lunes 21 de noviembre de 2011

FLORENCE + THE MACHINE: "Ceremonials" (2011)




Florencia tenía pulmones y no dudaría en usarlos. Un buen día se cansó de guardar para sí todo lo que tenía qué gritar y decidió subir el volumen de la música que se le escapaba de las entrañas. Intentó hacerlo paulatinamente, pero pronto se dio cuenta de que esa fingida moderación no iba con ella: mujer de excesos y pasiones bombásticas que peleaban por salir todas a la vez. Fue así que la chica olvidó los convencionalismos y se abandonó al sismo de su alma, cataclismo de irrealidades que al temblar le rompieron el pecho, y entonces sí: los pulmones de Florencia quedaron expuestos.

Ella se desplomó sobre su cama. De inmediato la habitación fue asaltada por las extrañas vibraciones de las venas de Florencia, tensas como cuerdas, tañendo al unísono para crear intensas paredes de sonido. La sangre manaba en chorros que al tocar el suelo se convertían en mariposas: decenas de mariposas negras que aleteaban por todo el lugar suscitando potentes retumbos. Y los pulmones de Florencia cantaban sin necesidad de una garganta: a veces cantaban solos y a veces los acompañaba un coro de ángeles y demonios, pero siempre en un ceremonial orquestado para su propio lucimiento.

Afuera, las personas nos embelesábamos al escuchar. Eran tan solo pequeños ecos los que alcanzaban a filtrarse por las paredes de aquella habitación, que parecía guardar dentro de sí un mundo propio de sonidos y emociones. Quienes fuimos atraídos por la melodía nos movíamos como los niños de Hamelin, privados de todo albedrío, rumbo a una tierra que se antojaba prometida y que se revelaba en enigmáticas melodías desde un epicentro sin puerta de entrada. Nos conformamos con escuchar desde afuera, mientras en el interior, Florencia terminaba de desangrarse en rituales privados donde ángeles y demonios copulaban para engendrar universos de ensueño, superiores a todo infierno y a todo paraíso: universos accesibles sólo para quienes poseen la capacidad de abandonarse a los sismos de su propia alma. A los demás, nos queda solo la estela de la melodía.

Y tal vez sea mejor así. Allí dentro parece demasiado monstruoso...


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada