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domingo, 4 de noviembre de 2018

GARBAGE EN QUERÉTARO: 20 YEARS PARANOID




20 Years Paranoid Tour
Miércoles 31 de octubre de 2018
Auditorio Josefa Ortiz
Querétaro

A veces exagero. Pero no esta vez. De verdad: llevaba veinte años esperando este concierto. Cuando se publicó Version 2.0, allá en el 1998, este humilde apicultor contaba apenas catorce años de mísera existencia. A esa edad y viviendo en una ciudad de provincia, era prácticamente imposible que pudiera asistir a un concierto de Garbage. La banda ya me había cautivado sobremanera con su álbum homónimo, pero fue su segundo opus el que terminó de volarme la cabeza. Fue mi disco de adolescencia. Lo tuve en casete y posteriormente en CD. Me acabé la cinta en infinitas tardes de escucha a todo volumen, hasta que todos en la casa se hartaban. Entonces tomaba mis walkman y continuaba el ritual en la privacidad de los audífonos. Lo llevaba diariamente en mi camino a la escuela y de regreso. Tuve un romance apasionado con cada una de sus canciones y sí, también con muchas de sus caras B, que me empeñaba en buscar desenfrenadamente en una época en que el internet no ofrecía las bondades de una descarga a un clic de distancia y mucho menos de un servicio de streaming. Pasaron los años, pasaron más bandas y llegó el Beautifulgarbage. Pasó la fase apasionada, pero nunca el cariño. Luego vendrían, cada tantos años, nuevos discos de la Manson y compañía, y aunque todos ellos son, a la fecha, piezas consentidas entre la fonoteca de quien esto escribe, ninguno volvió a tener el impacto emocional que significó en su momento Version 2.0.

Luego, en 2015, la banda basura anuncia una gira de aniversario para celebrar el cumpleaños de su disco debut. No mamar. Ya habían pasado 20 años. Leo la nota y me cruza por la cabeza la ligera idea de que tres años después, en 2018, hagan lo mismo con mi disco consentido. La idea se esfuma y nada más sucede. Hasta que llega 2018. Y sí: se anuncia la gira. Y sí: pasará por México. Elijo fecha: el evento de Querétaro me queda perfecto.

31 de octubre. Halloween. Viajamos dos horas y llegamos temprano a la ciudad. Tenemos la intención de entrar a un maratón de películas de terror antes del concierto, pero se nos atraviesa uno de los bares más antiguos de la capital. No se puede simplemente ignorar un sitio que lleva 120 años en pie, así que decidimos detenernos a beber. La tarde se evapora como el mezcal. El show está anunciado para las nueve de la noche y llegamos puntuales. El teatro tiene capacidad para más de cinco mil personas, pero esa noche apenas se ocupa la mitad de las localidades. No importa: la gente está de fiesta (¡hey! ¡es Halloween!). Puedo notar que muchos estamos ahí por los mismos motivos. Más allá de lo que significa la carrera de la banda, la celebración de un álbum icónico parece ser el denominador común a los intereses de los presentes. A las nueve en punto una banda local inicia con su ingrata labor: abrir los ánimos. La gente sigue llegando, sigue comprando playeras, sigue surtiéndose de bebidas. La banda es ignorada por una aplastante mayoría que no es grosera pero tampoco parece especialmente interesada en escuchar. Hasta que a las nueve treinta, puntuales, se apagan las luces. El escenario es sobrio: cuatro barras verticales de luz neón flanquean los costados, y unas más en horizontal decoran el desnivel donde reposa la batería. La banda sale a escena sin aspavientos: serios, decididos. Contra todo pronóstico, no arrancan con un hit. "Afterglow" es la encargada de inaugurar el show, entre el aullido colectivo del público. Shirley Manson luce una playera blanca y unas medias de red. Lleva el rojo cabello recogido hacia arriba en un mechón espigado, y una franja de maquillaje negro atraviesa sus ojos de sien a sien. Y su voz es espectacular. Potente. Precisa. La interacción con el público aparece después de un par de canciones más, pero cuando ocurre, no podemos sino caer rendidos. La Manson es afable, cariñosa, casi tierna. Se muestra entusiasmada por la fecha (¡hey! ¡es Halloween!) y por el próximo Día de Muertos. Entre el público hay algunos disfraces. La cantante presenta formalmente el evento y lamenta no hablar más español fuera del "muchas gracias cuere-taro". Pero nadie quiere que hable español. Queremos más de su acento escocés. Los temas van cayendo uno a uno, en un orden caprichoso que desafía la pericia de los asistentes para ir identificando cada pieza. Los gritos, los saltos y los puños en el aire no dejan de aparecer cada que se elevan los riffs más populares, deliberadamente fieles a las versiones de estudio. "Temptation waits" arranca un coro ensordecedor que se continúa cuando aparece "Wicked ways". A mitad de la rola, aparece un snippet de "Personal Jesus" y la locura crece. Duke Erikson y Steve Marker se mueven discretos entre cambios de bajos, guitarras y teclados. No vino Butch Vig. La Manson ríe y corre por el escenario: es enérgica. Sabe que su presencia impone y que cada movimiento suyo puede generar exactamente la respuesta que desea de parte del público. Y desde el escenario nos dirige: se notan los años de experiencia. Se mueve desinhibida y jamás desatiende a ninguna de las secciones del auditorio. Brinca, se arrastra, seduce. Ora dirige palabras cariñosas, ora se levanta la playera y se agacha para mostrar el culo, ora juega con el teclado que manipula Marker. Es Shirley Manson, carajo.

