domingo, 1 de abril de 2012

CINCO DISCOS PARA LAS VACACIONES



Vacaciones de primavera: eventos religiosos por doquier, alguna que otra feria regional, festivales y demasiado tiempo libre para invertir en éstas u otras actividades. Con el sol en alto los días se antojan para aprovecharlos en cualquier cosa que no sea trabajo y que no demande mucho esfuerzo (léase: son días de hueva); y cuando tan placentera formadeverpasareltiempo se acompaña con música, el disfrute se potencia al doble. Este humilde apicultor ya tiene planeada su agenda vacacional, pero ello no obsta para que cese en su labor de sugerir opciones musicales ad hoc con la temporada. Sea que usted, amable lector, vaya a visitar otros horizontes, o que prefiera quedarse en su terruño natal, no pierda la oportunidad de echar una oreja a estas cinco recomendaciones discográficas, saludables todas ellas, y garantía indiscutible de que lograrán pintar de amenidad y bonhomía sus días de asueto. Lea, escuche y elija, pues. Ahí le van:

1. EL GUINCHO: "Pop negro" (2010)

Para todo aquel que tenga ganas de fiesta, este disco asegura unas buenas noches en la pista de baile: canciones sudorosas para que se junten los cuerpos al son de percusiones tribales, sintetizadores ochenteros y una sicodelia que estimula y excita con su acidez. Pablo Díaz-Reixa sigue empeñado en demostrar que el pop es un asunto serio y de grandes alcances artísticos; aunque por supuesto, sin perder un ápice de diversión y buen ritmo. Las letras parecen venir de otro planeta, pero eso es lo de menos porque "Pop negro" se disfruta mucho más cuando no se le trata de entender. Ideal para fiestas caseras, de esas en donde el alcohol mana como el agua de la roca que golpeó Moisés.

2. IRAIDA NORIEGA: "Caracolito" (2012)

Qué sería de las noches de primavera sin la cachondería que tan bien se lleva con el calor. Si el amable lector prefiere acurrucarse con la criatura de su elección y sacudir el esqueleto en horizontal, en lugar de en vertical, entonces este disco es una excelente opción para acompañar los arrumacos. El jazz de Iraida Noriega se muestra en esta ocasión un poco más acústico, sin los arrebatos del sax, pero con la pericia del piano y percusiones varias. Con voz apapachadora, el CD invita a saborear la intimidad del mismo modo en que se suceden sus canciones: sin prisas, con profundo gozo y en una entrega total. Un disco elegante para disfrutarse en pareja y con una botella de vino blanco.

3. BLOOD ON THE SADDLE: "New blood" (1995)

¡Ah, el rocanrol! Ese ente fascinador que con sus guitarras punzocortantes libera altas dosis de adrenalina y envía descargas eléctricas a todo el cuerpo. Si el amable lector piensa viajar en estos días, hágalo por carretera, luego siga el consejo del Apicultor y lleve a la mano este disquito: ¿punk para vacas? ¿country para motoristas? ¿el hijo bastardo del rockabilly y el bluegrass? Puede que se trate de todo lo anterior o de nada de eso, pero en definitiva "New blood" es un balazo de desenfadada rítmica guitarrera, veloz como una ráfaga de viento e intenso como el sol de las dos de la tarde en plena autopista. Tome su sombrero y sus lentes oscuros, pise el acelerador a fondo y suba el volumen al máximo.

4. JUANA MOLINA: "Son" (2006)

¿Y qué pasa cuando el hedonismo es egoísta y huevón, al grado de que uno no quiere mas que estar solo, echado en la cama, el zacate o una hamaca? En esos casos, nada mejor que llenar el ambiente de soniditos frescos y amigables, como cubitos de hielo que se resbalan por la garganta. Así es "Son": un disco de folk y electrónica minimalista, relajada, chilloutosa; tan amable que se deja disfrutar con gusto casi infantil. La suavidad de sus gorjeos puede ser la perfecta compañía para una tarde de absoluto reposo, para una siesta en el parque o para leer un libro. Juana Molina sabe cómo deleitarse con los detalles minúsculos, y este disco está repleto de ellos, listos para quien quiera unirse a su apacibilidad naïve.

5. CORNERSHOP: "When I was born for the 7th time" (1997)

Cuando yo pienso en vacaciones, pienso en pasarla bien. Y si de eso se trata, entonces este disco es fundamental como banda sonora para el buen humor. Rock pop del más fino: melódico, pegajoso, cantable y bailable por igual. Cuenta con la dosis justa de beats cuasihiphoperos, seducción funky para hacer sonreír a las caderas, una pizca de electrónica noventera y una espléndida apropiación de sonidos hindúes que le otorgan un halo de originalidad. Se trata de un álbum rico en texturas y arreglos; creativo, fresco y sin una sola canción de relleno: una épica aventura pop que merece muchas horas en cualquier aparato de sonido que se precie de tocar buena música. Disco obligado.

Vacaciones de primavera: eventos religiosos por doquier, alguna que otra feria regional, festivales y demasiado tiempo libre para invertir en éstas u otras actividades. Cuando llegan momentos así, es cuando más agradezco que exista una entidad como la música, que permite abandonarnos a los placeres que tan noblemente otorga, y nos ayuda a hacer una pausa para escapar de la realidad. Es entonces cuando pienso que el mundo no es tan pinche después de todo.

Lea, escuche y elija, pues. Felices vacaciones.

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