieron como lepra para obsequiarnos lo que quedó de la orgía: semen radiactivo eyaculado sobre las orejas de un público que mamó el histrionismo de Larva, una banda que a pasos firmes se consolida como una de las mejores propuestas del subterráneo mexicano. Escucharlos es recuperar la fe en las vertientes modernas del metal, pues la efervescencia venenosa que abunda en sus temas contiene suficiente creatividad e inteligencia para demostrar que no están jugando, que su ira es de verdad y que infecta con denuedo y arte homicida del siglo XXI. Sin tomar en cuenta las reputaciones que preceden a cada banda, es perfectamente posible asegurar que Larva, más que un acto telonero, probó ser un monstruo que también sabe lanzar dentelladas y que se ladra de tú hasta con el propio Cancerbero.

Y hablando de perros del infierno, los aullidos que otrora resonaban a lo lejos, de repente se volvieron cercanos: cuando volteamos, sus fauces ya babeaban nuestras orejas y entre jadeos colmilludos susurraban que esa noche bailaríamos con el diablo. No hubo más remedio que creerles; después de todo, tanto la mitología como la tradición nos han dejado bien claro que una de las formas que más le gustan al demonio es la del perro. Y así se manifestó: mordelón, colmilludo, espumoso. Erk y Racso demostraron que, después de veinte años en activo, Hocico aún tiene hambre y odio bajo el alma. La violencia sonora y escénica del dúo marcó territorio, y montó a su público que gustoso se puso en cuatro ante la indicación de "sólo coge, pinche perra". Dos machos alfa, cientos de tarascadas electrónicas y una jauría en celo que se agitaba trémula y roñosa. Ese par de dientes caninos llegaron hasta los huesos y mascaron con deleite la carne cruda de los allí presentes. Da miedo imaginar el próximo ataque de Hocico.

Abraham Lincoln dijo en alguna ocasión: "más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él". Y ahora mismo, mientras escribo esto, no se me ocurre sino dar gracias porque durante esa noche de infecciones, larvas y cánidos nadie parecía conocer dicha frase. Aún arden las mordidas sobre la carne viva, pero valieron la pena. Vaya que valieron la pena.
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viernes, 1 de noviembre de 2013

CADAVERIA EN SAN LUIS POTOSÍ




"Así, frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como creación; otra, de regreso, que se expresa como fascinación ante la nada o como nostalgia del limbo".
-Octavio Paz


Jueves 31 de octubre de 2013, 22:00 hrs.
San Luis Potosí, S.L.P.

Y celebramos la Muerte. La fecha era idónea y el hálito sibilino; así como ella, cuyo estertor penetraba con violencia y abría heridas en la superficie de la noche: ofrecimiento e invocación. No siempre se tiene la suerte de participar en el ritual del Horror Metal en pleno 31 de octubre. Y es que el festejo no exime a nadie del horror: acaso por una suerte de mecanismo de defensa que posibilita la mutación de los más profundos miedos en su opuesto semejante. Por eso celebramos la Muerte, al amparo de los evangelios según Cadaveria: hembra taumaturgia, mujer nahual, y sí: señora de las sombras.

Verla a los ojos mientras canta es extraño: como un híbrido imposible entre Medusa y Nereida, como una suma de energías que petrifica el alma y se encaja en los oídos, que impone y fascina por lo oscuro de su naturaleza. La banda esparcía su culto en suelo potosino y el público supo recibir la maldición con agrado. En el principio fue "Apocalypse", con sus referentes a la mitología Maya y guitarreo blacksabbathiano; una canción enorme cuyo final fue enlazado con otro de los temas fuertes del "Horror Metal": "The days of the after and behind", que levantó las primeras oraciones en coro de parte de los asistentes. Las dos mejores canciones que la banda pudo elegir para abrir el recital. Enseguida hubo que pausar el horror abstracto a favor de uno más palpable, del tipo venenoso, del que se inocula en la sangre: "Memento audere semper" y "Anagram" fueron las únicas visitas de la noche a aquel fabuloso "In your blood", pues a continuación irrumpió en el ambiente el riff principal de "Death vision" para provocar la histeria casi inmediata. Una reacción masiva a la que Cadaveria debe estar más que acostumbrada.

La siguiente parte del ceremonial fue dominada por el aura retorcida del "Far away from conformity". Cuando nadie lo esperaba, llegó la dentellada y el extrañamiento: "Blood and confusion"; en seguida, una espeluznante "Flowers in fire" sembró de llamas el camino para recibir la sacudida (corporal y extracorporal) de "Out body experience". Luego, un interludio de guitarra y un incremento en la rabia que se propagaba iracunda con los golpeteos de "Eleven three o three". La posesión era evidente en la mayor parte del público, cuyos cuerpos se agitaban como si fuesen movidos por una fuerza superior a ellos mismos; por eso, con el ímpetu de quien se sabe conocedor de la Muerte y las energías oscuras, Cadaveria pronunció su palabra final en forma de sentencia: "Assassin" retumbó con atrocidad hiriente para hacer sangrar la última llaga. Y hasta la penumbra lo sintió.

Pero hubo encore. Claro que hubo encore. Después de todo nos encontrábamos frente a una genuina bruja, y ella se encontraba —y se le notaba— feliz de tener a disposición de sus hechizos la noche más importante del año. Samhain. Halloween. Era hora de volver al origen, de reverenciar los ciclos; el medio: "Circle of eternal becoming". Entonces el crescendo ocultista devino en la conclusión más lógica: cómo no cerrar con "Spell". Más allá de ser un lugar común, anoche la canción reveló todo su poderío, y funcionó como una perfecta declaración de principios. La muerte, el horror, no son soportables para todos: la naturaleza humana es temer a lo que amenaza la integridad personal; pero cuando el rito es conducido por alguien que domina a la perfección sus territorios, entonces abandonarse a las tinieblas es un auténtico placer. Y Cadaveria siempre es un placer. Excelente concierto.
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THERION EN SAN LUIS POTOSÍ

Domingo 3 de junio de 2018 Teatro de la Ciudad, Parque Tangamanga I San Luis Potosí, S.L.P. Una tarde soleada es un pre...