El orden de los temas permite momentos de auténtico escalofrío sereno como en "The world is not enough" o "Medication". También es posible detectar la curiosidad del público ante la presencia de canciones menos conocidas de la época del Version 2.0 ("Get busy with the fizzy", o "13x forever", por citar sólo un par). La Manson disfruta presentando los temas raros, a sabiendas de que no todos los están esperando. Pero igual son recibidos con entusiasmo. Y cómo no, cuando nuestra anfitriona apuesta a que de todos modos nos van a gustar, porque los temas son freaks y porque nosotros somos freaks. Así nos llama: "freaks". Y aceptamos el mote. Hay momentos de desenfreno con "Hammering in my head" y también momentos particularmente emotivos, como cuando suena "Thirteen", el cover a Big Star, seguido de "Can't seem to make you mine", con unas guitarras reverberantes que se expanden en olas de ecos y feedback. Igualmente, hay auténticas explosiones de ímpetu con "I think I'm paranoid", "Dumb" o la seductora "Sleep together". Posteriormente, otro episodio es ampliamente celebrado cuando Shirley fija su postura ante las políticas gubernamentales de EUA, la discriminación y la intolerancia. Habla con firmeza. Celebra la diversidad racial, de género y sexual, y presenta la enorme "Soldier through this", que adquiere una carga especialmente subversiva. El show cierra con la potencia de "Lick the pavement", "Push it" y la celebradísima "When I grow up"; mas una apoteósica "You look so fine" (con snippet de "Dreams", de Fleetwood Mac), cuyo intenso outro de guitarra rítmica es ejecutado por la misma Shirley.

La banda se despide y el público pide encore. Cuando los músicos regresan a escena, todo el potencial estremecedor de "The trick is to keep breathing" se eleva a la N potencia al ser presentada por una empática Shirley Manson como una muestra de solidaridad a todos los presentes: "Si te sientes mal, recuerda que estoy cantando esto para ti", dice ella, y la solemnidad reina mientras la banda toca. Cuando parece que todo ha terminado, un nuevo comentario enciende los ánimos: "No quiero que la noche termine. No íbamos a tocar esto para ustedes, pero fuck it". Y la sorpresa es mayúscula: "Only happy when it rains" vuelve a llevar al límite las gargantas de los presentes. Y entonces sí, como punto final, un gesto más de afecto solidario, dirigido esta vez a la comunidad LGBTTTIQ (sí, la Manson pronunció TODAS las siglas) y arropado por un mensaje claro y directo: "siempre estaremos con ustedes, siempre los defenderemos, los amamos". La cereza del pastel (nunca mejor dicho) es "Cherry lips". Más puños en alto, más brincos y el estruendo de cientos de "go baby, go baby" son el colofón perfecto para una noche de pura celebración freak.

Dos horas de música en total. Mucho sudor. La garganta caliente e irritada. Y la satisfacción de haber cumplido con una deuda personal que tardó veinte años en ser saldada. Salimos de vuelta a la noche y nos disgregamos hacia rumbos diferentes: camino de regreso a mi hotel, aún con retumbos en el pecho. Unas cuantas gotas de lluvia empiezan a bajar y me sorprendo tarareando uno de mis coros favoritos de los 1990s: "Im only happy when it rains...". Sonrío y pienso: "¡Demonios! ¡Es mi mejor puto concierto en mucho, mucho tiempo!"

