domingo, 22 de diciembre de 2013

BILLIE JOE + NORAH: "Foreverly" (2013)




¿Que motiva a alguien a grabar un disco de versiones, o más aún, a regrabar íntegro un disco que fue lanzado hace más de cincuenta años —en este caso, el "Songs our daddy taught us", de The Everly Brothers—? Tal parece que para Billie Joe Armstrong —sí, el mismo de Green Day— la respuesta inmediata podría ser la nostalgia, o incluso el cariño. La cosa es que ni la nostalgia ni el cariño bastan para hacer un buen disco, y eso lo sabe todo el mundo. Cuando un músico hace acopio de los güevos suficientes para aventarse el paquetazo de recrear temas clásicos, lo único que le queda es ofrecer una interpretación libre de mácula para no terminar causando lástimas y la irritación de legiones de fans de las versiones originales. Bien, pues el perpetrador de "Foreverly" —hasta eso, un título bonito— ha procurado cuidar este detalle y por eso no sólo respetó las melodías y cuidó los arreglos lo más posible, sino que además invitó a la jazzera más pop de los últimos años, la gentil Norah Jones, para ayudarlo con el caprichito. ¿El resultado?

Bien, el resultado es curioso, porque el autor original de la idea, es decir, Billie Joe, es quien más sale perdiendo: Norah lo opaca a él y la grandeza de las canciones los opaca a ambos. Y no es que lo hagan mal, de ninguna manera: los dos son buenos instrumentistas y por lo menos uno de ellos sí canta —guess who—; sus respectivas reputaciones los preceden y dan cuenta de las habilidades musicales de cada uno por separado. El problema es que al escuchar "Foreverly", es difícil separar méritos: es un muy buen álbum, sin duda, pero ¿qué tanto se debe a que las canciones son maravillosas —que de eso no hay ninguna duda— y qué tanto a la interpretación de sus ejecutantes? Es claro que no cualquiera logra rehacer doce temas de country-folk con la mano en la cintura y las suficientes cualidades evocadoras, pero tampoco debemos ignorar el hecho de que ya otras parejas musicales lo han hecho antes y con mejores resultados (Mark Knopfler y Emmylou Harris, con "All the roadrunning", de 2006; y Robert Plant y Alison Krauss, con "Raising sand", de 2007). Las voces de Billie y Norah se perciben cómodas durante el disco, pero insisto: a veces da la impresión de ser sólo una ilusión favorecida por la estructura casi perfecta de las canciones, lo cual no necesariamente es mérito de la pareja.

Al final, el gran logro del álbum ha sido —y no es poca cosa— el rescate cultural no sólo de un disco, sino de un género que no ha tenido la suficiente difusión entre las generaciones recientes. Si "Foreverly" sirve como pretexto para que más gente se eche un clavado en la historia del country y la música popular norteamericana —sobre todo los adolescentes, que tienen más probabilidades de llegar a esta música vía el frontman de Green Day que a través de Willie Nelson o Sheryl Crow, por decir algo—, entonces el esfuerzo de Billie Joe habrá valido la pena. No estamos hablando del disco del año, pero sí de un trabajo entrañable, que se deja escuchar y se disfruta entre suspiros, sonrisas y una que otra amarga lagrimilla. Parece que la nostalgia y el cariño no son tan malas excusas para grabar un disco de versiones, después de todo.
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