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sábado, 8 de febrero de 2020

ZOANTHROPIC PARANOIA: "Sesiones Mnémicas" (2020)



Vivimos tiempos extraños: el rocanrol, incluso en sus vertientes más extremas, ha sido reducido a fórmulas que se pueden procesar, enlatar y distribuir en serie. Afortunadamente, existen músicos que no están dispuestos a olvidar que el rock también es un asunto de güevos. O de ovarios. Pero en este caso, de güevos. Zoanthropic Paranoia es un proyecto potosino nacido a mediados de la primera década del nuevo milenio. Practican una brutal mescolanza de grindcore con elementos de death metal y harto ruido cavernoso. Sus composiciones se mueven en el más puro clasicismo del género: temas que no llegan a los dos minutos, una producción totalmente DIY y un sonido saturado que ellos saben convertir en ventaja, como alquimistas de la podredumbre, del estruendo, de la distorsión.

Y sí: Zoanthropic Paranoia es una banda con güevos. Porque se necesita tenerlos bien puestos para lograr que un proyecto tan tradicional (para los cánones del género, insisto) alcance a separarse de sus contemporáneos con una determinación que sacude por su honestidad sangrante. En plena era donde la rebeldía se mide en posts, shares y likes, esta banda ha creado un verdadero discurso politizado que cierra filas y se antoja contestatario desde la raíz. Allá donde otras agrupaciones optan por la consigna panfletaria, los Zoanthropic prefieren lanzar su dentellada a las estructuras veladas de poder, a través de un despiadado cuestionamiento a los estándares institucionalizados de la salud mental y la normalidad (lo que sea que ambas cosas signifiquen). Se trata de un concepto actitudinal, letrístico y sí, rebelde, que se fundamenta en corrientes filosóficas, teorías psi- de corte oposicionista y una serie de elaboraciones casi cyberpunk que tienen como blanco la mente de los escuchas. Es una disertación que insta a la guerra desde los espacios personales. Es un acto conmovedor (y poderoso) de pura y rabiosa transgresión.

Vale la pena hacer notar el formato de "Sesiones Mnémicas". El álbum se entrega en un CD-R con 19 pistas, inserto en una carpeta negra; además de un cuadernillo interior de 14 páginas en tamaño carta. Por supuesto, dicha presentación no es para nada una casualidad: es obra de la lucidez creativa de quien sabe cómo dirigir su propuesta. En el librillo se pueden encontrar las letras de todos los temas (cosa que se agradece, porque de la sola escucha es imposible discernir una sola palabra —¡hey! ¡esto es grindcore!—), mas un extenso comunicado (firmado por el autor principal) que es al mismo tiempo biografía, texto confesional, manifiesto y declaración de intenciones. "Sesiones Mnémicas" no es sólo un álbum de música extrema: es un misil teledirigido con potencial incendiario; es un ejemplo bárbaro de que la conceptualización en la música contemporánea aún es posible; es el hórrido estertor del underground que se niega a morir. Y sí: es también un puto discazo.


sábado, 7 de diciembre de 2019

ALEJANDRA LARA: "Burnaut" (2019)




"Si el mundo no tiene sentido, ¿por qué mi disco tiene qué tener sentido?", se pregunta Alejandra Lara entre risas tímidas, al platicar sobre "Burnaut". Y sin embargo, uno de los puntos más fuertes del álbum es, justamente, su capacidad de crear un concepto narrativo y sonoro que puede ser todo, excepto un sinsentido.