Setlist:

1. Afterglow
2. Deadwood
3. Temptation waits
4. Wicked ways
5. Special
6. The world is not enough
7. 13x forever
8. Get busy with the fizzy
9. Hammering in my head
10. Medication
11. Thirteen
12. Can't seem to make you mine
13. I think I'm paranoid
14. Sleep together
15. Dumb
16. Soldier through this
17. Lick the pavement
18. Push it
19. When I grow up
20. You look so fine

Encore:

21. The trick is to keep breathing
22. Only happy when it rains
23. Cherry lips (Go, baby, go!)


domingo, 27 de mayo de 2018

FUERZA DE PUERCO PRESENTA: FUMATA Y TERROR CÓSMICO




FUMATA / TERROR CÓSMICO / EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE / MORSAN
Sábado 26 de mayo de 2018.
Búnker, Sala de conciertos.
San Luis Potosí, S.L.P.

En el subterráneo no hay telones que se abran. El foro simplemente está ahí: decadente, deforme, como los congregados. Como las cuatro escenas que el Diablo dispuso para esa noche.

Escena # 1: Morsan.
El Diablo se aparece en el garage. Toma una guitarra prestada y le sube todo al ampli. Le gustan los riffs en seco. Le gustan tanto que los repite obsesivo, cada uno con más rabia que el anterior. El Diablo no toca; golpea, más bien. Rasguña, rasca como en ataque de roña, testarudo hasta escocer. La comezón se vuelve ardor y la piel viva sangra enloquecida.

Escena # 2: El Escuadrón de la Muerte.
El Diablo se masturba y eyacula baba negra, viscosa, hirviente. Las venas de su miembro vibran antes del chorro, y su eco remueve las entrañas de la Tierra. Pulsos de baja frecuencia retumban y ensordecen. El Diablo gruñe y escupe su orgasmo sobre la humanidad: preña a la masa con veneno caliente que entume la voluntad y arranca convulsiones. La agonía suena alto; el final llega despacio.

Escena # 3: Terror Cósmico.
El Diablo se erige, cínico, sobre el universo. Ríe con arrogancia y emite un alarido negro: su voz se expande en repeticiones de tiniebla que se vuelven remolinos gigantescos. Su aliento amorfo traga planetas enteros y hace de la destrucción un bucle infinito: reina el caos, majestuoso, y los horrores de lo desconocido forman armonías ininteligibles que se pierden en lo eterno, en la inmensidad.

Escena # 4: Fumata.
El Diablo se coge a la Muerte. Tras la cópula, fuman mota y cubren a la humanidad con el manto humeante de la miseria y la desesperanza. La nube mata todo lo que toca: lo quema, lo consume, lo reseca. Los cadáveres se apilan y, al descomponerse, sus humores flotan en perfecta armonía con la Muerte, que observa la escena, conmovida, desde su frialdad post-orgásmica. El Diablo y la Muerte apagan las luces. Entonces, la nada...


VISIONES [REALES O NO] DE LA HECATOMBE:

Álbum 1 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.

Álbum 2 - Fotografías cortesía del blog Cámaras Celulares.


INVOCACIONES SONORAS:

Fumata:

Terror Cósmico:

El Escuadrón de la Muerte:

Morsan:


sábado, 7 de abril de 2018

NECROMASS EN SAN LUIS POTOSÍ




Viernes 6 de abril de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.

Hay feria en el pueblo. Y cuando hay feria en el pueblo me dan ganas de adentrarme hondo en algún calabozo de rugidos negros, donde no lleguen las manzanas acarameladas, la pólvora tristona ni el vulgar bullicio. Afortunadamente esa noche, en otro punto de la ciudad (adivinen cuál), también habría black metal.

Las diez de la noche: suben a las tablas los locales Tree of Death. ¡Carajo! Si hay algo de coherencia en la escena, estos muchachos pronto tendrán que volverse parte de la camada de hijos predilectos del under potosino. Su visión del black metal está fuertemente apegada a las raíces y se nota que han trabajado su concepto con seriedad: el set es dinámico, violento y hábil en la creación de momentos tensos alternados con estallidos de rabia. Una de las mayores virtudes de su música es que mantiene sonoridades old school sin sonar a viejo... como las atmósferas necro de unos Aura Noir o lo más regresivo de Darkthrone (I am the grave of the 80s!!!!). Además, Tree of Death consigue mantener una actitud punk a la Motorhead y lo más fabuloso: después de todo eso, siguen sonando técnicos. Una banda que hay qué tener en cuenta.

Los siguientes en tomar el escenario fueron Brutal... ¿Corporis? No lo sé. Su logo es lo suficientemente death como para hacerme dudar de haber escrito correctamente su nombre. Sin embargo, su ruido sí que fue una sorpresa: blackened death metal vociferado en inglés y español con una pronunciación clara e inteligible (todo lo inteligible que puede ser un discurso de grunts y shrieks, por supuesto), de claras tendencias satánicas. Probablemente lo que más me gustó de su propuesta fue la sección rítmica, con líneas de bajo que se veían bastante interesantes... lástima que casi no se escuchaban.

A continuación, Tricératops. Sí, así se llaman. Yo había visto el logo en el flyer del evento, pero creí que sería un patrocinador o una marca de playeras... todo, menos el nombre de una banda. Pero son una banda. Y a juzgar por su sonido, apostaría a que son fans de la clásica escuela nórdica de los 1990s, con todo y sus atmósferas y medios tiempos. Chido. En ese momento también se instaló la mesa de mercancía, así que me distraje de lo que pasaba en el escenario y me puse a husmear los discos (por cierto, al fin pude conseguir mi copia del split Necromass / Mortuary Drape, que justo del lado Drape suena fuerte como grito de momia en catacumba. Lo estoy escuchando mientras escribo esto).

El flyer decía que la banda siguiente era Dark Forest, de Acapulco; pero a veces pasan cosas que contradicen a los flyers y cambian los planes. Acá no sé qué pasó, pero Dark Forest no vino al show. Ni hablar.

Si tu banda de black metal incluye a una bailarina, entonces tu banda de black metal es para bailar. Y no, mis queridos puristas, no os ofendáis: la presencia de una gothette que usa máscara de chivo negro y juega con fuego al mejor estilo de los entertainers de crucero pero con más cachondería, no merma la condición de culto de los italianos Necromass; simplemente hace el espectáculo más divertido. Y si es divertido, dan ganas de bailar (sí, el headbanging, las guitarras de aire y las baterías invisibles cuentan como baile). El metal negro de los estelares no es un despliegue de técnica espectacular pero sí está impecablemente producido y tiene todos los items del checklist. Lo suyo es una negritud de esas que se antojan macarras, rufianescas, punketeras. Es ese black que se disfruta con unas cuántas cervezas encima y una actitud desenfadada que hace cuernos con las manos más por jugar al espectáculo que por compromiso ideológico. Rolas perfectamente diseñadas para desenvolverse entre los extremos de un espectro que va de lo caótico a lo rítmico, con un circular dominio de la fórmula e indiscutible precisión: los Necromass veloces, son bien veloces (toda una lección de la infernalísima trinidad blastbeats-tremolos-howlings); y los rítmicos, bien rítmicos (fraseos pegajosos y vocalizaciones que coquetean con el modelo estribillo-puente-coro). La banda demostró que su estatus de culto está justificado, y aunque es evidente que la experiencia de la Misa Necro funciona mejor en directo que en grabación, siempre da gusto comprobar que mientras cuente con representantes como ellos, el viejo black metal seguirá encontrándose lejos de emitir su último estertor.

O como dicen los Stones: "Its only rock'n'roll, but we like it".

domingo, 1 de abril de 2018

6a MUESTRA DE METAL UNDERGROUND SLP 2018



30 y 31 de marzo de 2018
Búnker, Sala de Conciertos
San Luis Potosí, S.L.P.


MUESTRA:
1. f. Porción de un producto o mercancía que sirve para conocer la calidad del género.
2. f. Parte o porción extraída de un conjunto por métodos que permiten considerarla como representativa de él.
3. f. Exposición o exhibición de obras artísticas o técnicas.

-REAL ACADEMIA ESPAÑOLA


Si hubiera qué llegar a un diagnóstico sobre el actual estado del metal subterráneo en la ciudad de San Luis Potosí, a partir de lo escuchado durante el evento que nos ocupa, la conclusión sería contundente: aquí se hace harto ruido. Y suena fuerte. Y suena bien. Después de observar la actuación de 26 bandas (el cartel original anunciaba 28, pero dos no se presentaron) entre las cuales hubo tanto veteranos de la escena como sangre joven para el deleite de Satán (quien seguramente estaba de plácemes, porque además el susodicho evento tuvo la puntada de celebrarse justo en las noches de viernes y sábado santos, asegún la tradición católica), este apicultor no puede sino regocijarse al ver la buena salud y bulliciosas inquietudes que hoy por hoy abundan en tan polémica escena. Por eso, sin más preámbulo, he aquí una serie de breves (muy breves) comentarios (apreciaciones personales todas ellas, no se ofenda usted) sobre cada banda participante. Van en el mismo orden de aparición:

1. Zobredosis: Desconozco cuánto tiempo lleven juntos. Quizás aún les gana la timidez en el escenario. Quizá les tocó la infame suerte de inaugurar el evento. Si la banda perfecciona su técnica y pule su concepto, puede haber algo interesante por aquí.

2. Dogma: Al parecer gustan de los cambios armónicos, y al parecer saben emplearlos con cierta astucia. Hicieron gala de una intro bastante elegante, un tema veloz y una balada que tal vez aún se pueda desarrollar más.

3. Degeneración 89: Su ejecución y técnica son sencillas (eso no es malo: estamos hablando de punk) y su coordinación, simplemente perfecta. Sin duda, una de las bandas de la Muestra que mejor logró mantener la comunicación entre músicos sobre el escenario.

4. Nihilista Cotard: Una presentación accidentada: el baterista se presentó tarde. Dos guitarras zumbantes y una voz ahogada no son suficientes para hacer black metal, y sin embargo eso fue todo lo que nos tocó ver de ellos esa noche. Probablemente en otra ocasión...

5. Thrill Seeker: Thrash furioso y rampante. Una banda madura y concisa en su quehacer. Su ejecución y técnica se perciben suficientemente ensayadas, y sus composiciones se dan el lujo de destacar sobre otras bandas del género.

6. Intestinal War: Cumplen con todos los requisitos de su género. Punto. Nada más. Con todo lo que ello puede implicar. Por cierto, lo suyo lo suyo es el death grind...

7. Dominus Sathanas: Tal vez su mayor logro es haber evolucionado de manera coherente en la ejecución de su black metal de vena clásica. Sigue sonando grim, pero ¡carajo! ¡así es como suena el black!

8. Natural Death: En efecto, su sonido es death. Y en efecto, su intención es perfectamente natural. Ellos hacen lo que hacen porque (se les nota) lo disfrutan profundamente, desde lo más hondo de sus podridas entrañas. Y qué bueno.

9. Overload: Una banda joven y desbordante de energía. Hard rock sin complicaciones pero de buena calidad: estos chicos saben verse bien y escucharse mejor en el escenario. Conocen su territorio y demuestran una técnica estudiada. Seguro darán de qué hablar en un futuro cercano.

10. Tree of Death: Un thrash bastante oscuro, maligno. No tengo idea de qué decían sus letras pero se nota un concepto trabajado detrás de su ejecución. Estructuralmente, aún se nota un trabajo compositivo algo indeciso, pero potencialmente muy bueno.

11. Opera at the Massacre: Sus puntos fuertes (más allá del indiscutible carisma de su violenta frontwoman) son la técnica y la ejecución: les gustan los retos y eso se nota en los detalles de sus canciones, siempre pensadas para bajo de cinco cuerdas y guitarra de siete. Muy buenos.

12. Shattered: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

13. Genocidio Global: Una buena banda a nivel técnico. Tal vez aún les haga falta perder el respeto a sus influencias para potenciar más el nivel de sus composiciones.

14. Humbuker: Es la clase de banda que aún siente profundamente el rocanrol. Enérgicos, divertidos, ruidosos y con la actitud de convertir su actuación en más que un espectáculo solamente musical.

15. Supernavy: De las pocas bandas de la Muestra que no practican metal. Lo suyo tiende más al happy punk efectivo, sencillo y básico. Se les ve perfectamente cómodos con lo que practican y eso les da un aire de naturalidad libre de cualquier pose.

16. Dante: Un death bastante groove. O al revés. En todo caso, podrían sonar más robustos si dieran mayor presencia al bajo (de cinco cuerdas, por cierto). Probablemente eso dotaría de mayor personalidad a sus contagiosos riffs.

17. Panic of Thrash: Su equilibrio entre la sección rítmica y su par de guitarras es asombroso. Ignoro cómo componen sus temas, pero el resultado final suena equilibrado y democrático con cada instrumentista.

18. Palomazo: Una especie de heavy metal con chispazos de glam. Letras simples, riffs pegajosos y una voz robusta, decidida y con suficiente presencia para darle identidad propia a la banda. Ojalá exploten a ese frontman todo lo que puedan.

19. Forging Metal: Su death sabe ir de lo melódico a lo brutal con absoluta elegancia. Excelente uso de riffs con solos intermitentes. Estructuras compositivas maduras y bien pensadas. Es de esas bandas que se toman el detah metal con total respeto. Chingón por eso.

20. Louder Force: Buen nivel en composición y en voz. Una banda desinhibida que sabe cómo conectar con el público de manera natural y emocionante. Si acaso algo se echara en falta, sería un poco más de dinamismo en sus temas, pero realmente no lo necesitan. Esto es heavy clásico.

21. Muerte Humana: Mosh garantizado. Inmediato. Death crudo, primitivo y completamente old school. Una banda como ellos no necesita originalidad: su género no lo permitiría. Y qué bueno, porque así nos gusta más.

22. Arxenal: Thrash de excelente manufactura y ejecución. Una presencia escénica segura y sin aspavientos. Temas directos, sin rodeos y con suficiente identidad.

