martes, 3 de abril de 2018

ARKONA: "Khram" (2018)



La fórmula de Arkona siempre se ha nutrido de dos ingredientes centrales: el black metal melódico y el folklore eslavo. El porcentaje de importancia (en composición y mezcla) que decida darle Masha (lideresa indiscutible de la banda) a cada uno, es lo que determina el sonido final de sus producciones. Y si bien, muchos nos aproximamos a Arkona atraídos por el enorme protagonismo del elemento folk en sus primeros álbumes, era lógico que en algún momento la dirección iba a cambiar.

Ya en el anterior "Yav" ("Vozrozhdenie" no cuenta por ser una regrabación de su primer disco) pudimos notar un cambio hacia horizontes mucho más oscuros, donde el factor black se imponía sobre las melodías de flautas, gaitas y cuerdas; no obstante, muchos quedamos un poco disgustos por la excesiva experimentación ("progresión", le dicen algunos) en las estructuras de aquel. Por eso este recién horneado "Khram" supone una buena noticia para todos los que nos entusiasmamos con el lado más violento de la banda: aquí hay suficiente agresividad blacker repartida en armonías majestuosas, riffs congelantes y una atmósfera que parece sacada directamente de la vieja ola noruega, y lo mejor de todo: sin sacrificar el espíritu pagano que ha caracterizado a la agrupación. Para cualquier escucha habitual, es evidente que Masha es una magnífica compositora de armonías, y eso queda más que confirmado en el fino trabajo de guitarras que domina la mayor parte de "Khram": ora melancólicas, ora brutales, pero siempre liderando el corpus de las canciones. Este inteligentísimo recurso permite que el álbum gane en dinamismo, pues crea un terreno sumamente fértil para la aparición de los instrumentos folk y el juego de vocalizaciones limpias y rasgadas.

Otro punto destacable en el CD es el equilibrio entre los pasajes atmosféricos (sí, esos que convierten a una canción sencilla en una odisea de 12 minutos) y las partes más crudas, pues a pesar de que se trata de un álbum extenso, está tan bien diseñado que la multiplicidad de niveles en las canciones no distrae, sino que incluso captura la concentración del escucha. Todo lo contrario a lo que ocurría con "Yav".

¿Es hora, entonces, de ceder al irresistible cliché de afirmar (cuando se trata de un disco nuevo) que nos encontramos ante el trabajo más ambicioso y mejor logrado de la banda? ¡Carajo! ¡Estoy escuchando ese apabullante piano de "V ladonvah bogov" y sólo puedo pensar: "Mierda, claro que sí"!



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