La autora ofrece, en este primer larga duración, una exploración muy personal acerca de las crisis emocionales, el dolor y la capacidad humana de sanar a través de la confrontación, aunque el camino implique dudas, miedo, inseguridades. "Yo encierro mis monstruos en canciones", confiesa Lara, y eso se nota cuando uno escucha este trabajo. Es verdad que la incertidumbre adolescente es uno de los tópicos más frecuentemente abordados en la historia del rock, pero la aproximación que consigue "Burnaut" demuestra que el tema está vigente, y que merece la pena volverlo a colocar sobre la mesa cuando se tiene el ingenio (y la insolencia, todo sea dicho) para abordarlo con la seriedad de quien verdaderamente desea aprender, proponer y, sobre todo, crear. En este caso, el ejercicio parte de una introspección personal, pero termina siendo una mirada que admite que cualquiera cruce sus propios ojos con ella, para ver lo que cada quién tenga qué ver. El tema de la catarsis a través de la exploración artística tampoco es nuevo, pero a Alejandra Lara eso la tiene sin cuidado. Ella reconoce que el disco surge como una necesidad individual: "Conmigo ya cumplió su objetivo", señala con la satisfacción de quien habla con transparencia. Y lo que pase con el resto de los escuchas, es punto y aparte.

¿Y qué, entonces, puede encontrar aquí el escucha de ocasión? Afortunadamente, mucho. A pesar de su juventud, Lara no es una improvisada: su trayectoria incluye un historial como bajista de la banda Peach Creeks, además de varias grabaciones caseras de demos, maquetas y composiciones con distintas finalidades. En el caso de este álbum, ella funge no sólo como compositora e intérprete, sino como autora y responsable única de todo el proceso: desde la gestación (algunas canciones, como "Colisión", nacieron desde años atrás), hasta la mezcla final. La intuición creativa de la intérprete la ha llevado a procesar a su manera los sonidos de su entorno, para lograr una mescolanza que sirve como escenario perfecto para las reflexiones que plantea en su discurso. "Es como un vómito de todas las cosas que escucho", bromea Lara antes de disculparse por ser "tan escatológica". Pero el sonido final no tiene nada de vomitivo. A pesar de que la autora menciona a actos tan lejanos entre sí como Paramore y Panda vs. Warpaint o Burial, lo cierto es que "Burnaut" puede presumir de una personalidad lo suficientemente sólida que permite reconocerlo por lo que es. Claro que las referencias están ahí: a veces a la manera indie, a veces con la rabia del postpunk o a veces con el desencanto de algo que parecería un post-post-post-grunge (y hasta elementos de trap, como en "Podrido"), aunque siempre rodeados por un vapor que no alcanza a ser sofocante, pero sí logra que la atmósfera del álbum se torne nebulosa, inasible: uno sabe que los beats (o la voz, o la melodía) están ahí, pero su naturaleza es tan volátil que parece que se esfuman apenas terminan de sonar uno detrás del otro. Al final, "Burnaut" suena tan real, que el oyente se tiene qué preguntar si no es más bien un espejismo. De todos modos, el primer track del álbum, "Disclaimer", ya nos advierte desde el principio: "nos vamos a morir sin saber".

En plena era del single, es un alivio constatar que aún hay gente joven que apuesta por las narrativas elaboradas que no se digieren en dos minutos. Y Alejandra Lara es un buen ejemplo de esta resistencia. Ella se declara fan de los álbumes-concepto, por eso no es de sorprender que "Burnaut" esté planeado para ser parte de una trilogía que ya tiene esbozada su forma y su objetivo, y cuyo segundo capítulo ya se encuentra en proceso de composición. Cuando Lara relata dichos planes, en su voz resuena un hilo de entusiasmo que contrasta con el tono desesperanzado de "Burnaut", y que de acuerdo con ella misma, es reflejo de su situación actual. Es la voz de una creadora que ha sabido dar libertad a sus emociones, la voz de alguien que está dispuesta a la madurez, al aprendizaje y a la evolución. Y si estas cualidades se ven reflejadas en futuras grabaciones, entonces podemos tener la certeza de que la calidad artística estará asegurada. Que así sea.

Y mientras eso ocurre, escuchemos...




domingo, 27 de mayo de 2018

FUERZA DE PUERCO PRESENTA: FUMATA Y TERROR CÓSMICO




FUMATA / TERROR CÓSMICO / EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE / MORSAN
Sábado 26 de mayo de 2018.
Búnker, Sala de conciertos.
San Luis Potosí, S.L.P.

