miércoles 4 de enero de 2012

THE MEATFÜCKERS: El divino arte de la transgresión




Brincar los límites de lo permitido no es tarea sencilla. Y no es cuestión de "rebeldía", "rudeza" o valemadrismo. No. Se trata de algo más complejo: de acuerdo al psicoanálisis, es resultado de una estructuración psíquica que en el mejor de los casos nos condena a la neurosis, y en el peor, a la psicosis. Pero existe en el neurótico un deseo latente de transgresión que lacera y seduce, porque delata nuestra propia incapacidad para abandonarnos a aquellos placeres solo asequibles al perverso. La perversión es asumida entonces como una tercera forma de entender, vivir y relacionarse con el mundo. Por eso traspasar dichos límites es cosa tan difícil, porque supone un arriesgado salto a mundos que nos son psíquicamente desconocidos, que no necesariamente indeseables.

El arte y la ficción, en tanto que fantasías, son vehículos perfectos para surcar territorios ajenos: permiten la sublimación de nuestras aspiraciones más instintivas, básicas. Nos conceden el honor de bailar un rato con nuestra pulsión de muerte, y nos hacen creer —¡ay, bendita inocencia!— que somos nosotros quienes llevamos el ritmo. Pero bien lo sentenció Nietzsche: "el que lucha con monstruos, debe cuidar de no convertirse en uno", y lo mismo aplica a quienes juegan con ellos. Acaso sea por ese motivo que solo bailamos lo necesario para no arriesgar nuestra propia sanidad, aunque en apariencia esto último nos tenga sin cuidado.

En el mundo de la música existe un subgrupo que ha fingido sobremanera jugar con esos límites. Por supuesto, una vez más estamos hablando del metal. Sólo el diablo sabe cuántas bandas han existido sobre la faz de la tierra que se dediquen a sentirse sádicos mugiendo estertores a ritmo de tupa-tupa. Y el problema no es que lo hagan: el problema es que muchos lo hacen en serio, aspirando con ello a un poquito de la perversión que les fue negada por San Segismundo Freud. No niego que hay bandas que con este pretexto hacen música excelente, pero por desgracia es fácil que la mayoría de ellas terminen siendo tristes caricaturas con anhelos pornogore.

Pero existen en las cloacas más hediondas del inframundo algunos seres diferentes, cuyo impudor les permite pasear despreocupados por los túneles de la perversión y volver airosos, burlones, a relatar con sorna lo más mezquino de la humanidad. Porque su marrullería gorrina los inmuniza en buena medida, les permite revolcarse, enmascarados, en vileza y regresar al mundo normal como si nada hubiera pasado. A esa categoría pertenecen The Meatfückers

Con apenas poco más de cinco años de existencia, esta pandilla de viejos cochinos ha logrado crear un espejismo de marranadas que se siente turbadoramente real, como un animalejo que va creciendo poco a poco, alimentado por pútridos desechos. A la manera de un Marqués de Sade moderno, la banda espeta sus aberraciones apostando por la autosatisfacción y el placer orgiástico en su faceta más descarnada, igual que en alguna vieja película porno de bajo presupuesto: las formas imperfectas, los humores concentrados, los caldos vertidos sobre carne viva. Y después del bacanal, una sonora carcajada se mofa de los ofendidos: porque la perfidia de esta banda es tan real y tan paródica a la vez, que la línea entre una cualidad y la otra se difumina; porque la expresión bruta del mensaje invalida la seriedad del mismo en una doble comunicación que confunde al oyente; porque siempre existe la posibilidad de que todo haya sido (o no) una enferma broma. Y a todo esto el neurótico busca justificaciones para paliar su culpa, el perverso se embadurna con deleite, y los Meatfückers se ríen de los dos.

Indudablemente, un gran acierto de la banda ha sido el dejarse influenciar por el viejo metal ochentero, en lugar de sucumbir a la lógica facilona que normalmente combina las letras sexuales/violentas con brutal death metal y goregrind. La astuta socarronería de esta agrupación los ha llevado por senderos mucho más interesantes: aquellos pavimentados con los cadáveres de bandas como Sarcófago o los primeros Celtic Frost, y abonados con el estiércol de Venom y Motörhead. "Gangbang from Hell", el álbum debut de los Meatfückers, está lleno de riffs black/thrash y una actitud inexorablemente anclada a la vieja escuela.

Por eso esta banda no es para todos los gustos, a pesar de ser extraordinarios en lo musical. Por eso asustan, repelen y atraen con morbo: porque son voceros de las atrocidades que la mayoría no se atreve siquiera a nombrar, aquellas que es mejor reprimir y con las que muchos fantasean en secreto, temerosos de reconocerlo incluso para sí mismos. Porque han construido un malsano mundo de reales irrealidades en donde una vez que se entra, es imposible salir íntegro: los Meatfückers violarán en cuerpo y alma a todo aquel que se meta en sus terrenos. Y su inmundicia no es de las que se limpian con facilidad.


6 comentarios:

  1. La pagina oficial, aunque no ha tenido mucho movimiento esta a punto de ser actualizada.

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  2. Naahhhh, they mothaf***ing rule!!!!

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  3. Son una vergota bien parada...!

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  4. aprueben estaaa Culeros! att. March!

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  5. LOS PERVERSOS SON (THE MEATFUCKERS):
    Viejo Cochino: Comandos Eroticos/Escupitajos
    Iracundo "SS" Sex Kommando: Guitarras
    Aparecido Llamaputas: Guitarras
    Brujo Fornicador: Bateria/pujidos
    Reverendo Dañado: Bajo/aberraciones
    Lady Lust: Bailarina Erotica/performer

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