Francisca Valenzuela es una mujer joven e inteligente. Y ser joven e inteligente en la era de la información equivale a estar preocupado: por el futuro, por el desempleo, por salvar al mundo, por la femineidad, por la masculinidad. Pero también significa ser capaz de apropiarse de esas desventuras generacionales y asumirlas con el desparpajo con que se ve una caricatura, se cuenta un chiste o se disfruta de cualquier cosa que no parezca tan pinche en el mundo actual. Por eso su música es agridulce. Por eso no se quedó en el underground pero tampoco está en las grandes masas. Por eso parece que se queda en el limbo: porque no se azota con devoción de emo, ni celebra con optimismo pendejo. Francisca celebra los azotes y se ríe de las contradicciones de su generación.
¿Basta lo anterior para hacer que "Buen soldado" sea además un buen disco? No necesariamente, pero sí que lo vuelve un documento interesante que sólo pudo haber aparecido en estos tiempos. Y su sonido es, curiosamente, cien por ciento acorde con lo que expresan sus letras: a veces simple, juguetón, amable; sin más intenciones que pasarla bien con los amigos o enamorarse a ritmo de pop. Pero también puede ser denso, reflexivo, cuestionador; como una voz que quiere ser valiente y demostrar su madurez, pero que se sabe nadando contracorriente, pieza del mismo juego contra el que sueña rebelarse. Entonces asoma apocado el jazz.
Acaso el acierto de la Valenzuela sea que no pretende inventar nada, sino hablar de lo mismo que miles de jóvenes traen en la cabeza pero prefieren dejarlo allí. ¿Se le puede llamar acierto, entonces? Definitivamente, porque en sus maneras igual cabe la crueldad de una burla que reduce la identidad masculina a tener "un buen rabo", o la futilidad de reconocer a lo que debe aspirar una mujer modelo. ¿Qué es más preocupante: la infidelidad a la pareja, el ideal de convertirse en libertador del país, o hacer un buen papel en una entrevista de trabajo? Si a usted, amable lector, le resulta difícil responder a la pregunta, y prefiere pensar que hay cosas más importantes como el caso del hombre que asesinó para alimentar a su familia, o la angustia de ver que ya son las diez y la novia no ha llamado, entonces me atrevo a pronosticar que "Buen soldado" tiene en algún lugar un espejo para usted. Pero no se asuste, que Francisca Valenzuela ha tenido la delicadeza de adornarlo para que luzca más afable.
Finalmente, en un mundo en donde lo único que importa es ser más feliz que los demás (y también antes que ellos), "Buen soldado" es un magnífico álbum para reconocer en él lo más patético de sus amigos y vecinos, mientras usted se relaja, lo escucha, lo baila y lo canta en la regadera, contento de no formar parte de esa panda de fracasados. Porque si lo fuera, no estaría disfrutando de este disco... ¿o sí?



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