En el subterráneo no hay telones que se abran. El foro simplemente está ahí: decadente, deforme, como los congregados. Como las cuatro escenas que el Diablo dispuso para esa noche.

Escena # 1: Morsan.
El Diablo se aparece en el garage. Toma una guitarra prestada y le sube todo al ampli. Le gustan los riffs en seco. Le gustan tanto que los repite obsesivo, cada uno con más rabia que el anterior. El Diablo no toca; golpea, más bien. Rasguña, rasca como en ataque de roña, testarudo hasta escocer. La comezón se vuelve ardor y la piel viva sangra enloquecida.

Escena # 2: El Escuadrón de la Muerte.
El Diablo se masturba y eyacula baba negra, viscosa, hirviente. Las venas de su miembro vibran antes del chorro, y su eco remueve las entrañas de la Tierra. Pulsos de baja frecuencia retumban y ensordecen. El Diablo gruñe y escupe su orgasmo sobre la humanidad: preña a la masa con veneno caliente que entume la voluntad y arranca convulsiones. La agonía suena alto; el final llega despacio.

Escena # 3: Terror Cósmico.
El Diablo se erige, cínico, sobre el universo. Ríe con arrogancia y emite un alarido negro: su voz se expande en repeticiones de tiniebla que se vuelven remolinos gigantescos. Su aliento amorfo traga planetas enteros y hace de la destrucción un bucle infinito: reina el caos, majestuoso, y los horrores de lo desconocido forman armonías ininteligibles que se pierden en lo eterno, en la inmensidad.

Escena # 4: Fumata.
El Diablo se coge a la Muerte. Tras la cópula, fuman mota y cubren a la humanidad con el manto humeante de la miseria y la desesperanza. La nube mata todo lo que toca: lo quema, lo consume, lo reseca. Los cadáveres se apilan y, al descomponerse, sus humores flotan en perfecta armonía con la Muerte, que observa la escena, conmovida, desde su frialdad post-orgásmica. El Diablo y la Muerte apagan las luces. Entonces, la nada...


VISIONES [REALES O NO] DE LA HECATOMBE:

Álbum 1 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.

Álbum 2 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.


INVOCACIONES SONORAS:

Fumata:

Terror Cósmico:

El Escuadrón de la Muerte:

Morsan:


domingo, 15 de abril de 2018

WE ARE ONE: "Darkwave Vol. I" (2018)



We are one es el nombre de un sello discográfico emergente con sede en la Ciudad de México. En meses recientes lanzaron su primera compilación dedicada al darkwave nacional, compuesta por 18 temas inéditos (uno por participante) de diferentes proyectos que habitan en los rincones más ensombrecidos del país.

We are one puede ser, también, la declaración de un movimiento musical que al parecer se niega a crecer. Un romántico caso de síndrome de Peter Postpunk que sigue alimentándose del cadáver de los 1980s. Da igual si hablamos del primer mundo, de regiones desconocidas o, como en este caso, de la escena mexicana, la constante de los aferrados goths es que no quieren alejarse de los sonidos clásicos de claves menores, tonos bajos y lúgubre desencanto juvenil.

We are one es la confianza ciega en una corriente estética y musical cuyos practicantes no necesitan diferenciadores individuales, porque su identidad es colectiva. Por eso en los más de 60 minutos de duración de este disco apenas hay variaciones importantes. Pero eso no es malo: es la permanencia homogénea de un estilo que murió joven y dejó un bonito cadáver para deleite de los vampiros de todo el orbe. ¿Que a veces parece que se trata de un álbum de larga duración de una sola banda, en lugar de un acoplado? Puede ser. ¿Y qué? We are one.

We are one - Darkwave Vol. I incluye temas en inglés y español, con voces femeninas y masculinas, además de breves visitas a las tumbas vecinas del postpunk, el coldwave y el synthpop. Cabe apuntar también —para los regionalistas de corazón, no olvidemos que esta Madriguera es universalmente potosina— que entre los convidados al baile macabro se encuentran los locales Desdémone, junto a otros entes de siniestra percha como LuciferChrist, Nite Shadows o los etéreos Reverbs.

We are one - Darkwave Vol. I está disponible en edición física (en CD-R impreso de manera profesional, en un bonito formato digipak con charola) y también digital. Se puede escuchar y descargar (pague, no sea codo) en: https://weareonerecords.bandcamp.com/releases. Goth it?

domingo, 1 de abril de 2018

6a MUESTRA DE METAL UNDERGROUND SLP 2018



30 y 31 de marzo de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.


MUESTRA:
1. f. Porción de un producto o mercancía que sirve para conocer la calidad del género.
2. f. Parte o porción extraída de un conjunto por métodos que permiten considerarla como representativa de él.
3. f. Exposición o exhibición de obras artísticas o técnicas.

-REAL ACADEMIA ESPAÑOLA


Si hubiera qué llegar a un diagnóstico sobre el actual estado del metal subterráneo en la ciudad de San Luis Potosí, a partir de lo escuchado durante el evento que nos ocupa, la conclusión sería contundente: aquí se hace harto ruido. Y suena fuerte. Y suena bien. Después de observar la actuación de 26 bandas (el cartel original anunciaba 28, pero dos no se presentaron) entre las cuales hubo tanto veteranos de la escena como sangre joven para el deleite de Satán (quien seguramente estaba de plácemes, porque además el susodicho evento tuvo la puntada de celebrarse justo en las noches de viernes y sábado santos, asegún la tradición católica), este apicultor no puede sino regocijarse al ver la buena salud y bulliciosas inquietudes que hoy por hoy abundan en tan polémica escena. Por eso, sin más preámbulo, he aquí una serie de breves (muy breves) comentarios (apreciaciones personales todas ellas, no se ofenda usted) sobre cada banda participante. Van en el mismo orden de aparición:

1. Zobredosis: Desconozco cuánto tiempo lleven juntos. Quizás aún les gana la timidez en el escenario. Quizá les tocó la infame suerte de inaugurar el evento. Si la banda perfecciona su técnica y pule su concepto, puede haber algo interesante por aquí.

2. Dogma: Al parecer gustan de los cambios armónicos, y al parecer saben emplearlos con cierta astucia. Hicieron gala de una intro bastante elegante, un tema veloz y una balada que tal vez aún se pueda desarrollar más.

3. Degeneración 89: Su ejecución y técnica son sencillas (eso no es malo: estamos hablando de punk) y su coordinación, simplemente perfecta. Sin duda, una de las bandas de la Muestra que mejor logró mantener la comunicación entre músicos sobre el escenario.

4. Nihilista Cotard: Una presentación accidentada: el baterista se presentó tarde. Dos guitarras zumbantes y una voz ahogada no son suficientes para hacer black metal, y sin embargo eso fue todo lo que nos tocó ver de ellos esa noche. Probablemente en otra ocasión...

5. Thrill Seeker: Thrash furioso y rampante. Una banda madura y concisa en su quehacer. Su ejecución y técnica se perciben suficientemente ensayadas, y sus composiciones se dan el lujo de destacar sobre otras bandas del género.

6. Intestinal War: Cumplen con todos los requisitos de su género. Punto. Nada más. Con todo lo que ello puede implicar. Por cierto, lo suyo lo suyo es el death grind...

7. Dominus Sathanas: Tal vez su mayor logro es haber evolucionado de manera coherente en la ejecución de su black metal de vena clásica. Sigue sonando grim, pero ¡carajo! ¡así es como suena el black!

8. Natural Death: En efecto, su sonido es death. Y en efecto, su intención es perfectamente natural. Ellos hacen lo que hacen porque (se les nota) lo disfrutan profundamente, desde lo más hondo de sus podridas entrañas. Y qué bueno.

9. Overload: Una banda joven y desbordante de energía. Hard rock sin complicaciones pero de buena calidad: estos chicos saben verse bien y escucharse mejor en el escenario. Conocen su territorio y demuestran una técnica estudiada. Seguro darán de qué hablar en un futuro cercano.

10. Tree of Death: Un thrash bastante oscuro, maligno. No tengo idea de qué decían sus letras pero se nota un concepto trabajado detrás de su ejecución. Estructuralmente, aún se nota un trabajo compositivo algo indeciso, pero potencialmente muy bueno.

11. Opera at the Massacre: Sus puntos fuertes (más allá del indiscutible carisma de su violenta frontwoman) son la técnica y la ejecución: les gustan los retos y eso se nota en los detalles de sus canciones, siempre pensadas para bajo de cinco cuerdas y guitarra de siete. Muy buenos.

12. Shattered: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

13. Genocidio Global: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

14. Humbuker: Es la clase de banda que aún siente profundamente el rocanrol. Enérgicos, divertidos, ruidosos y con la actitud de convertir su actuación en más que un espectáculo solamente musical.

15. Supernavy: De las pocas bandas de la Muestra que no practican metal. Lo suyo tiende más al happy punk efectivo, sencillo y básico. Se les ve perfectamente cómodos con lo que practican y eso les da un aire de naturalidad libre de cualquier pose.

16. Dante: Un death bastante groove. O al revés. En todo caso, podrían sonar más robustos si dieran mayor presencia al bajo (de cinco cuerdas, por cierto). Probablemente eso dotaría de mayor personalidad a sus contagiosos riffs.

17. Panic of Thrash: Su equilibrio entre la sección rítmica y su par de guitarras es asombroso. Ignoro cómo componen sus temas, pero el resultado final suena equilibrado y democrático con cada instrumentista.

18. Palomazo: Una especie de heavy metal con chispazos de glam. Letras simples, riffs pegajosos y una voz robusta, decidida y con suficiente presencia para darle identidad propia a la banda. Ojalá exploten a ese frontman todo lo que puedan.

19. Forging Metal: Su death sabe ir de lo melódico a lo brutal con absoluta elegancia. Excelente uso de riffs con solos intermitentes. Estructuras compositivas maduras y bien pensadas. Es de esas bandas que se toman el detah metal con total respeto. Chingón por eso.

20. Louder Force: Buen nivel en composición y en voz. Una banda desinhibida que sabe cómo conectar con el público de manera natural y emocionante. Si acaso algo se echara en falta, sería un poco más de dinamismo en sus temas, pero realmente no lo necesitan. Esto es heavy clásico.

21. Muerte Humana: Mosh garantizado. Inmediato. Death crudo, primitivo y completamente old school. Una banda como ellos no necesita originalidad: su género no lo permitiría. Y qué bueno, porque así nos gusta más.

22. Arxenal: Thrash de excelente manufactura y ejecución. Una presencia escénica segura y sin aspavientos. Temas directos, sin rodeos y con suficiente identidad.

23. Extinto: Más thrash. Y aunque su técnica es irreprochable, probablemente les falte trabajar en un diferenciador si es que no quieren perderse en lo difuso de un género donde es difícil innovar.

24. Antares: Una banda con buenas armonías y estructuras compositivas que, si bien carecen de ganchos inmediatos,  gozan de un punch con suficiente vigor. Lástima que sonaron tan saturados en algún momento.

25. Dalliance: Se les nota jóvenes y difusos, algo desconcentrados. Solamente traían dos canciones. Aplaudo su esfuerzo y espero volver a escucharlos cuando hayan desarrollado más su propuesta.

26. Death Silence: Death y thrash de la vieja escuela. Dominan el género y sus arquetipos: insolencia, crudeza, agresividad escénica. Un buen cierre que el público supo agradecer.

