sábado, 7 de abril de 2018

NECROMASS EN SAN LUIS POTOSÍ




Viernes 6 de abril de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.

Hay feria en el pueblo. Y cuando hay feria en el pueblo me dan ganas de adentrarme hondo en algún calabozo de rugidos negros, donde no lleguen las manzanas acarameladas, la pólvora tristona ni el vulgar bullicio. Afortunadamente esa noche, en otro punto de la ciudad (adivinen cuál), también habría black metal.

Las diez de la noche: suben a las tablas los locales Tree of Death. ¡Carajo! Si hay algo de coherencia en la escena, estos muchachos pronto tendrán que volverse parte de la camada de hijos predilectos del under potosino. Su visión del black metal está fuertemente apegada a las raíces y se nota que han trabajado su concepto con seriedad: el set es dinámico, violento y hábil en la creación de momentos tensos alternados con estallidos de rabia. Una de las mayores virtudes de su música es que mantiene sonoridades old school sin sonar a viejo... como las atmósferas necro de unos Aura Noir o lo más regresivo de Darkthrone (I am the grave of the 80s!!!!). Además, Tree of Death consigue mantener una actitud punk a la Motorhead y lo más fabuloso: después de todo eso, siguen sonando técnicos. Una banda que hay qué tener en cuenta.

Los siguientes en tomar el escenario fueron Brutal... ¿Corporis? No lo sé. Su logo es lo suficientemente death como para hacerme dudar de haber escrito correctamente su nombre. Sin embargo, su ruido sí que fue una sorpresa: blackened death metal vociferado en inglés y español con una pronunciación clara e inteligible (todo lo inteligible que puede ser un discurso de grunts y shrieks, por supuesto), de claras tendencias satánicas. Probablemente lo que más me gustó de su propuesta fue la sección rítmica, con líneas de bajo que se veían bastante interesantes... lástima que casi no se escuchaban.

A continuación, Tricératops. Sí, así se llaman. Yo había visto el logo en el flyer del evento, pero creí que sería un patrocinador o una marca de playeras... todo, menos el nombre de una banda. Pero son una banda. Y a juzgar por su sonido, apostaría a que son fans de la clásica escuela nórdica de los 1990s, con todo y sus atmósferas y medios tiempos. Chido. En ese momento también se instaló la mesa de mercancía, así que me distraje de lo que pasaba en el escenario y me puse a husmear los discos (por cierto, al fin pude conseguir mi copia del split Necromass / Mortuary Drape, que justo del lado Drape suena fuerte como grito de momia en catacumba. Lo estoy escuchando mientras escribo esto).

El flyer decía que la banda siguiente era Dark Forest, de Acapulco; pero a veces pasan cosas que contradicen a los flyers y cambian los planes. Acá no sé qué pasó, pero Dark Forest no vino al show. Ni hablar.

Si tu banda de black metal incluye a una bailarina, entonces tu banda de black metal es para bailar. Y no, mis queridos puristas, no os ofendáis: la presencia de una gothette que usa máscara de chivo negro y juega con fuego al mejor estilo de los entertainers de crucero pero con más cachondería, no merma la condición de culto de los italianos Necromass; simplemente hace el espectáculo más divertido. Y si es divertido, dan ganas de bailar (sí, el headbanging, las guitarras de aire y las baterías invisibles cuentan como baile). El metal negro de los estelares no es un despliegue de técnica espectacular pero sí está impecablemente producido y tiene todos los items del checklist. Lo suyo es una negritud de esas que se antojan macarras, rufianescas, punketeras. Es ese black que se disfruta con unas cuántas cervezas encima y una actitud desenfadada que hace cuernos con las manos más por jugar al espectáculo que por compromiso ideológico. Rolas perfectamente diseñadas para desenvolverse entre los extremos de un espectro que va de lo caótico a lo rítmico, con un circular dominio de la fórmula e indiscutible precisión: los Necromass veloces, son bien veloces (toda una lección de la infernalísima trinidad blastbeats-tremolos-howlings); y los rítmicos, bien rítmicos (fraseos pegajosos y vocalizaciones que coquetean con el modelo estribillo-puente-coro). La banda demostró que su estatus de culto está justificado, y aunque es evidente que la experiencia de la Misa Necro funciona mejor en directo que en grabación, siempre da gusto comprobar que mientras cuente con representantes como ellos, el viejo black metal seguirá encontrándose lejos de emitir su último estertor.

O como dicen los Stones: "Its only rock'n'roll, but we like it".

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