23. Extinto: Más thrash. Y aunque su técnica es irreprochable, probablemente les falte trabajar en un diferenciador si es que no quieren perderse en lo difuso de un género donde es difícil innovar.

24. Antares: Una banda con buenas armonías y estructuras compositivas que, si bien carecen de ganchos inmediatos,  gozan de un punch con suficiente vigor. Lástima que sonaron tan saturados en algún momento.

25. Dalliance: Se les nota jóvenes y difusos, algo desconcentrados. Solamente traían dos canciones. Aplaudo su esfuerzo y espero volver a escucharlos cuando hayan desarrollado más su propuesta.

26. Death Silence: Death y thrash de la vieja escuela. Dominan el género y sus arquetipos: insolencia, crudeza, agresividad escénica. Un buen cierre que el público supo agradecer.

Y eso es todo, amable lector. Cabe apuntar (por si usted no estuvo en el evento o es tan despistado que no se enteró de lo que ofrecía como ganancia a los participantes) que las dos bandas más destacadas de la jornada compartirán escenario el próximo mes de mayo con agrupaciones como Rex Defunctis, Leprosy, Here Comes the Kraken y los rabiosos greñudos locos de Brujería, en lo que será la treceava edición del Morbid Fest (el festival de metal nacional más cabrón de México). Y también, por si se fue usted temprano del evento o simplemente no se enteró del veredicto, le cuento que los gustosos afortunados serán Thrill Seeker y Arxenal.

Bien merecido.


domingo, 10 de noviembre de 2013

HOCICO EN SAN LUIS POTOSÍ




"Donde manda el perro, se ata al amo".
-Proverbio español

Sábado 9 de noviembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, San Luis Potosí.
Biomortek, Larva, Hocico.

Un par de aullidos sonaron en lontananza: aún no eran suficientes, pero ya dejaban entrever que la rabia se esparciría pronto, como el trazo de una epidemia anunciada que en su forma final sería devastadora, pero que apenas empezaba a esparcirse como se esparce un virus: sigiloso, calmo, como esperando burlarse cuando las víctimas intenten detenerlo sin saber que es demasiado tarde. De esa forma entró Biomortek: cuando lo notamos, ya habíamos sido contaminados. La plaga ascendió en forma de pulsaciones industriales y guitarreos electrificados. Si alguien escribiese una historia en donde convergieran los virus computacionales y la guerra bacteriológica, probablemente Biomortek sería una buena banda sonora para acompañar el relato. Apenas iniciaba la noche y ya había una primer tormenta de riffs y cólera mecanizada que, a pesar de la agresión, se daba el tiempo para aseverar, irónica, que in heaven, everything is fine.

Pero las mentiras suelen caer por su propio peso, sobre todo cuando el nombre del tour advierte que en estos días se camina sobre el fuego. Por eso fue difícil creer que nos encontrábamos en el cielo: porque en el cielo no habría peste ni larvas inmundas. Y esa noche, en el Steel Metal Bunker, hubo larvas. Incubaron en su seno perversas canciones de cuna con olor a miedo, frutos malditos que se escurrieron como lepra para obsequiarnos lo que quedó de la orgía: semen radiactivo eyaculado sobre las orejas de un público que mamó el histrionismo de Larva, una banda que a pasos firmes se consolida como una de las mejores propuestas del subterráneo mexicano. Escucharlos es recuperar la fe en las vertientes modernas del metal, pues la efervescencia venenosa que abunda en sus temas contiene suficiente creatividad e inteligencia para demostrar que no están jugando, que su ira es de verdad y que infecta con denuedo y arte homicida del siglo XXI. Sin tomar en cuenta las reputaciones que preceden a cada banda, es perfectamente posible asegurar que Larva, más que un acto telonero, probó ser un monstruo que también sabe lanzar dentelladas y que se ladra de tú hasta con el propio Cancerbero.

Y hablando de perros del infierno, los aullidos que otrora resonaban a lo lejos, de repente se volvieron cercanos: cuando volteamos, sus fauces ya babeaban nuestras orejas y entre jadeos colmilludos susurraban que esa noche bailaríamos con el diablo. No hubo más remedio que creerles; después de todo, tanto la mitología como la tradición nos han dejado bien claro que una de las formas que más le gustan al demonio es la del perro. Y así se manifestó: mordelón, colmilludo, espumoso. Erk y Racso demostraron que, después de veinte años en activo, Hocico aún tiene hambre y odio bajo el alma. La violencia sonora y escénica del dúo marcó territorio, y montó a su público que gustoso se puso en cuatro ante la indicación de "sólo coge, pinche perra". Dos machos alfa, cientos de tarascadas electrónicas y una jauría en celo que se agitaba trémula y roñosa. Ese par de dientes caninos llegaron hasta los huesos y mascaron con deleite la carne cruda de los allí presentes. Da miedo imaginar el próximo ataque de Hocico.