Y eso es todo, amable lector. Cabe apuntar (por si usted no estuvo en el evento o es tan despistado que no se enteró de lo que ofrecía como ganancia a los participantes) que las dos bandas más destacadas de la jornada compartirán escenario el próximo mes de mayo con agrupaciones como Rex Defunctis, Leprosy, Here Comes the Kraken y los rabiosos greñudos locos de Brujería, en lo que será la treceava edición del Morbid Fest (el festival de metal nacional más cabrón de México). Y también, por si se fue usted temprano del evento o simplemente no se enteró del veredicto, le cuento que los gustosos afortunados serán Thrill Seeker y Arxenal.

Bien merecido.


domingo, 15 de diciembre de 2013

INFERUS SEDIS: "The reign ends" (2013)




A veces, distinguir las cualidades particulares de un disco de black metal es tarea compleja. Se trata de un género que frecuentemente tiende a la repetición de esquemas y que ofrece poco espacio para la novedad. Inferus Sedis no es la excepción, pero "The reign ends" tiene virtudes propias que hacen interesante su escucha. El sonido general del álbum se deriva de la escuela noruega, con riffs repetitivos y fríos, pero también con la constante de una batería proteica que da cuerpo a los temas. La banda ha sabido rodear su música con un halo maligno, que crea la sensación de estar escuchando los ecos de algún ritual ocultista celebrado en el interior de una vieja catacumba. En ese sentido, las atmósferas logradas son densas y completamente alejadas de la luz; y es que el debut de Inferus Sedis es un disco de esos que sólo pueden existir en el subterráneo y para el subterráneo: es primitivo, salvaje, diabólico.

De los siete tracks que conforman "The reign ends" destaca el tema homónimo, por la paradójica pero bien ensamblada convivencia entre blastbeats poderosos y riffs de guitarra con ánimos distímicos; "Total holocaust", con su espíritu a la Carpathian Forest; y "Army of Sathanas", cuyo trepidante ritmo de marcha simula un ejército de caballos endemoniados galopando desde el mismísimo averno. También vale la pena detenerse en el tema final, "Melancholy of the horned", pues se trata —no solamente en el título, también en su estructura— de una cruda deprecación a la melancolía, por momentos cercana a los abismos del black metal depresivo pero sin amaneramientos ni dramas de mozalbetes emo, sino todo lo contrario: es un aullido violento que se hiende con ardor en la más honda negrura.

En resumen, todo aquel que disfrute con el sonido clásico del black, sin duda disfrutará de "The reign ends": veinticinco minutos de peste negra esparcida con cruda determinación y ferocidad impía, en formato CD-R limitado a 100 copias. Completamente underground, tal y como le gusta a Satanás. Muy buen disco.

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domingo, 8 de septiembre de 2013

THE ANCIENT GODS RETURNS (Steel Metal Bunker, S.L.P.)





Sábado 07 de Septiembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, S.L.P.
El Ahorcado, Dies Irae, Zombiefication, Agony Lords.

Pinche sábado de mierda. Primero murió ella: señora. Sin palabras. Después murió él: buen perro. Dieciséis años. Sin palabras. Llueve. No hay truenos: lluvia bondadosa. Es un buen día para morir. La noche: un tributo a la muerte. El soundtrack: metal. Buen metal. Lugar: Steel Metal Bunker (¿hay otro?). Nueve y media de la noche. Llego tarde. Media canción de la banda abridora: no es suficiente para juzgar. Ni modo. Primer trago: azteca de oro. La lluvia no perdona. Siguiente banda: El ahorcado. Doom. Stoner. Nombre perfecto para una banda que asfixia. Que rompe cuellos. Denzura. El entorno es lúgubre y el muerto ruge. Gruñe. Un gruñido de ahorcado: dolor. Muerte. El patíbulo listo y el público morboso: el espectáculo de la muerte: público voyerista. Dolor sonoro. Un bajo doloroso. Como la lluvia: cala en los huesos. Pregunta: ¿cuántas bandas entienden el rock hoy en día? Respuesta: pocas. Muy pocas. Una de ellas: El ahorcado. Huele a muerto. A muerto fresco. Un muerto (ahorcado). Dos muertos (ella: señora). Tres muertos (él: buen perro). Segundo trago: azteca de oro. Tres canciones: largas: como el camino al otrolado. Morir en la horca: en el stoner: en el doom. Excelente banda.

