jueves, 19 de junio de 2014

DELLAG DUFFERS: POR EL PLACER DE DIGNIFICAR AL ROCK POP




Y de pronto notar que en plena época del revival, las jóvenes bandas mexicanas habían olvidado la estela iniciada hace más de veinte años por agrupaciones como Santa Sabina o La Dosis. Imperdonable. Pero entonces llama la atención una silueta menuda: es Gaby, voz y teclado de Dellag Duffers. Su timbre, su manera de atacar el micrófono, su forma de gozar el escenario atraen la mirada y sucede lo inevitable: la máquina del tiempo que conduce directo a los años noventa del siglo XX. El suspiro nostálgico y la añoranza por el funk en íntima comunión con el rock y los despliegues de energía sobre las tablas. Escuchar y empezar a mover la pierna, los pies, la cabeza. Tomar conciencia de lo que se escucha: riffs punzocortantes, melódicos pero con suficiente arrojo; y una sección rítmica que sabe perfectamente lo que está haciendo. Y no hay duda: la banda está haciendo rocanrol. Real y palpable. Eventualmente se une al despliegue una línea de metales fangosos, acalorados, enronquecidos. Y el espectáculo está completo.

Dellag Duffers son una joven banda potosina, ejecutantes de un rock accesible, con una identidad anclada en sonidos clásicos del género, pero un sonido que indudablemente pertenece al siglo XXI. Escucharlos es volver a una época en donde el malogrado indie aún no contaminaba con su güeva infinita a las expresiones musicales juveniles en nuestro país. En honor a la verdad, Dellag Duffers no son una banda que proponga experiencias auditivas nuevas o experimentales, pero tampoco lo necesitan por la sencilla razón de que estas no son sus intenciones, y eso queda claro cuando se les escucha en directo. Su premisa es básica: una banda que cree fervientemente en el vigor del rock, en las canciones que se entonan recio y que hacen sudar y retumbar. Pero no se piense que se trata de un sonido en bruto o agresivo, pues la agrupación se da el lujo de comprender perfectamente al pop, tanto que logran incorporarlo sin problema a sus temas, lo que da como resultado una fórmula briosa y amigable a partes iguales. Su amplitud de referencias es tal que en sus presentaciones lo mismo se puede colar un tema de los Beatles ("Come together") o de Evanescence ("My immortal"), pasando por Led Zeppelin ("Black dog") y Pink Floyd ("Comfortably numb"). Y sí, la banda sabe cómo hacer convivir temas tan disímiles en un entorno de congruencia, probablemente gracias a sus arreglos y a la adecuada asimilación de las influencias musicales. Y ya que hablamos de esto, es interesante ver cómo se resuelve esa mezcla de estilos a la hora de crear temas originales, reto del que la agrupación sale bien librada —sus letras llegan a pecar de candidez, pero no es nada que el paso de los años no resuelva—, pues estructuralmente sus canciones funcionan de manera por demás efectiva. Escúchense para muestra composiciones como "Disfrazado de casualidad", "Bar Pabiz", o ese delirio funkpoprockero que es "Ya no más", con innegable influencia —salvando las distancias, of course— de la Rita Guerrero del 1994.

Cabe mencionar que la banda cuenta con un disco de reciente edición, que comparte título ("Aunque pudiera volar") con una de sus canciones pop más redondas; y si bien el plato es una digna muestra del potencial de Dellag Duffers (aunque este humilde apicultor no deja de reprochar la ausencia de la sección de metales en el CD), lo cierto es que el punto verdaderamente fuerte de la agrupación son los shows en vivo. En suma, cualquier persona que haya disfrutado con el rock de calidad que se hacía en México antes de la llegada del nuevo milenio, debería darle una oportunidad a esta joven banda. Si hay algo de justicia, el momento de los Dellag Duffers debe estar apenas por comenzar. Y será todo un gusto atestiguarlo. Mucha suerte.

(Web oficial: http://dellagduffers.com)
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