Abraham Lincoln dijo en alguna ocasión: "más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él". Y ahora mismo, mientras escribo esto, no se me ocurre sino dar gracias porque durante esa noche de infecciones, larvas y cánidos nadie parecía conocer dicha frase. Aún arden las mordidas sobre la carne viva, pero valieron la pena. Vaya que valieron la pena.
.

viernes, 1 de noviembre de 2013

CADAVERIA EN SAN LUIS POTOSÍ




"Así, frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como creación; otra, de regreso, que se expresa como fascinación ante la nada o como nostalgia del limbo".
-Octavio Paz


Jueves 31 de octubre de 2013, 22:00 hrs.
San Luis Potosí, S.L.P.

Y celebramos la Muerte. La fecha era idónea y el hálito sibilino; así como ella, cuyo estertor penetraba con violencia y abría heridas en la superficie de la noche: ofrecimiento e invocación. No siempre se tiene la suerte de participar en el ritual del Horror Metal en pleno 31 de octubre. Y es que el festejo no exime a nadie del horror: acaso por una suerte de mecanismo de defensa que posibilita la mutación de los más profundos miedos en su opuesto semejante. Por eso celebramos la Muerte, al amparo de los evangelios según Cadaveria: hembra taumaturgia, mujer nahual, y sí: señora de las sombras.

Verla a los ojos mientras canta es extraño: como un híbrido imposible entre Medusa y Nereida, como una suma de energías que petrifica el alma y se encaja en los oídos, que impone y fascina por lo oscuro de su naturaleza. La banda esparcía su culto en suelo potosino y el público supo recibir la maldición con agrado. En el principio fue "Apocalypse", con sus referentes a la mitología Maya y guitarreo blacksabbathiano; una canción enorme cuyo final fue enlazado con otro de los temas fuertes del "Horror Metal": "The days of the after and behind", que levantó las primeras oraciones en coro de parte de los asistentes. Las dos mejores canciones que la banda pudo elegir para abrir el recital. Enseguida hubo que pausar el horror abstracto a favor de uno más palpable, del tipo venenoso, del que se inocula en la sangre: "Memento audere semper" y "Anagram" fueron las únicas visitas de la noche a aquel fabuloso "In your blood", pues a continuación irrumpió en el ambiente el riff principal de "Death vision" para provocar la histeria casi inmediata. Una reacción masiva a la que Cadaveria debe estar más que acostumbrada.

La siguiente parte del ceremonial fue dominada por el aura retorcida del "Far away from conformity". Cuando nadie lo esperaba, llegó la dentellada y el extrañamiento: "Blood and confusion"; en seguida, una espeluznante "Flowers in fire" sembró de llamas el camino para recibir la sacudida (corporal y extracorporal) de "Out body experience". Luego, un interludio de guitarra y un incremento en la rabia que se propagaba iracunda con los golpeteos de "Eleven three o three". La posesión era evidente en la mayor parte del público, cuyos cuerpos se agitaban como si fuesen movidos por una fuerza superior a ellos mismos; por eso, con el ímpetu de quien se sabe conocedor de la Muerte y las energías oscuras, Cadaveria pronunció su palabra final en forma de sentencia: "Assassin" retumbó con atrocidad hiriente para hacer sangrar la última llaga. Y hasta la penumbra lo sintió.

Pero hubo encore. Claro que hubo encore. Después de todo nos encontrábamos frente a una genuina bruja, y ella se encontraba —y se le notaba— feliz de tener a disposición de sus hechizos la noche más importante del año. Samhain. Halloween. Era hora de volver al origen, de reverenciar los ciclos; el medio: "Circle of eternal becoming". Entonces el crescendo ocultista devino en la conclusión más lógica: cómo no cerrar con "Spell". Más allá de ser un lugar común, anoche la canción reveló todo su poderío, y funcionó como una perfecta declaración de principios. La muerte, el horror, no son soportables para todos: la naturaleza humana es temer a lo que amenaza la integridad personal; pero cuando el rito es conducido por alguien que domina a la perfección sus territorios, entonces abandonarse a las tinieblas es un auténtico placer. Y Cadaveria siempre es un placer. Excelente concierto.
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domingo, 8 de septiembre de 2013

THE ANCIENT GODS RETURNS (Steel Metal Bunker, S.L.P.)





Sábado 07 de Septiembre de 2013, 21:00 hrs.
Steel Metal Bunker, S.L.P.
El Ahorcado, Dies Irae, Zombiefication, Agony Lords.

