domingo, 10 de noviembre de 2013

HOCICO EN SAN LUIS POTOSÍ




"Donde manda el perro, se ata al amo".
-Proverbio español

Sábado 9 de noviembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, San Luis Potosí.
Biomortek, Larva, Hocico.

Un par de aullidos sonaron en lontananza: aún no eran suficientes, pero ya dejaban entrever que la rabia se esparciría pronto, como el trazo de una epidemia anunciada que en su forma final sería devastadora, pero que apenas empezaba a esparcirse como se esparce un virus: sigiloso, calmo, como esperando burlarse cuando las víctimas intenten detenerlo sin saber que es demasiado tarde. De esa forma entró Biomortek: cuando lo notamos, ya habíamos sido contaminados. La plaga ascendió en forma de pulsaciones industriales y guitarreos electrificados. Si alguien escribiese una historia en donde convergieran los virus computacionales y la guerra bacteriológica, probablemente Biomortek sería una buena banda sonora para acompañar el relato. Apenas iniciaba la noche y ya había una primer tormenta de riffs y cólera mecanizada que, a pesar de la agresión, se daba el tiempo para aseverar, irónica, que in heaven, everything is fine.

Pero las mentiras suelen caer por su propio peso, sobre todo cuando el nombre del tour advierte que en estos días se camina sobre el fuego. Por eso fue difícil creer que nos encontrábamos en el cielo: porque en el cielo no habría peste ni larvas inmundas. Y esa noche, en el Steel Metal Bunker, hubo larvas. Incubaron en su seno perversas canciones de cuna con olor a miedo, frutos malditos que se escurrieron como lepra para obsequiarnos lo que quedó de la orgía: semen radiactivo eyaculado sobre las orejas de un público que mamó el histrionismo de Larva, una banda que a pasos firmes se consolida como una de las mejores propuestas del subterráneo mexicano. Escucharlos es recuperar la fe en las vertientes modernas del metal, pues la efervescencia venenosa que abunda en sus temas contiene suficiente creatividad e inteligencia para demostrar que no están jugando, que su ira es de verdad y que infecta con denuedo y arte homicida del siglo XXI. Sin tomar en cuenta las reputaciones que preceden a cada banda, es perfectamente posible asegurar que Larva, más que un acto telonero, probó ser un monstruo que también sabe lanzar dentelladas y que se ladra de tú hasta con el propio Cancerbero.

Y hablando de perros del infierno, los aullidos que otrora resonaban a lo lejos, de repente se volvieron cercanos: cuando volteamos, sus fauces ya babeaban nuestras orejas y entre jadeos colmilludos susurraban que esa noche bailaríamos con el diablo. No hubo más remedio que creerles; después de todo, tanto la mitología como la tradición nos han dejado bien claro que una de las formas que más le gustan al demonio es la del perro. Y así se manifestó: mordelón, colmilludo, espumoso. Erk y Racso demostraron que, después de veinte años en activo, Hocico aún tiene hambre y odio bajo el alma. La violencia sonora y escénica del dúo marcó territorio, y montó a su público que gustoso se puso en cuatro ante la indicación de "sólo coge, pinche perra". Dos machos alfa, cientos de tarascadas electrónicas y una jauría en celo que se agitaba trémula y roñosa. Ese par de dientes caninos llegaron hasta los huesos y mascaron con deleite la carne cruda de los allí presentes. Da miedo imaginar el próximo ataque de Hocico.

Abraham Lincoln dijo en alguna ocasión: "más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él". Y ahora mismo, mientras escribo esto, no se me ocurre sino dar gracias porque durante esa noche de infecciones, larvas y cánidos nadie parecía conocer dicha frase. Aún arden las mordidas sobre la carne viva, pero valieron la pena. Vaya que valieron la pena.
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1 comentario:

  1. hace tiempo escuche esta banda y me sorprendió su historia, debo admitir que me costo trabajo educar mi oído para tomarle gusto a su música, Gran articulo Apicultor -como siempre-

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