Pausa: varios minutos. Tercer trago: azteca de oro. Tercera banda: Dies Irae. Fallas técnicas. Dos músicos en escena: cátedra de buen gusto. El metal en evolución. Jódete, simpleza. Todo es post: post-rock. Post-metal. Post-música. Post-Dies Irae. ¿El espectáculo? Para todos. ¿El entendimiento? Para pocos. Chinguen su madre, etiquetas. Progresión: en abundancia. Innovación: en justa medida. Fraseo jazz: dosificado. Originalidad: la necesaria. Simpleza: no es para ellos. El que entendió, entendió. Dies Irae: compra obligada. ¿La muerte? Continúa presente. Su forma: mística. Espiritual. Trasciende aromas: penetra en el alma. La muerte en un velo: velos secretos de pasión. Cuarto trago: azteca de oro.

Pausa: varios minutos. Cuarta banda: Zombiefication. Estoy aquí por ellos. Huele a muerto. Muerto descompuesto. De meses. De años. De eternidad. De las cuevas de la eternidad. Muertos vivientes: que muerden. Que gritan. Que desgarran. Que aúllan por nosotros. Recuerdo a mis muertos. Death metal. Clásico. Vieja escuela. Viejísima. Suena duro. Suena fuerte. Apesta. Rompe madres. Un grito violento y se rasga la noche. Invocación. Su efecto: revivir cadáveres. Si Cristo pudo, todos podemos. Incluso ella (señora). Incluso él (buen perro). Potentes riffs. Puños en alto: horda de zombies. Violentos. Posesos. Ávidos de vísceras. Y la banda es visceral. Reparte el banquete: trozos de carne en canciones. Lo devoramos. Lo engullimos. Carne muerta. Sangre podrida. La carne y la sangre suenan: suenan a metal. A death metal. ¿Le gustaría a Romero? Puede ser. Quinto trago: azteca de oro. Mis muertos hablan. Yo escucho. Escucho y bebo. Huele a podrido. Zombiefication: compra obligada.

Pausa: varios minutos. Sexto trago: azteca de oro. Más muerte: agónica. Larga. Tormentosa. Agony Lords. Banda estelar. El momento: la post-muerte. No la de ella (señora). No la de él (buen perro). Es la propia: la lenta agonía. El largo tormento: el duelo. Más alcohol (¿sí van siete?). El sonido: técnico. Complejo. Intrincado. Como el duelo. En efecto: son amos. Amos embrujados. Como su tumba. Quizá como sus tumbas. No me atrevo a pensarlo. Termina el show. Resultado: un culto. Culto a la muerte. Culto sonoro y culto en carne viva. Carne fresca. Podrida. Revivida. Trascendida. Polvo eres, pienso. Qué original. El pinche sábado ya no es tan pinche. Ni tan mierda. Aún tengo a mis muertos. Pero la muerte ya es mi amiga. Somos íntimos. Sólo que ella no lo sabe. Quizá no es verdad. Quizá es el alcohol. Quizá la música. Qué más da. Al final, me quedo con ella. De todas formas me seguirá visitando. Y será mejor que me encuentre escuchando death metal. Eso que ni qué. Por cierto, excelente concierto.

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ZOANTHROPIC PARANOIA: "Sesiones Mnémicas" (2020)

Vivimos tiempos extraños: el rocanrol, incluso en sus vertientes más extremas, ha sido reducido a fórmulas que se pueden procesar, en...