Pinche sábado de mierda. Primero murió ella: señora. Sin palabras. Después murió él: buen perro. Dieciséis años. Sin palabras. Llueve. No hay truenos: lluvia bondadosa. Es un buen día para morir. La noche: un tributo a la muerte. El soundtrack: metal. Buen metal. Lugar: Steel Metal Bunker (¿hay otro?). Nueve y media de la noche. Llego tarde. Media canción de la banda abridora: no es suficiente para juzgar. Ni modo. Primer trago: azteca de oro. La lluvia no perdona. Siguiente banda: El ahorcado. Doom. Stoner. Nombre perfecto para una banda que asfixia. Que rompe cuellos. Denzura. El entorno es lúgubre y el muerto ruge. Gruñe. Un gruñido de ahorcado: dolor. Muerte. El patíbulo listo y el público morboso: el espectáculo de la muerte: público voyerista. Dolor sonoro. Un bajo doloroso. Como la lluvia: cala en los huesos. Pregunta: ¿cuántas bandas entienden el rock hoy en día? Respuesta: pocas. Muy pocas. Una de ellas: El ahorcado. Huele a muerto. A muerto fresco. Un muerto (ahorcado). Dos muertos (ella: señora). Tres muertos (él: buen perro). Segundo trago: azteca de oro. Tres canciones: largas: como el camino al otrolado. Morir en la horca: en el stoner: en el doom. Excelente banda.

Pausa: varios minutos. Tercer trago: azteca de oro. Tercera banda: Dies Irae. Fallas técnicas. Dos músicos en escena: cátedra de buen gusto. El metal en evolución. Jódete, simpleza. Todo es post: post-rock. Post-metal. Post-música. Post-Dies Irae. ¿El espectáculo? Para todos. ¿El entendimiento? Para pocos. Chinguen su madre, etiquetas. Progresión: en abundancia. Innovación: en justa medida. Fraseo jazz: dosificado. Originalidad: la necesaria. Simpleza: no es para ellos. El que entendió, entendió. Dies Irae: compra obligada. ¿La muerte? Continúa presente. Su forma: mística. Espiritual. Trasciende aromas: penetra en el alma. La muerte en un velo: velos secretos de pasión. Cuarto trago: azteca de oro.

Pausa: varios minutos. Cuarta banda: Zombiefication. Estoy aquí por ellos. Huele a muerto. Muerto descompuesto. De meses. De años. De eternidad. De las cuevas de la eternidad. Muertos vivientes: que muerden. Que gritan. Que desgarran. Que aúllan por nosotros. Recuerdo a mis muertos. Death metal. Clásico. Vieja escuela. Viejísima. Suena duro. Suena fuerte. Apesta. Rompe madres. Un grito violento y se rasga la noche. Invocación. Su efecto: revivir cadáveres. Si Cristo pudo, todos podemos. Incluso ella (señora). Incluso él (buen perro). Potentes riffs. Puños en alto: horda de zombies. Violentos. Posesos. Ávidos de vísceras. Y la banda es visceral. Reparte el banquete: trozos de carne en canciones. Lo devoramos. Lo engullimos. Carne muerta. Sangre podrida. La carne y la sangre suenan: suenan a metal. A death metal. ¿Le gustaría a Romero? Puede ser. Quinto trago: azteca de oro. Mis muertos hablan. Yo escucho. Escucho y bebo. Huele a podrido. Zombiefication: compra obligada.

Pausa: varios minutos. Sexto trago: azteca de oro. Más muerte: agónica. Larga. Tormentosa. Agony Lords. Banda estelar. El momento: la post-muerte. No la de ella (señora). No la de él (buen perro). Es la propia: la lenta agonía. El largo tormento: el duelo. Más alcohol (¿sí van siete?). El sonido: técnico. Complejo. Intrincado. Como el duelo. En efecto: son amos. Amos embrujados. Como su tumba. Quizá como sus tumbas. No me atrevo a pensarlo. Termina el show. Resultado: un culto. Culto a la muerte. Culto sonoro y culto en carne viva. Carne fresca. Podrida. Revivida. Trascendida. Polvo eres, pienso. Qué original. El pinche sábado ya no es tan pinche. Ni tan mierda. Aún tengo a mis muertos. Pero la muerte ya es mi amiga. Somos íntimos. Sólo que ella no lo sabe. Quizá no es verdad. Quizá es el alcohol. Quizá la música. Qué más da. Al final, me quedo con ella. De todas formas me seguirá visitando. Y será mejor que me encuentre escuchando death metal. Eso que ni qué. Por cierto, excelente concierto.

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